Capítulo 25. "Para presumir hay que sufrir"

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Birdy.

Me desperté porque sentía un par de ojos verdes observándome sin cesar. La luz me obligó a entrecerrar los míos; no veía bien y tardé varios segundos en enforcar por completo.

Dave subía y bajaba la mirada de mi cara al cuaderno que tenía en el regazo.Tenía los dedos manchados de carboncillo y estaba tan concentrado que por un momento dudé de que se hubiera dado cuenta de que me había despertado.

— ¿Qué haces? — Murmuré mientras me incorporaba.

— Shh... No te muevas — Pero no respondió a mi pregunta. Dejó el block bocabajo sobre la silla y se acercó a mí. Bajó la sabana, que cubría mi cuerpo completamente desnudo bajo esta, hasta debajo de mi ombligo y puso mi melena cubriéndome el pecho con una sutileza un tanto extraña. Le miré con cara rara y él sonrió con malicia —. Déjame dibujarte.

Me dio un beso en la frente y volvió a dejarme tumbada en la cama, colocada de la forma en la que él quería dibujarme.

— ¿Qué te crees que es esto? ¿Titanic?

Me guiñó un ojo, pero no dijo nada más. Pasaron las horas, Dave no me quitaba los ojos de encima apenas mientras su mano prácticamente volaba sobre el papel.

— ¿Voy a tener que estar mucho más así? Me aburro... — Dave soltó una risita.

— Calla.

— Dave... ¿ Cuántas horas llevas dibujando?

— ¿Desde que te has despertado o antes de que lo hicieras?

— Desde que has empezado el dibujo.

— Unas cuatro horas.

— Dios mío... ¿Y no te duele la mano? — Se encogió de hombros.

— Es un dolor agradable.

— Dave...

— Calla, Birdy Además tú deberías entenderlo. Cuando bailas y no termina de salirte como esperas, sigues bailando por mucho que te duelan los pies, ¿me equivoco?

— No, pero...

— El dibujo es lo mismo para mí. Cuando quiero que salga bien, cuando necesito matizar hasta el último detalle el dolor es lo de menos. La perfección requiere esfuerzo, y el dolor es un efecto colateral de este.

— La perfección no existe, Dave.

— Ya bueno. ¿Nunca has oído eso que dicen de que para presumir hay que sufrir? A mí me gusta presumir de mis dibujos.

— No sabía de dibujaras.

— Dibujaba mucho en el orfanato, pero simplemente... Dejé de hacerlo.

— ¿Por qué?

— No deberías hacer tantas preguntas hasta que veas terminado el dibujo, ¿no crees? — Por primera vez esa mañana, me miró directo a los ojos —. Igual estoy haciendo ver que de verdad sé dibujar, y lo único que realmente quiero hacer es observarte detenidamente porque me gusta verte desnuda y en mi cama.

Se me ocurrieron varias respuestas que pudieron dar más juego a la conversación, pero decidí callármelas y guiñarle un ojo. Estaba cansada de estar tumbada en la cama, por irónico que pareciera y estaba claro que hasta que no terminara el maldito dibujo no me dejaría levantarme.

Las manecillas del reloj avanzaron esta vez con más velocidad, o tal vez fue que esta vez pasó menos tiempo, quién sabe. Lo que sí sé es que, cuando alzó los ojos y vi en ellos un brillo que no había nunca hasta el momento, supe que había terminado y que estaba satisfecho con el resultado.

La pregunta era, ¿yo lo estaría? Había despertado mis expectativas y, sinceramente, no sabía qué esperarme. Quizá sólo había estado observándome de verdad y no sabía dibujar.

— ¿Quieres verlo? — Preguntó divertido.

— ¿A ti qué te parece?

— Pues ven.

Me levanté de la cama y me puse su camiseta que estaba a los pies de esta. Un poco estúpido, lo sé, se había pegado horas observándome mientras estaba desnuda, pero creí que ya había visto suficiente de mí aquel día.

Me puse detrás de él para observar el dibujo y le abracé por los hombros mientras lo contemplaba. Como bien había dicho, estaban todos los detalles perfectamente matizados, casi parecía más una fotografía en blanco y negro que un dibujo. Había dibujado cosas que ni yo era consciente que poseía, incluso por un momento llegué a pensar que no era realmente yo a quien representaba aquel dibujo. Estaba preciosa.

— ¿De verdad es así cómo me ves?

— ¿Qué clase de pregunta es esa? — Su tono ocultaba una sonrisa que hizo que me sonrojara. Cómo podía decirle que no estaba para nada a gusto con mi cuerpo, y que la belleza que ese dibujo expresaba yo no la encontraba en el espejo por ninguna parte.

Siempre me había visto más como una copia, que como un persona. Ya no era que todo el mundo dijera que era igual que mi madre, si no que las fotos hablaban por sí solas. Podríamos decir que éramos la misma persona y nadie lo dudaría. Y era algo que odiaba. Sabía que no era fea, porque mi madre no lo era, pero no me gustaba para nada. Me miré en el espejo que teníamos delante. Era otra persona distinta.

Sin embargo, en aquel dibujo no me parecía a ella. Excepto que no había percatado de un pequeño detalle.

— ¿Por qué me has pintado los ojos negros? — Solté mi abrazo.

— ¿Qué quieres decir?

— No soy yo quien tiene los ojos oscuros. Esa es mi madre.

Me alejé de él, pero me agarró de la muñeca y me puso frente a él.

— Estás obsesionada. Crees que siempre que comparo con tu madre, pero no es cierto. Eres tú la que lo hace.

Agache la cabeza, quizá tenía razón, pero...

— Birdy, con un carboncillo negro, ¿de qué color quieres que te pinte los ojos? — Alzó las cejas retándome con la mirada.

Me solté de su agarre y le encaré.

— ¿Cómo no quieres que me compare con ella si es por lo que estás conmigo?

— Que te parezcas a ella no es el principal motivo por el que estoy contigo ahora mismo, y mucho menos por el que te he dibujado. ¿De verdad crees que te pareces a ella en ese retrato? Conozco a tu madre desde hace más tiempo de que puedes imaginar, y créeme, vuestras facciones son completamente diferentes. Sé que he tardado en darme cuenta de eso, pero aunque no lo hubiera hecho, un simple parecido físico no sería lo único por lo que estuviera contigo.

— ¿Entonces por qué estás conmigo?

Sin saber porqué, estaba llorando. Me había cansado de fingir con todo el mundo — e incluso conmigo misma — que realmente no me importaba que me utilizara solo para desfogarse, de fingir que no me dolía saber que no podía ofrecerme nada más, porque sí, lo sabía y lo aceptaba, pero eso no quitaba que fuera horrible y aun más con todos aquellos estúpidos detalles que tenía conmigo día sí y día también.

Dejó el block sobre la cama y me sentó en su regazo de medio lado para así poder verme la cara.

— Estoy contigo porque me gusta estar contigo, porque eres agradable y me lo paso bien. Me recuerda a aquella época en la que yo también hacía lo que me daba la gana porque creía que nadie podía juzgarme — Me acarició la mejilla y llevó sus dedos a mis labios. Se humedeció los suyos antes de volver a hablar —. No sabes lo que daría porque todo esto fuera diferente..., pero no puedo hacer que lo sea. Y por desgracia, tampoco puedo ofrecerte más de lo que ya tienes.

Love (Lies #2)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora