El Muro de Nueva York
A medida que avanzaba el día el tiempo empeoraba mientras continuaba la 48a tormenta en aquel 16 de febrero de 2.157. La lluvia se intensificaba por momentos y caía violentamente sobre Nueva York. Poca era la gente que circulaba por la calle, lo cual era comprensible. El agua ya no se solidificaba al impactar contra las ventanas, no obstante, las temperaturas seguían siendo bajas. Tampoco variaban mucho. El gráfico de las temperaturas a través del día tendría un aspecto similar al de una onda de baja frecuencia cuando es representada. Mia miraba por la ventana de su habitación mientras dejaba "Lo que el viento se llevó" a un lado. No le apetecía leer en aquel momento, sólo mirar la lluvia. Incesante y casi irritante, golpeaba la tierra fría de Nueva York provocando un ruido que no era excesivamente fuerte pero que a Mia se le antojaba estridente. Era especialmente obsesiva con ese aspecto: odiaba a muerte todo aspecto de su entorno que produjese ruido que la molestase. Quedaba como una hipócrita al tocar la trompeta de madrugada, pero ella misma se consideraba tan buena tocando que opinaba que para la gente de su alrededor sería un placer escucharla.
Mia se levantó y salió de su habitación para dirigirse a la de Michael. No llamó; entró sin más.
– Hola. – dijo ella.
– ¿Pasa algo?
– He visto que has empezado "1Q84". La novela que yo te recomendé.
– Sí, la he empezado.
– ¿Te gusta?
– Sí. Pero Aomame tiene un aspecto en que me decepciona. Y es que no sabe valorarse a sí misma. No se da el valor que tiene.
– Nadie es perfecto.
– ¿Sólo has venido a preguntarme si había empezado ese libro?
– No, en realidad eso sólo era para romper el hielo. De hecho, ya sabía que habías empezado a leer la novela. La he visto en la mesa del salón.
– Si no venías a preguntarme sobre ese tema, ¿tenías otra cosa de la que hablarme?
– No, sólo quería hablar contigo.
– ¿Lo dices en serio? Hasta ahora siempre te he visto absorta en tus pensamientos siempre que has podido.
– Lo sé. Pero en esta situación en que nos hallamos me trastorna un poco. Y sé que no debería hacerlo; de hecho, fui yo la que te dijo que no dejaras que te trastornase.
– ¿Y ahora te está trastornando a ti?
– Eso creo. La verdad es que no estoy muy segura. Y eso que sé de Psicología. Aunque, quieras que no, no soy psicóloga profesional.
– Yo tampoco lo soy. Pero quiero hacerte una pregunta.
– Adelante.
– ¿También empiezas a pensar que esta conversación no conduce a ninguna parte?
Mia se rió un poco.
– La verdad es que sí.
– ¿Adónde quieres llegar, Mia?
– A ninguna parte. Sólo quería hablar contigo.
– ¿A qué le tienes miedo? Porque esta actitud es totalmente la de una persona que teme terriblemente a algo o a alguien. ¿Es por lo de la Casa de la Ópera?
– No, no es por eso. Es sólo que me está pasando lo mismo que a ti antes de que yo llegase. Me has contagiado tu tendencia a preocuparte por asuntos en los que no puedes intervenir.
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8 St-NYU
Science FictionEn el año 2.532, 400 años después de la violenta Guerra de las 57 Tormentas, la Tierra se ha convertido en un páramo contaminado donde el aire es tóxico y los últimos reductos de la raza humana viven en cápsulas respirando aire en conserva. Lauren...
