Días de primavera
La mañana amanecía con un cielo cubierto de nubes densas que apenas dejaban al Sol mandar sus rayos a la superficie de la Tierra. Los fuertes vientos mecían las ramas sin hojas de los árboles de las calles e impactaban contra las ventanas, moviéndolas. El suelo de Manhattan se había cubierto de agua de la 55a tormenta. Mia se despertó poco antes de las siete de la mañana. Se levantó de la cama y estiró los brazos y las piernas. Acto seguido, se dirigió al cuarto de baño. Se lavó la cara y los dientes y se miró al espejo.
– Bueno, ¿y ahora qué? Nunca me había planteado esta cuestión antes. Veía este día tan lejano que, a decir verdad, nunca esperé que terminase por llegar. El escenario que veo en el exterior es desolador. No hay luz, no hay un mínimo de temperaturas. Es como mirar el mismo espacio exterior. Pero en el espacio hay cosas a investigar y descubrir. Esto es siempre lo mismo. Es como mirar un cadáver. Una vez que lo hayas analizado, ¿para qué lo miras, si no va a cambiar? O como mirar al microscopio algo inerte. Es incapaz de cambiar, de modo que, ¿qué interés puede tener?
Mia salió del cuarto de baño. Se puso unos pantalones negros largos, una sudadera gris oscura y unas zapatillas negras, con una chaqueta azul marino. Cogió dinero y llaves y salió del apartamento. Bajó con el ascensor hasta la planta baja y salió del edificio. Caminó hasta llegar al recién abierto Tremblay's. Mia entró y tomó asiento en una de las mesas.
– Me da la sensación de que vivo en este bar. A decir verdad, si no existiera o si no estuviera justamente en la Séptima Avenida, nunca me habría encontrado con Lauren. Cuesta creer todo lo que ha sucedido desde esa noche. Y ya sólo quedan dos tormentas.
Un camarero de unos 50 años con pinta de veterano del negocio se acercó a la mesa de Mia.
– ¿Viene para desayunar? – preguntó.
– Sí, por favor. Quiero un café con leche y un bollo para acompañarlo. Y, si puede ser, una botella de agua de medio litro para después.
El camarero no añadió ninguna otra palabra; se limitó a apuntar el pedido y se alejó de la mesa.
– Qué asco de sitio. A cada hora que estoy en este sitio de mierda me da más asco. Es una tortura psicológica permanente. Una tortura contra la que no puedo establecer una contraposición. No puedo oponer resistencia contra mí misma. Este lugar nunca me ha hecho nada; soy yo la que hizo a este lugar. De no ser por los errores que cometí no me sentiría oprimida por este sitio. Y ahora me pregunto: tengo un cociente intelectual de 197, de modo que, ¿por qué he tardado tanto en darme cuenta? Tal vez no pudiera ver algo tan obvio porque estaba cegándome a mí misma. No es que no sea capaz de advertir lo que está sucediendo a mi alrededor, es que prefiero continuar en mi autoprovocada ignorancia con tal de no afrontar mis propios problemas. A veces pienso que no debería ser tan admirada como lo soy. En ciertas cosas, he fracasado. Aunque hayan sido ensombrecidas por mi gran éxito. Como cineasta, he conseguido varios premios Oscar, y como microbióloga, he desarrollado medicinas y vacunas que han conseguido contrarrestar enfermedades mortales que se consideraban hasta el momento incurables.
El camarero de antes regresó con el café con leche, el bollo y la botella de agua y los dejó encima de la mesa de Mia, para volver a alejarse al instante. Mia dio un sorbo al café con leche y mordió el bollo.
– Los pequeños placeres de la vida nunca desaparecen. Aun cuando sea el último momento antes de que seamos destruidos por la Guerra de las 57 Tormentas.
Mia se terminó el desayuno, pagó y salió del bar. Hacía más viento que antes, y las nubes se arremolinaban, adquiriendo un aspecto incluso intimidatorio. Mia caminó hasta llegar a la estación de metro en la que había entrado brevemente la noche anterior, y entró en el andén. Tomó asiento y miró al reloj de la estación.
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8 St-NYU
Science FictionEn el año 2.532, 400 años después de la violenta Guerra de las 57 Tormentas, la Tierra se ha convertido en un páramo contaminado donde el aire es tóxico y los últimos reductos de la raza humana viven en cápsulas respirando aire en conserva. Lauren...
