Me quedé sin palabras y ni siquiera había abierto la caja. No podía creer que él se hubiera acordado, bueno, en realidad, no podía creer ni siquiera que lo supiera.
Le miré sin poder parpadear siquiera. ¿Esto estaba pasando de verdad? ¿Ahora abriría la caja y me saltaría un bicho a la cara o algo así? Si era eso, se lo iba a tragar.
— ¿Vas a abrirlo o no? — Notaba la sonrisa implícita en sus palabras.
— Yo... — Primero debería reaccionar —. ¿Cómo sabes que hoy es mi cumpleaños?
— Simplemente lo sé, ¿qué más dará? Ábrelo — Me animó —, pero te aviso que no es gran cosa...
¿Que no era gran cosa? El simple hecho de que me hubiera comprado algo lo era. Sonreí y empecé a desenvolver la caja. Me temblaban las manos y me sentía ridícula por ello, pero estaba nerviosa. No conocía mucho a Aidan y él tampoco me conocía a mí, así que no sabía qué se le habría ocurrido regalarme. Cuando terminé de abrir la caja no me lo podía creer. Me había comprado unas puntas de ballet y parecían caras.
— No tenías porqué... — surré acariciando el calzado.
— El otro día vi que las tuyas estaban bastante viejas y pensé que... — Murmuró, nervioso, rascándose la nuca — Si no te gustan se pueden cambiar.
— ¿Qué dices? ¡Me encantan! — No pude evitarlo y le di un gran abrazo —. Pero son de las buenas, te habrán costado un dineral — Él sonrió y se encogió de hombros.
— Era una ocasión especial y, por ver esa sonrisa tuya, ha merecido la pena.
No pude evitarlo y volví a abrazarle. Él podía decir que no era gran cosa, pero para mí era algo muy importante. Nadie, jamás, se había preocupado por regalarme ese tipo de cosas y tenía razón, mis puntas de ballet eran muy viejas y necesitaba unas nuevas urgentemente. Pero lo que menos esperaba, era que me las fuera a regalar él.
— Birdy — Murmuró al cabo de un rato —, me estás tocando... — Musitó divertido. Me separé de él aguantándome una sonrisa —. Eso significa algo.
Puse los ojos en blanco y ya no pude esconder esa sonrisa.
— Eres idiota — Él me guiñó un ojo y se puso la mochila a la espalda.
— Vamos, anda.
Guardé la caja en mi bolsa y le seguí. Aidan había conseguido alegrarme el día, y no sólo por el regalo, sino porque me hizo darme cuenta de que con algo tan simple como un "feliz cumpleaños" podría arrancarme una gran sonrisa.
Estuvimos unos diez minutos esperando a que viniera Sam, pero, como no aparecía, decidimos empezar sin ella.
Por primera vez desde que empezamos con los ensayos, el baile salió completamente natural. Los movimientos fluían entre nosotros y me sentía cómoda bailando así con él. Hasta me gustaba.
Durante el baile, Aidan decía cosas que me hacían reír y liarme con los pasos; lo hacía a propósito, pero era divertido y me lo estaba pasando tan bien que apenas me importó.
— Deberías sonreír más a menudo, el mundo lo agradecería.
Notaba mis mejillas a punto de estallar de lo roja que seguramente me había puesto y no contesté. Aidan tenía un encanto especial, y por mucho que intentara odiarle, no podía hacerlo.
Cuando llegó el final del baile, esa última posición que tanto me traía de cabeza últimamente, no pude evitar hacer algo que no debería haber hecho: le besé.
Se tensó y tardó en corresponderme. En ese momento me arrepentí de haberlo hecho; debería pensar más antes de actuar. Cuando iba a apartarme, Aidan reaccionó, me pegó aún más a él, si es que se podía, y profundizó el beso.
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Love (Lies #2)
NezařaditelnéContinuación de Lies. Historia y portada originales. Registrada en Safe Creative, por lo que no se permite la copia total o parcial de la obra.
