Demasiado atada
La mañana se presentaba despejada. La luz blanca y fría del alba que se extendía por el horizonte comenzaba a bañar Manhattan, subiendo algo la temperatura del ambiente. Por la calle, había gente que regresaba a sus casas. Tal vez volvieran de un turno de noche en el trabajo, o tal vez de salir a una cena con amigos. O tal vez volvieran de echar un polvo con un ligue de una noche. La luz solar entraba por la ventana con las cortinas corridas de la habitación de Lauren y caía directamente sobre la cama donde dormía medio desnuda junto a Michael. Ella abrió los ojos paulatinamente, como si tratase de disfrutar del momento de hacerlo.
– No quieres decirlo. No quieres decir lo que quieres. No quieres decir lo que necesitas. ¿Por qué no me dices lo que necesitas? – pensó Lauren.
Lauren se levantó de la cama y abrió la maleta donde había guardado la ropa. Se cambió la ropa interior y se lavó la cara en el cuarto de baño. Después regresó al dormitorio.
– ¿Y bien? ¿Va a ofenderme lo que me digas? ¿Qué es lo que quieres? ¿Quieres que nos besemos? ¿Más que eso? ¿Quieres que nos acostemos? Tienes una mente enigmática. Eres tan inseguro... Perderías tu autoestima si te dijera que no. Y por eso tienes miedo. Tienes miedo de una chica que no conoces. ¿Qué daño podría hacerte yo? O, de otro modo, ¿qué daño podrías hacerme tú?
Lauren cogió la máquina del tiempo en forma de pulsera. Cerró el documento de "La pantalla del tiempo" y echó un vistazo a la carpeta donde guardaba sus novelas. Nunca la había pedido opinión a nadie acerca de ellas. Si le daban una opinión escuchaba, pero nunca se había preocupado por recibir más opiniones de la cuenta. Cerró la carpeta y entró en otra donde guardaba novelas que había leído. Dirigió la vista al primer archivo.
– "1Q84". Hace tres años que me leí esta novela y no había hablado de ella con apenas nadie, y sin embargo, aquí las pocas personas que conozco la han leído. Es irónico. Pero la verdad es que no debería importarme. La vida es lo que pasa cuando miras el mundo con ironía.
Michael se despertó poco después. Se levantó de la cama y estiró los músculos. A pesar de que Lauren estaba en la misma habitación, ni se inmutó. Ella seguía enfrascada en su lectura, con una concentración que parecía inalterable.
– ¿Qué estás leyendo? – preguntó Michael.
Lauren no pareció escuchar la pregunta.
– ¿Me has oído?
– La verdad es que no. ¿Qué has dicho?
– Preguntaba qué lees.
– "1Q84". La leí cuando tenía 14 años y desde entonces no había oído a nadie hablarme de ella. Ni yo había hablado de ella con nadie. Eso no significa nada; me parece una gran novela.
Lauren se levantó del asiento en que estaba, cerró el documento y se tumbó de nuevo en la cama.
– ¿Sigues con sueño? – inquirió Michael.
– No.
Lauren estiró los músculos realzando el torso. Se fijó en la mirada de Michael dirigiéndose a sus pechos, pero no le importó.
– Es sólo que quería relajar tensiones. – añadió.
– Ajá...
– ¿Te pasa algo? Te noto algo raro.
– No, no me pasa nada.
– Bueno, lo que tú digas. Túmbate en la cama conmigo.
– ¿Quieres que me acueste otra vez en la misma cama que tú?
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8 St-NYU
Science FictionEn el año 2.532, 400 años después de la violenta Guerra de las 57 Tormentas, la Tierra se ha convertido en un páramo contaminado donde el aire es tóxico y los últimos reductos de la raza humana viven en cápsulas respirando aire en conserva. Lauren...
