Capítulo 54. "El laberinto"

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Podría reconocer esa voz en cualquier situación. Aidan. ¿Por qué siempre aparecía en todos lados? ¿Y por qué siempre que quería estar sola? Era como si tuviera un radar o algo así. Maldije entre dientes y me negué a darme la vuelta y mirarle.

— ¿Otra vez siguiéndome, O'Connor? 

— No te creas tan importante, mito. 

— No vuelvas a llamarme así, Aidan — Gruñí malhumorada. Lo que menos necesitaba en esos momentos, era que me recordara a Dave, e incluso pedirle que no me llamara así, me recordó a la última vez que hablé con él. 

Se puso a mi lado, me lanzó una de sus míticas miradas y puso entre sus labios un cigarrillo.

— No estoy aquí por ti — El cigarrillo bailó entre sus labios y me hizo darme cuenta de que no había apartado mi mirada de ellos, desde que le puse los ojos encima. No sabía qué me pasaba cuando Aidan se acercaba a mí, pero no me gustaba en absoluto. Era como perder el control de mi cuerpo, de mis palabras y de mis pensamientos —. Algunos tenemos que ganarnos la vida.

— ¿Trabajas aquí? — Pregunté entrecerrando los ojos.

— Sólo hoy.

— Vaya, qué casualidad — Ironicé.

— Trabajo en el restaurante que se ha encargado del catering — Se defendió —. Necesitaban camareros y por eso estoy aquí hoy. Ni siquiera sabía que eran tus padres los que se casaban. Siempre he pensado que ya estaban casados.

— De hecho lo estaban — Tiré el cigarro con desprecio al suelo y espiré el humo—. Pero han hecho este paripé para demostrar que se siguen queriendo o no sé.

— Se te ve emocionada con la idea. 

— ¿Verdad? — Aplasté el cigarro con la suela del zapato y suspiré profundamente. No quería volver a entrar ahí dentro y, sin embargo, no podía hacer otra cosa.

— Estás de suerte, libro en diez minutos. De hecho debería estar aprovechando el tiempo y no fumando, pero en cuanto vuelva a entrar será para coger mis cosas y largarme.

— ¿Y qué me quieres decir con eso? No puedo irme, es la boda de mis padres.

— No he hablado de irnos a ningún sitio; ni siquiera tenemos que salir del recinto. Confía en mí — Tiró en cigarro junto al mío, a pesar de que le quedaba un cuarto y se dispuso entrar al hotel.

— ¿Dónde vas? 

— Espérame aquí.

Estuve a punto de ignorarle y volver al sitio del que no debería haber salido, pero sólo pensar en la cantidad de gente que había ahí, me hizo ponerme mala. Le mandé un mensaje a Noa para que no se preocupara y asegurándole que lo único que necesitaba era tomar un poco el aire y a lo que quise darme cuenta, Aidan estaba de vuelta, con una botella de tequila en una mano. 

Alcé una ceja, interrogativa. ¿De dónde había sacado eso y por qué?

— Antes he visto que no querían darte alcohol — Señaló la botella y sonrió —. No te preocupes, no van a echar de menos esto. ¿Vamos?

— ¿A dónde? 

— Ya lo verás.

Me guiñó un ojo y sin decir nada más comenzó a caminar. Y yo le seguí. Como si de un perrito faldero se tratara, pero era Aidan, y yo necesitaba distraerme con algo, o acabaría volviéndome loca.

Y tenía tequila, que eso nunca viene mal.

Estuvimos andando como unos cinco minutos en completo silencio, hasta que llegamos a lo que parecía el jardín del hotel. Arbustos, de unos dos metros y medio, parecían formar un extraño laberinto o algo parecido.

Love (Lies #2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora