Capítulo 24. "Sé egoísta"

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Nate empezó a quitarse la ropa y se tiró, completamente desnudo, de cabeza al lago. Me quedé allí de pie sin hacer nada. ¿De verdad creía que iba a desnudarme por completo donde cualquiera pudiera verme? 

— Acerca tu precioso culo aquí, pequeña — Gritó divertido desde el agua. 

— ¿Estás loco? — Reí. 

— Vamos..., no seas aburrida — Se quejó —. Si no te desnudas ahora mismo, te meteré vestida. Tú decides. 

— ¡No te atreverás! — Alzó una ceja. Sí se atrevía y ambos lo sabíamos —. Vale, vale, ya voy...

Me quité la ropa despacio mientras sentía la mirada de Nate recorriéndome entera y me sonrojé. No lograba acostumbrarme a aquella mirada hambrienta, aquella mirada que me hacía olvidar cosas tan insignificantes como que estábamos en un lugar público al que cualquiera podría llegar del mismo modo que nosotros habíamos hecho minutos antes.

Empecé a caminar lentamente hacia él; sabía que estaba ansioso porque llegara a su lado y yo quería torturarle un poquito. 

— Ven aquí — Murmuró con la voz ronca. 

— ¿Y si no quiero? — Le reté con una sonrisa. 

— Oh, pequeña, no juegues conmigo. Ven aquí — Repitió. 

Me metí poco a poco en el lago. El agua estaba fría y erizó cada poro de mi piel. No tardé mucho en sentir las manos de Nate en mi cintura y sus labios a apenas dos centímetros de los míos. 

— Hola — Susurró. Sus ojos brillaron y sus pupilas se dilataron. 

— Hola. 

— ¿Sabes qué? Eres preciosa — Me alzó y me obligó a rodear su cintura con mis piernas. El agua hacía que su piel aun pareciera más suave de lo que ya era y que sentirlo sin barreras contra mi cuerpo fuera demasiado tentador. Sabía que lo hacía apropósito, porque yo me derretía cada vez que le tenía tan cerca de mí y él era consciente de ello. Le gustaba jugar conmigo. Y a mí también me gustaba, para qué negarlo. 

— Y tú un pervertido.

— No hagas como que no te gusta — Me besó la mandíbula y paseó sus manos por la curva inferior de mi espalda —. ¿Qué ha sido eso de hacerte de rogar cuando te he dicho que vinieras? 

— Lo he hecho por ti. 

— ¿Ah, sí? 

— Parecías muy a gusto con las vistas.

— Tienes razón, pero prefiero verte de cerca — Me besó el cuello —. Y tocarte. 

Cerré los ojos y suspiré. Aquella situación me hacía sentir de una manera que pensé que no volvería a experimentar. 

— ¿Sabes que ya no somos unos críos? 

— ¿Y qué? — Murmuró indiferente a lo que le estaba diciendo. No me estaba prestando atención; estaba más entretenido en explorar mi cuello. Como si no se lo conociera ya de memoria...

— Esto de bañarnos desnudos en un lago, apartados del mundo es más propio de adolescentes, ¿no crees? 

— Te has vuelto una aburrida... Que nos hagamos mayores, no quiere decir que tengamos que abandonar nuestro espíritu joven por completo. Tú sólo déjate llevar. 

Se acercó más a mí, impidiendo que hubiera un milímetro espacio entre nosotros y mi espalda se arqueó casi por instinto. Los labios de Nate eran suaves, finos y rosados, y había llegado a aprendérmelos de memoria. De hecho, creo que me había aprendido su cuerpo por completo, igual que él había hecho con el mío. 

En el hombro izquierdo tenía un pequeño lunar que siempre me gustaba besar; se había convertido en una de esas manías que no quería cambiar. 

Una de las manos de Nate aterrizó en la parte baja de mi cabeza y se enredó en mi pelo, medio seco medio mojado. Si quiera me había zambullido en el agua, Nate no me había dejado. Sin embargo él estaba completamente mojado y de sus ásperas pestañas caían gotitas que mojaban mis mejillas. 

— Hacía tanto que no te tenía sólo para mí... — murmuró con un gruñido gutural a la vez que se colaba en mi interior. 

Ahogué un grito y asentí. Por mucho que Birdy pasara la mayor del tiempo fuera de casa, haciendo vete tú a saber qué, los horarios de Nate apenas coincidían con los míos. Se iba muy pronto por la mañana y volvía cuando yo ya estaba dormida. Era un asco. 

Me aferré más a él, a la sensación de tenerle dentro de mí, a la idea de que cualquiera pudiera vernos, ,y sin embargo, eso último no me hizo dudar. Deseaba a Nate más que nunca, sobre todo, sabiendo que era capaz de dejarlo todo por un tiempo, con tal de estar conmigo a solas, y de disfrutar como la pareja que fuimos y dejamos de ser demasiado pronto. 

— ¿Sería demasiado egoísta... — gruñó —... si te encerrara en la habitación... — volvió a gruñir —... y no te dejara salir hasta que estuviera completamente saciado de ti?

Reí y le mordí el labio. ¿Y yo parecería demasiado desesperada si aceptaba esa oferta? Perdí mis dedos en los mechones de su nuca y tiré de ellos. Sabía que le encantaba, siempre gemía fuerte cuando hacia eso; y cuando esta vez lo hizo contra mi boca sentí que perdía el conocimiento. 

— Hazlo — Murmuré jadeante. 

— ¿Que haga qué, pequeña? 

— Sé egoísta, enciérrame en una habitación hasta la saciedad, explórame, haz lo que quieras. No tienes que pedirme permiso. Soy tuya.

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Ya casi no comentáis, y me hace pensar que está dejando de gustaros y eso me pone triste. Dadme hoy una alegría, jo que sé que leerlo lo leéis. 

Ari.

Love (Lies #2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora