Vanessa.
Había olvidado lo sumamente estresante que era organizar una boda, y es cierto que yo no tengo derecho a quejarme, pues fue Nate quien se encargó de todo una vez más. Pero ¿preparar una boda por todo lo alto en un mes? Aquello era imposible.
Por suerte, esta vez no tenía que verme obligada a pensar en el embarazo, por lo que la búsqueda del vestido fue mucho más sencilla.
Intenté contactar con Dave en varias ocasiones, con la esperanza de que me ayudara tanto como la primera vez, pero este ni siquiera contestaba a mis llamadas. Y me tenía preocupada; enterarme de su enfermedad fue un duro golpe para mí, así que no quería ni imaginarme lo que significó para él. Parecerse a un padre que te ha destrozado la vida es lo que todo hijo desea que no ocurra nunca.
La asesora de Nate me gritaba que no me moviera mientras la costurera me tomaba las medidas exactas del vestido.
— Vanessa, estate quieta — Gritó la rubia arrogante que siempre que veía a Nate intentaba insinuársele por mucho que supiera que iba a casarse conmigo por segunda vez. Era incapaz de tragarla.
No pude evitar rodar los ojos y quejarme.
— Vas a perdonar que esté tan inquieta, pero es que una no se casa con Nathaniel Nichols todos los días — La rubia esbozó una sonrisa falsa que no le llegó a los ojos y yo me reí interiormente.
— Lo sé, querida, lo sé — Musitó asqueada.
— Y menos por segunda vez — Le recordé.
Sabía que, si hubiera sido ella la que estuviera cogiendo los bajos de mi falda, me hubiera llevado un pinchazo de manera descarada, pero por ver su cara de vinagre hubiera merecido la pena.
— Pero es que te casas en dos sábados y aún no tenemos preparado el vestido. Así que estate quietecita de una vez y deja trabajar a Lisa.
El nombre de la costurera me hizo pensar en Sor Elisabeth. Hacía tanto tiempo que no iba al orfanato y que no sabía nada de ella, que una especie de nostalgia se formó en la base de mi estómago. Lo cierto era que echaba de menos ciertos aspectos de mi vida pasada. Echaba de menos a Dave (al Dave de antes), echaba de menos el dibujo...
Cuando me dejaron sola en cada, después de horas y horas de broncas y pruebas, fui directa a la habitación de invitados, la misma habitación que yo había ocupado desde que puse un pie en esta casa hasta que me casé con Nate. Seguía todo exactamente igual, todos los recuerdos del orfanato estaban en los armarios y cajones de esa habitación. Todos, incluyendo mi cuaderno de dibujo. Lo saqué del fondo del cajón y le quité el polvo con la mano; hacía tantos años que no lo cogía que lo sentía raro al tacto.
Nadie conocía mi pasión por el dibujo, ni quiera Nate. Era algo, lo único, que había querido conservar para mí. Sólo Dave sabía cuánto había amado dibujar, pero estaba convencida de que ya ni siquiera lo recordaba.
Abrí el cuaderno y miles de recuerdos invadieron mi memoria; en concreto, una tarde, sentada bajo el viejo roble del patio. Dibujé el exterior del orfanato, las ventanas rotas de los baños del pabellón de las chicas y a un grupo de chicos que jugaban al fútbol con una pelota vieja. Acaricié la textura del carboncillo sobre el papel con cuidado de no emborronarlo al tiempo que pensaba en lo felices que parecían. Todos ellos me habían parecido siempre felices, conformados con tener ese destino mientras yo me sentía infeliz y reacia a vivir una vida que no quería vivir.
Tenía que reconocer que se me daba bien dibujar cuando era pequeña y que me arrepentía de haber dejado de hacerlo durante tantos años. Sabía que habría perdido mi técnica tras tantos años sin practicar.
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Love (Lies #2)
De TodoContinuación de Lies. Historia y portada originales. Registrada en Safe Creative, por lo que no se permite la copia total o parcial de la obra.
