Nuestros fríos corazones
Los días se sucedían uno tras otro de forma monótona. Para la mayor parte de la gente, aquellos días no eran más que períodos entre medianoche y medianoche. Pero para Lauren representaban la pantalla del tiempo que la estaba separando de la posibilidad de viajar en el tiempo. Aquella mañana del 12 de julio de 2.532 amaneció como todas las que le habían precedido. Lauren se despertó tumbada en su cama en ropa interior y notándose algo mareada. No era nada nuevo para ella; sabía cómo era volver de una fiesta en época de estudiante. No recordaba cuánto había bebido; quizás incluso ni siquiera hubiera bebido y con el estrés que le ocasionaba el ser consciente de que en poco tiempo viajaría 375 años, cuatro meses y 16 días hacia el pasado se le hubiera olvidado. Aquella mañana no era la típica mañana con resaca. Se levantó y se lavó la cara en el baño. Se cambió de ropa interior y se puso ropa cómoda. No desayunó; no tenía hambre.
– Hasta aquí hemos llegado. Tras este largo y tortuoso camino hemos llegado tan lejos como alguna vez podríamos llegar. La gente me dirá lo que quiera. Hasta que se den cuenta de que deberían irse. Porque a decir verdad, siempre seré libre.
Lauren se dirigió a su habitación. Se puso una copa de vino y se la bebió calmadamente. Tal vez fuera un poco pronto para beber, pero no le importaba. No había nadie que le dijera que no bebiera. Tampoco tenía miedo de volverse alcohólica; sólo bebía una o dos copas algunos días, y sólo se emborrachaba muy de cuando en cuando. El desarrollar una adicción al alcohol no era una preocupación en la vida de Lauren. Al terminarse la copa, Lauren dejó su habitación y bajó hasta el sótano. Entró en la sala donde guardaba su ordenador repleto de novelas y lo encendió. Leyó algunas de las críticas de sus novelas.
– ¿Alguna vez escaparé de este lugar? ¿O es simplemente una burda ilusión carbonizada dentro de mi cabeza? Quiero pensar que no, que realmente soy capaz de alejarme de esta realidad temporal para poder mirar el mundo desde una perspectiva diferente. ¿Por qué el tiempo se precipita sobre nosotros a diferente velocidad? ¿Por qué la Relatividad nos hace esto a las personas?
Lauren habría seguido deliberando sola, pero cayó en la cuenta de que estaba malgastando saliva y lágrimas. Dejó la habitación del sótano y subió a su habitación. Volvió a quitarse la ropa y volvió a tumbarse sobre la cama. El día se eternizaba y se hacía exasperante. Se puso las manos sobre los pezones lentamente. Sonrió ligeramente, con una expresión que al fin lograba mostrar algo de tranquilidad. Lauren dejó caer sus manos sobre sus pechos moviéndose lo mínimo. Jadeó un poco y cerró los ojos. Como si intentase meterse en un trance en el que nadie debiera molestarla. Movía los dedos sobre los pezones mientras notaba en sus manos cómo estos se endurecían paulatinamente. Para Lauren, aquel tipo de erecciones eran las más relajantes. Separó una de sus manos de su pecho y se la puso sobre el pubis. Notó el tacto de una piel suave. Sus dedos alcanzaban a tocarse las piernas. A medida que Lauren se tocaba lentamente los pezones, notaba cómo se ponía erecta poco a poco. No sólo en el pecho, sino también en la entrepierna. Se metió dos dedos cuidadosamente, como si estuviera tocando algo frágil que pudiera romperse en cualquier momento. Por otra parte, Lauren se veía a sí misma como tal. A medida que sus dedos entraban en sus partes femeninas, gemía lentamente. Totalmente calmada. A pesar de ello, a Lauren no le habría gustado admitir que se estaba masturbando únicamente para relajarse.
Lauren estuvo en la cama durante un rato bastante largo. Después de masturbarse le entraba sueño. Durmió plácidamente, bastante mejor que como había dormido por la noche. Lo poco que hubiera dormido. Cuando se despertó, ya pasaban de las ocho de la noche. Lauren no se explicaba cómo había podido dormir tanto. Se levantó de la cama y se volvió a poner la ropa. Quitó las sábanas de su cama y puso otras nuevas. Las viejas debía lavarlas después de lo que había quedado sobre ellas después de masturbarse. En ese momento, Lauren recibió una llamada por el sistema de comunicación por hologramas de su habitación. La figura de William se dibujó ante ella.
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8 St-NYU
Science FictionEn el año 2.532, 400 años después de la violenta Guerra de las 57 Tormentas, la Tierra se ha convertido en un páramo contaminado donde el aire es tóxico y los últimos reductos de la raza humana viven en cápsulas respirando aire en conserva. Lauren...
