Capítulo 22. "Confía en mí"

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Cuando salí del instituto, Dave esperaba dentro de su coche y me sonrió a través de la ventanilla a modo de saludo. Rodeé el vehículo y me senté en el asiento del copiloto. 

— ¿Qué ha pasado? — Me apresuré a preguntar. Dave me dio un rápido beso en los labios, y arrancó el motor. 

— Nada.

— ¿Cómo que nada? Me has hecho salir de clase; algo habrá pasado... ¿Mis padres están bien? — Por un momento me asusté, se suponía que tendrían que estar de vuelo hacia Las Vegas en esos instantes.

— No tiene nada que ver con tus padres.

— ¡Entonces dime qué coño está pasando! —Exigí. Empezaba a ponerme nerviosa.

— ¿Por qué eres tan impaciente? Relájate — Soltó una risita — Eres igual que tu madre.

Hice una mueca y puse los ojos en blanco.

— Podrías dejar de compararme con ella... Soy una persona diferente, no la versión 2.0 de mi madre.

— Yo no pretendía...

— Déjalo.

Miré por la ventana y dejé de insistir en saber el motivo por el que me había sacado del instituto. Sin mis padres aquí, y yo siendo menor de edad, Dave era responsable sobre mí y yo debía hacer lo que él quisiera. Pero al menos podría informarme de sus planes...

Aunque debía aceptar que fuese lo que fuese no tenía pensado negarme.

Cuando nos acercamos a una parte de la ciudad que conocía a la perfección, pero no era ni su casa ni la suya, me asombré. Me giré de golpe a mirarle y él, a pesar de que no me había puesto los ojos encima, sonrió ampliamente. 

— ¿Qué estás tramando, Dave? 

— Yo nada... — Tenía una sonrisa traviesa en los labios. 

Sabía perfectamente donde estábamos; ese lugar en el que había soñado bailar desde que tenía uso de razón. El L.A. Theatre Center.

Dave paró el coche prácticamente en la puerta y entramos al teatro sin ningún problema, cosa que me extrañó. Pero más me extrañó que, a pesar de estar abierto, éste estuviera completamente vacío. 

— ¿Qué estamos haciendo aquí?

— ¿No era esto con lo que soñabas?

Lo era. Siempre había querido bailar aquí. Cuando era pequeña mis padres me trajeron una vez a ver un recital alemán de ballet; desde ese día me prometí a mí misma que algún día pisaría ese escenario y sería yo quiero tuviera miles de ojos encima observando boquiabiertos como realizaba los movimientos más complicados que jamás hubieran visto.

Pero nunca pensé que ese día fuera a llegar tan pronto. Y menos gracias a Dave. 

— He de reconocer que siempre me ha gustado verte bailar, y que siempre iba a las actuaciones que hacías con la academia de baile.

— ¿En serio? — Jamás me habría esperado algo como eso. Él sólo asintió. 

— Antes me ha dicho que no eres una versión 2.0 de tu madre, y es cierto. Vanessa jamás se movería como tú lo haces. Aunque no bailes tus movimientos son suaves, firmes y delicados, propios de una bailarina de verdad.

No podía creer que de verdad estuviera ahí. Fuimos avanzando hasta el escenario, aunque yo sentía que no me enteraba de nada. Estaba como en una nube. El teatro era inmenso y se veía incluso más grande desde el escenario que desde las gradas. Los focos, los asientos, los palcos, todo eso estaba ahí para mí.

Vacíos.

— Sé lo que estás pensando — Susurró Dave y me cogió la mano —. Y también sé que pronto esas butacas estarán llenas de gente, y esa gente estará aquí por ti — Me dejó en el centro del escenario y se alejó de mí lentamente —. Pero por ahora estamos solos aquí — hizo una pequeña señal y la música empezó a sonar —, así que baila para mí, mito.

— Pero no tengo mis zapatillas aquí...

— ¿Y desde cuándo eso es un problema? Se pasan la vida echándote la bronca porque prefieres bailar descalza. 

Touché.

En realidad, no tener las zapatillas era lo que menos me importaba en esos momentos. Estaba avergonzada. No era que tuviera miedo escénico ni mucho menos, pero era Dave y su mirada tan intensamente verde lo que me preocupaba.

Pero en ese instante empezó a sonar una canción; la típica canción que si escuchas no puedes evitar bailar. Y los movimientos salieron de mi cuerpo sin pasar por mi cerebro, como si la música fluyera de lo más profundo de mi ser y retumbara por mis huesos. Cerré los ojos y me dejé llevar por la maravillosa ráfaga de notas que vibraban en mis oídos. 

Cuando bailaba me sentía especial, me sentía libre, como si de verdad fuera la dueña de mis movimientos y no una simple marioneta en manos de los demás. Y, sin embargo, ahí estaba Dave. 

Sabía que muchas personas podrían pensar que lo único que estaba haciendo conmigo era utilizarme para ahogar una fantasía del pasado, y, aunque era verdad, no era del todo así. Él no me amaba y yo no pretendía que lo hiciera, pero nuestra relación no era sólo sexo, por mucho que ambos quisiéramos creer que sí.

Si lo fuera no me hubiera llevado al teatro, no se habría gastado un dineral en hacer que lo cerraran solo para nosotros, me habría llevado a su casa directamente. 

Abrí los ojos. Dave estaba a una distancia adecuada y me observaba con detenimiento. Sus labios estaban entreabiertos y sus ojos brillaban de un verde oscuro que no había visto antes. Parecía como si se tuviera que esforzar por respirar. 

Me acerqué a él con pasos lentos, pero firmes y vi a través de mis gruesas pestañas como se humedecía el labio inferior con la lengua.

— Eres tan intensa... — Me puso un mechón detrás de la oreja y me acarició la mejilla. Incliné la cabeza hacia su mano y le miré fijamente a los ojos.

Estaba sobreexcitada y respiraba con dificultad, pero no tenía nada que ver con el baile. Era él, siempre sería él. La persona que conseguiría que me quedara sin aliento con solo mirarme de aquella manera; como si no hubiera nada más a nuestro alrededor, como si nada más existiera. Sólo yo. 

Estiré su brazo, le cogí la mano y entrelacé sus dedos con los míos.

— Baila conmigo — Susurré. 

— Yo no sé bailar... — Murmuró en el mismo tono que yo. 

— No es necesario — Pasé su brazo alrededor de mi cintura y le obligué a dar un paso atrás. Nuestro contacto visual no se interrumpió en ningún momento y hacía de aquello algo mucho más excitante —. Confía en mí. Sólo tienes que dejar que la música fluya entre nosotros.

Love (Lies #2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora