Las yemas de los dedos de Alfred empezaron a acariciar por encima de la piel que cubre el hueso de la cadera de Amaia, justo por debajo del pantalón y la ropa interior. Ella le acariciaba la nuca muy despacio, no dejaban de mirarse a los ojos, estaban muy cerca, Amaia rozó la punta de su nariz con la de Alfred y este cerró los ojos y entreabrió los labios deseando que los de ella pronto lo encontraran.
—Te he echado de menos.— susurró sobre su boca.
Alfred se inclinó y atrapó el labio inferior de ella entre sus dientes, no pudo evitar pegarse más para que notara lo duro que estaba, y eso que no se habían empezado a besar aún, Amaia soltó un leve gemido y dejó su nunca para introducir los dedos entre los mechones de pelo de él.
—Amaia...
Un leve roce de sus labios desató el torrente de sentimientos que ambos estaba acumulando dentro, los labios dieron paso a las lenguas que jugaron a lucha por ver quién era el más fuerte. Cuando se quedaron sin aliente Alfred abrió los ojos y vio la expresión más erótica que nunca había visto en Amaia, hambre y deseo era lo que reflejaban sus ojos.
Las manos de ambos no podían estar quietas, Alfred ya tenía el pelo revuelto y el vientre de Amaia había quedado al aire para que los dedos de Alfred acariciaran su piel. Ella fue la primera en empezar a desnudarse, se quitó la blusa y el sujetador, Alfred la observaba sin perder detalle de cada movimiento, cuando tiró las prendas al suelo, tiró de a sudadera de él y se la quitó también, Alfred se quedó tumbado boca arriba en la cama donde había dormido desde que tenía conciencia y Amaia se subió a horcajadas encima de él.
—Podría estar aquí arriba para siempre...
Alfred alzó sus caderas y sus sexos, aún cubiertos por la ropa se rozaron, haciendo que ambos jadearan. Con una sonrisa de suficiencia Amaia empezó a moverse sobre él haciendo que el roce que había empezado fuera más profundo, las manos de Alfred se posaron en su cintura, ella se apoyó en uno de sus brazos y con la otra mano empezó a acariciarse el pecho.
Jugaban a ver quién aguantaba más, por ver quién era el primero en parar para hacer que sus cuerpos terminarán siendo uno, y los dos eran muy cabezones, Amaia siguió con su bamboleo, pero Alfred se incorporó quedándose casi sentado, empezó a morder y lamer toda la piel libre que tenía a su alcance.
—Dios... Alfred...
Un mordisco, un gemido y el tono de llamada del móvil de Alfred que estaba encima del escritorio al lado del de ella. Lo ignoraron, les daba igual quién llamara en esos momentos, él sabía que sus padres no eran porque tenía una melodía especial para ellos, Amaia soltó un jadeo demasiado fuerte cuando Alfred succionó uno de sus pezones, pero el teléfono no paraba de sonar y no pudo evitar salir de la situación tan intensa que estaban viviendo.
—Alfred, para....
—Déjalo, ya se cansarán.
—Lleva minutos sonando y me está cortando el rollo...
Alfred se dejó caer hacia atrás y vio cómo Amaia se inclinaba hacia atrás para alcanzar el móvil, cuando lo tuvo entre sus manos miró la pantalla, "ANAHÍ", frunció el ceño y se lo tendió a Alfred, que lo cogió con pocas ganas, al ver la pantalla puso los ojos en blanco, rechazó la llamada y silenció el teléfono, lo dejó caer encima de la ropa que había tirada en el suelo porque no llegaba a la mesa del escritorio, volvió a incorporarse y se quedó mirando a los ojos a Amaia.
—¿Anahí?
—Es una historia muy larga, y antes tenemos...
—Nunca había oído ese nombre entre tus amigos.
Amaia notó como los celos, irracionales y absurdos, de los que siempre se quejaba cuando se daba cuenta, se metían por debajo de su piel y la iban invadiendo, no tenía sentido, ningún sentido, empezó a repetirse una y otra vez mientras no desviaba la mirada de la de Alfred.
—Amaia...
—Cuéntame esa historia, tenemos tiempo.
—Estas medio desnuda sobre mí y yo estoy duro como una puta piedra, Amaia, no creo que...
La expresión de la cara de Amaia reflejaba exactamente lo que estaba sintiendo aunque no lo dijera a viva voz, pudo ver la inseguridad y el miedo en sus ojos, dos sentimientos infundados sin ningún tipo de base a la que agarrarse, pero que estaban ahí.
—Coge tu móvil y metete en Twitter.
Amaia se bajó de las caderas de Alfred y cogió su móvil, se sentó a su lado y apoyó su cabeza en el hombro de él, no tenía ningún pudor en estar desnuda de cintura para arriba, así que ninguno de los dos pensó en vestirse. Alfred le indicó que usuario tenía que buscar y le contó toda la historia de su cuenta de incógnito.
—Me pilló, olvidé comprobar si estaba desactivada la ubicación, y antes de dejar que se imaginara cualquier cosa y de expandir un rumor absurdo...
—Se te ocurrió la feliz idea de quedar con una desconocida.
—Marta me dijo algo muy parecido.
Se quedaron callados mirando la pantalla del móvil de Amaia, las notificaciones aumentaban por cientos en segundos, menos mal que sólo salían cuando entraban en la aplicación. Amaia hizo un amago de dar al botón de "seguir" en la cuenta falsa.
—Ni se te ocurra, casi no usas las redes sociales, si haces eso se jodió mi anonimato.
—Hablas como un espía infiltrado.
—Esa fue la idea con la que me hice la cuenta.
Amaia levantó la cabeza para darle un beso en la mejilla a Alfred y justo cuando sus labios se posaron en su piel la tripa de él empezó a rugir.
—Llevo sin comer nada desde el desayuno, y me fui muy pronto al estudio.
—Deberías habérmelo dicho cuando llegaste.
—Estabas en mi cama, dormida, me entró hambre de otra cosa...
Ambos se rieron y se dieron un pequeño beso en los labios.
—¿Vamos a comer?
—Tu ya has comido, Amaia...
—Pues yo meriendo mientras tú comes.
—Eres de lo que no hay...
Y poniéndose la ropa de nuevo, pero olvidando los móviles en la habitación, fueron a la cocina para comer algo, sintiendo que por fin estaban completos.
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Realidad
FanfictionAlfred, Amaia y sus catorce compañeros de concurso han terminado la gira de Operación Triunfo 2017. A partir de ahora empieza el verdadero camino. ¿Conseguirán mantener todo lo que han construido juntos? ¿Se desvanecerá todo como en un sueño?
