Capítulo 17. "Pulguita"

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¿Estaba pasando de verdad o lo estaba soñando? ¿Acaso me estaba besando después de haber dejado claro que no iba a pasar nada entre nosotros? 

Cuando separó su boca de la mía, suspiré y me mordí el labio inferior.

— Eres menor — Dijo de repente. ¿Qué? —. Y esto podría meterme en problemas — Me miró y volvió a acariciarme la mejilla —, pero no puedo negar el hecho de que te deseo y era consciente de que esto iba a acabar pasando...

— ¿Qué quieres decir con esto?

— Si esto sigue adelante, nadie puede enterar, Birdy. Lo entiendes, ¿no? 

Asentí. Si algo quería quedarme en claro de todo esto, era que Dave me deseaba de verdad y no estaba imaginándomelo yo.

— ¿Entonces...? — Volvió a besarme.

— Poco a poco, pequeña. 

* * * 

Cuando desperté, mi estado de humor era extrañamente agradable; efectivamente nada de lo que pasó la noche anterior lo había soñado y eso me hizo levantarme con una gran sonrisa. Dave me había besado, mucho, antes de darme las buenas noches e irse a su casa. 

Eso sí era un buenas noches en condiciones. 

— ¡Buenos díaaaaaaas! — Grité alargando la a. Mi madre me miró extrañada cuando me senté a su lado en la mesa de la cocina. 

— ¿Por qué estás tan feliz? 

— He dormido bien — Me encogí de hombros—. ¿Qué pasa? 

— Nada, cariño, nada... — Fruncí el ceño — ¿Ves? ¡Esa si que vuelves a ser tú! — Se carcajeó. 

— Ja, ja, qué graciosa eres mami... — Ironicé. Me tomé el desayuno de un trago y cogí mi mochila —. Me voy.

Le di un beso a mi madre y bajé corriendo las escaleras. Veinticuatro pisos son muchos pisos para bajarlos andando, pero estaba demasiado hiperactiva como para esperar al ascensor. Alex estaba esperandome con la moto como todos los días, ya que siempre íbamos juntos al instuto. 

— ¡Buenos días, enano! — Me subí en la moto detrás de él y le di un beso en la mejilla. 

— ¿Y eso? 

— ¿Qué? — Reí.

— ¿Tengo que recordarte que es lunes? ¡No son buenos días! — Solté una pequeña carcajada y me puse el casco que me estaba ofreciendo. 

— Eres un pequeño gruñón. 

Alex me ignoró y arrancó la moto, yo cerré los ojos y le rodeé la cintura con los brazos. Sí, era lunes, pero era un lunes completamente distinto a los anteriores. Dave iba a venir a buscarme para llevarme a comer a su casa. Según él, teníamos que hablar de todo esto antes de llevar nada a cabo. Pero yo lo que menos quería era hablar. 

— Eh, tú, ya hemos llegado — Alex irrumpió mis pensamientos y me hizo abrir los ojos —. Puedes soltarme. 

— ¿Por qué te gustan tan poco los abrazos? —  Pregunté.

A Alex nunca le ha gustado excesivamente que le abrazáramos y nunca llegué a entender realmente porqué. Yo adoraba dar abrazos y Noa también, sin embarlo él siempre refunfuñaba.

— Ya lo sabes, no me gusta el contacto físico. 

— ¡Mira que eres soso!

— Lo que tú digas. 

Noa apareció de la nada y se tiró sobre mi espalda. Lo que yo decía, a ella si que le gustaba dar abrazos.

— Buenos días, bichos — Canturreó. 

— Buenos días, pato — Respondí. 

— Jamás entenderé porqué la llamas así — Se quejó Alex, yo miré a Noa y le guiñé un ojo.

— Es humor interno — Dijimos las dos a la vez y estallamos en risas. 

— Ya, ya, ya... — Mike se acercó a nosotros y se puso rojo al ver a Noa. Yo le di un pequeño codazo a mi amiga y esta me fulminó con la mirada — Ahí os quedáis — Dijo Alex antes de irse a clase con Mike, 

— ¿A qué ha venido eso, puta? — Preguntó Noa molesta mientras entrábamos en nuestro pasillo.

— Vamos, ¿no te has dado cuenta? Se ha puesto rojo, ¡qué mono!

— ¡Cállate!

Cuando entramos en clase, la profesora ya estaba en su mesa y nos echó una mirada reprobatoria, así que fuimos directamente a nuestros asientos. "Te has librado"  vocalicé en silencio mientras mi amiga me enseñaba el dedo del medio. 

La mañana se me estaba haciendo eterna, pero por suerte ya había llegado la hora de la comida. Dejé las cosas en la taquilla y fui prácticamente corriendo hacia la salida. En ese momento mi móvil vibró. 

Tengo trabajo que hacer, no podré ir a buscarte. Lo siento. - Dave. 

Apagué el teléfono molesta y me metí en la cafetería. 

— ¿Pero tú no te ibas?  — Pregunó Alex al verme. 

— Falsa alarma... — Me senté con ellos, pero se me había quitado el hambre y veía absurdo estar ahí sin hacer nada y de morros, así que me inventé una mala excusa y me fui a la biblioteca. 

— Así que has perdido el apetito, eh... — Aidan estaba al otro lado de la estantería y pude ver su cara cuando quité uno de los libros que había en esta. 

— ¿Tan raro es? 

— ¿Qué haces aquí?

— Buscar material para mi clase de literatura, ¿y tú? ¿Me estás siguiendo? 

— No tengo otra cosa mejor que hacer... — Soltó una carcajada que hizo a la bibliotecaria mandarnos callar y yo gruñí por lo bajo. Odiaba que me llamaran la atención. 

— ¿Entoncés por qué siempre apareces cuando quiero estar sola? — Susurré. 

— Acabas de admitir que has venido aquí para exiliarte — Sonrió, yo rodé los ojos y volví a dejar el libro para no verle. 

— El que calla otorga — Murmuró dando la vuelta a la estantería y plantándose ante mí.

— ¿Quieres dejarme en paz de una vez, Aidan? 

— Me encanta molestarte, pulguita. 

— Vuelve a llamarme así y te meto El Quijote por el culo. 

— Seguro que viviniendo de ti me produciría un placer inexplicable. 

— A mí sí que me produciría placer — Imbécil. 

— Lo sé, pulguita, lo sé. 

— Arg. Eres insufrible. 

— Gracias, mito — Me guiñó un ojo y se fue.

Love (Lies #2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora