Mi verdadera identidad
El 18 de febrero de 2.157 fue un día tan lluvioso como los que le habían precedido. El cielo gris que progresivamente se iba ennegreciendo dominaba Nueva York como un dictador que dominase un país. Manteniéndose firme en su posición, sin que nadie pueda rivalizar su estatus. Toda la tarde albergó una violenta tormenta, que terminó por calmarse poco después del anochecer. A las nueve de la noche el cielo, aunque nublado, ya no dejaba caer agua sobre el suelo, a pesar de que este seguía mojado a causa de las precipitaciones de los últimos días.
– ¿Vamos a hacer algo esta noche? – preguntó Michael a Mia.
– Si te apetece... Por mí esta noche descansaría.
– ¿Lo dices en serio? ¡Si no hemos hecho nada en todo el día!
– Querrás decir nada que suponga cansancio físico. Pero en ocasiones el cansancio psicológico es peor que el cansancio físico. En la inmensa mayoría de las ocasiones. El cuerpo sabe descansar mejor que la mente. Aunque hayas hecho una carrera una mañana, si el resto del día lo has pasado descansando y por la noche has podido disfrutar de un sueño reparador, a la mañana siguiente estás perfectamente. En cambio, si has tenido un día que te haya saturado la mente, para descansarla sólo tienes el sueño. Y el sueño es limitado.
– ¿Y por qué tienes cansancio psicológico? Has pasado el día leyendo "Lo que el viento se llevó".
– En realidad no. Lo he terminado y he escrito mi deformación del argumento.
– ¿La has subido a Internet?
– Evidentemente, no. Podrían localizarme, y tampoco es cuestión de meterte en problemas.
– Qué detalle por tu parte.
– Bueno, eso y porque no me gustaría que la Policía australiana me localizase y me metiese en chirona y todo eso.
– Dejando de lado este asunto que conozco más que de sobra, si no vas a salir del apartamento, ¿no vas a hacer nada? Ahora ya no tienes ninguna novela que leer en dos o tres días y de la que redactar una deformación.
– Yo no he dicho eso. Y es cierto que en este apartamento no hay ninguna novela que no haya leído.
– Mia, encontrar una novela que no hayas leído es como encontrar a un inmigrante al que ningún fascista haya mirado mal. No encaja. Es como la Ecuación de Schrödinger, donde una partícula puede conocer su localización o su velocidad de movimiento, pero no ambas cosas.
– Conozco la Ecuación de Schrödinger, al igual que el experimento de su gato. Pero ese es un tema que ahora no nos incumbe. Estábamos hablando de la posibilidad de la existencia de una novela que no haya leído.
– Podrías inventarte tus propias historias. Así te hiciste cineasta de éxito mundial. Hay quien dice que eres la mayor genio del cine del mundo, o incluso de la Historia.
– No me interesa lo que diga la gente. Si les gustan o no mis películas me da igual. De un modo u otro, terminan encontrando el modo de piratearlas. El caso es que la gente va al cine a verlas, y así yo consigo mi parte. Multiplícalo por todos los cines del mundo. Cientos de personas en cada cine viendo algo que he hecho. Personas que vuelven a ver las películas. Es muchísimo dinero. Si después compran la película o no ya casi que ni me importa.
– Si tienes tanta pasta, ¿por qué no has comprado por ti misma una casa o te has hospedado en un hotel?
– ¿Tanto odias tenerme aquí?
– Yo no he dicho eso, lo que pasa es que pienso que sería más cómodo para ti.
– Quizás. O quizás no. Nadie lo sabe.
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8 St-NYU
Science FictionEn el año 2.532, 400 años después de la violenta Guerra de las 57 Tormentas, la Tierra se ha convertido en un páramo contaminado donde el aire es tóxico y los últimos reductos de la raza humana viven en cápsulas respirando aire en conserva. Lauren...
