1 - Diecisiete años de búsqueda

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***

Altagracia llegó a casa sintiéndose un poco tensa después de un día más de trabajo duro en la platería. Puso las llaves en la mesa de café, se quitó los zapatos y suspiró antes de sentarse en el sofá. Estaba acostumbrada a la soledad de su casa, esa era su realidad desde hace muchos años, ningún empleado se quedaba em la casa por la noche, pero ese día se sentía un poco agobiante.

Miró el reloj, había todavía 40 minutos para la hora que Daniel había quedado llegar. Decidió ir a darse una ducha para calmar un poco la tensión. ¿Qué noticias le tenía Daniel? ¿Sería lo que esperaba? Era mejor no pensar. Las expectativas ya no formaban parte de su personalidad después de tantas decepciones y engaños con la vida y con las personas. Ser optimista no formaba parte de ella, aunque la esperanza de recibir "aquella" noticia era algo que no podía evitar, la mantenía viva.

De camino hacia su habitación sonó el teléfono, era Regina:

_ Hola, Regina, ¿cómo estás?

_ Yo, bién. ¿Qué estás haciendo? – Interrogó siempre muy directa.

_ En este momento me voy a darme un baño, acabo de llegar a la casa. ¿Por qué?

_ Tengo que hablar contigo, vámonos a cenar a nuestro restaurante favorito, amiga?

_ Hoy no puedo, lo siento. Viene Daniel, dijo que tiene algo importante que decirme.

_ Ah, y es esta la razón para que no salgas conmigo? Lo importante que Daniel tiene que decirte es lo mismo de siempre. Que te quiere, que desea una oportunidad contigo, que te ves hermosa, maravillosa, increíble, que haría cualquier cosa con tal de tener tu amor. Y le vas a dar la misma respuesta de siempre: "Lo siento Daniel en mi vida ya no hay lugar para el amor", sin olvidar el tono dramático que siempre le pones a esa frase. Por favor, ven a cenar conmigo, Altagracia?

_ Estás loca, no es nada de eso! _ Altagracia esbozó una sonrisa que no podía ser completa por la tensión del momento. _ Daniel me dijo que descubrió algo muy importante sobre esa historia que nadie mejor que tú conoces muy bien. – En ese instante miró hacia abajo, la gravedad de ese asunto la consumía.

_ Ah este... – Regina también se preocupó – ¿Entonces, quieres que yo me vaya a tu casa?

_ No Regina, no hace falta. Siento que esta será una larga conversación. Ya sabes que soy muy práctica, pero algo dentro de mí me dice que Daniel me dirá algo definitivo hoy, es como un presentimiento de que me dará alguna respuesta de lo que siempre he buscado.

_ Estás segura, Altagracia? Yo sé que no hay en el mundo ninguna persona independiente como tú, pero yo soy tu amiga y conmigo, no tienes que fingir nada, ya sabes.

_ Estoy segura. Y sé que vas a intuir el momento en que la conversación se termine y me vas a llamar para saberlo todo. Tu apoyo es siempre bienvenido, también lo sabes, ¿verdad?. Voy a tomar mi ducha y luego también quiero saber qué es eso tan importante que tienes que decirme.

_ Está bien, sólo te perdono no aceptar mi invitación porque es realmente importante. Pero mañana almorzaremos juntas, no te escaparás de mí! Besos!

_ Besos, Regina!

***

Saúl llegó a la casa cansado, ya casi eran las 8. Era raro que llegara tan tarde, le gustaba pasar todo el tiempo posible con sus hijos y las noches eran cuando más tiempo pasaban juntos. La verdad es que desde que se murió su esposa, su vida era bastante vacía, si no fuera por sus hijos...

No es que su vida haya estado completa junto a Consuelo, lo único bueno de ese matrimonio eran Diego y Isabela, su pequeña princesa, y esto lo tenía muy claro. Por eso nunca se volvió a casar después de la muerte de la madre de su hija. Los pocos años que pasó casado con Consuelo, a quién se unió después de la decepción con Altagracia gracias a las presiones de Consuelo y de su hermana Natalie, fueron insoportables.

La SociaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora