Capítulo 27. "Si quieres que nos divorciemos, nos divorciamos"

713 111 11
                                        

Nate.

¿Divorciarnos? ¿No podía ser cierto? No quería divorciarme de ella, ni siquiera quería seguir dicutiendo con ella. La amaba y sabía que ella también me amaba a mí. No podía hacernos esto.

— Vanessa... — Soltó un suspiro pesado, como si por fin pudiera volver a respirar y no supe cómo debía tomarme eso — Pajarito, mírame — Le puse la mano debajo de la barbilla y le alcé la cara. Al principio dudé, temía que no me dejara tocarla, pero cuando lo hice, me recordó a la Vanessa que según ella ya no existía. Pero sí lo hacía. En sus ojos podía ver como volvía a dudar de que la quisiera, y de si ella sentía lo mismo por mí... Eso sí que no lo había echado de menos —. No puedes pedirme eso...

— Pero Nate... — Apartó la mirada — Tú mismo lo has dicho, no nos soportamos.

— Sólo era una pelea tonta. Una de muchas...

— Y yo quiero dejar de discutir contigo, por eso creo que... — La besé. No podía dejar que dijera esa estúpida frase una vez más. No quería divorciarme, no quería que se fuera de mi vida. Quizá ella no me necesitara, pero yo a ella sí y no pensaba renunciar.

Soltó un pequeño jadeo cuando la acerqué más a mí. Ella tampoco quería dejarme; su cuerpo hablaba por sí sólo.

— Te quiero... — susurré — y sé que tú a mí también me quieres — Volví a besarla y por un momento se resistió, pero finalmente cedió — No nos hagas esto.

La alcé un poco y ella rodeó mi cintura con sus piernas para evitar caerse. Topé con una pared y la apoyé contra ella. No puedes dejarme. No puedes dejarme. Repetí ese mantra a la vez que la devoraba con mis labios. Necesitaba que sintiera mi necesidad de ella. Si se iba acabaría volviéndome loco.

Vanessa apartó su boca de mí y comenzó a jadear, pero no de placer. Estaba llorando. La dejé en el suelo de nuevo y me alejé de ella. Me sentía como un miserable. Ella estaba llorando por mi culpa. Quería irse, y yo como un egoísta intentaba como fuera que no lo hiciese.

Aparté la mirada, avergonzado. Si irse de mi lado era su decisión debía aceptarla como fuera, aunque no quisiera hacerlo.

— Vanessa yo... — Suspiré cansado — Prepararé tus cosas para que puedas volver cuanto antes si es lo que quieres... — Me humedecí los labios con la lengua, porque se me había secado la boca sólo de pensarlo —. Y si quieres que nos divorciemos... Pues nos divorciamos... — Se me entrecortó la voz —. Pero no llores, por favor.

Cogí el móvil. No podía creer que estuviera a punto de llamar a mi abogado para pedirle que preparara un acuerdo de divorcio.

Me mordí el labio. Nada me había dolido nunca tanto.

Vacilé con la agenda de contactos. No quería marcar su número, no quería tener que hacerlo. Oía los sollozos silenciosos de Vanessa y le eché una breve ojeada. Estaba sentada en el suelo, abrazándose las rodillas y mirándome con ojos llorosos. No sabía como identificar esa mirada. ¿Me odiaba por haber intentado hacerle el amor para que olvidara lo que acababa de decir? Sería comprensible.

— Vanessa por favor, deja de llorar. Haré lo que quieras, pero no llores más.

— Entonces suelta el puto teléfono — Susurró.

¿Qué? Pero si lo había cogido por ella. Lo dejé caer sobre la cama. Ni siquiera sabia si acercarme a ella o qué hacer.

Se frotó los ojos con los puños y apoyó su frente en las rodillas.

— Te quiero — Apenas la oí, pero quise entender que era eso lo que había dicho.

— Vanessa.

— Te quiero — Dijo un poco más fuerte y volvió a mirarme a los ojos — Hemos llegado muy lejos, Nate, no dejes que lo estropee.

Abrí mucho los ojos. ¿Eso quería decir que... Que no iba a dejarme?

Me arrodillé a su lado en el suelo y le cogí la cara entre mis manos. Quité con mis dedos los restos de sus lágrimas y la atraje hacia mí. Sus labios estaban hinchados y sabían salados por culpa de las lágrimas, pero no me importó. Volver a besarla después de estar a punto de perderla, extasió todos los sentidos.

Me separé de sus labios, apoyé mi frente contra la suya y me dediqué a observarla de cerca. Sus ojos marrones ahora tenían un suave color miel debido a la iluminación de la habitación y observaban cada movimiento que hacía.

— Nate — Dijo y cerró los ojos. No esperaba que dijera nada a continuación, simplemente susurró mi nombre como si necesitará recordarse a sí misma que seguía ahí, hiciera lo que hiciera.

Vanessa siempre había sido muy inestable, sentimentalmente hablando, y eso era algo que no había cambiado con el tiempo por mucho que creyéramos que sí.

Sonreí y le di un beso en la frente. Estaba completamente enamorado, tanto que, por un momento, estuve a punto de renunciar a ella, por mucho que yo no quisiera, para que fuera feliz.

Quién me lo iba a decir a mí, o incluso a ella, el día que la conocí, que acabaríamos así. Antes nos odiábamos muchísimo el uno al otro y yo iba a obligarla a que se casara conmigo. Y ahora...

Solté una risita tonta, mezcla de la tensión acumulada y de lo que acababa de pensar.

— ¿Qué pasa? — Preguntó frunciendo el ceño. La Vanessa débil que acababa de ver hacía apenas unos minutos había desparecido.

— ¿De verdad hemos estado a punto de divorciarnos? —Ella se sonrojó dándome a entender que simplemente lo había gritado por el calentón de la discusión—. No vuelvas a insinuar algo así nunca — Pedí, a escasos milímetros de su boca — Porque juro que me volvería loco si te pierdo.

___________________________________________

Debéis amarme porque estoy escribiendo muy seguido últimamente.

Y, ah, por cierto, perdón por el susto

Ari.

Love (Lies #2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora