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Altagracia nunca había visto a Isabela tan vulnerable. Era la primera vez frente a ella. Incluso antes de declararse su enemiga al descubrir su relación con Saúl, Isabela no había demostrado señal de fragilidad. Su resistencia y rigidez frente a la gente y las situaciones era una de las características que la asemejaban a Altagracia. En eso estaba claro que eran madre e hija para los que conocían el secreto. Incluso para aquellos que no lo conocían, la similitud entre la forma de ser de las dos era un hecho que desconcertaba.
Y ahora Isabela estaba abriendo la barrera de su fragilidad frente a Altagracia, pero de una forma que la desconcertaba por verla en ese estado tan asustada. Ella quería ganarse la confianza de su hija como amiga, para luego cuando descubriera la verdad no fuera tan difícil aceptarla cómo madre. Su instinto de madre se manifestó al ver el sufrimiento de Isabela. Tenía que averiguar qué le pasaba, quería y necesitaba protegerla.
_ No es nada, solo era un gesto de agradecimiento por que estaba preocupada por mí, Altagracia y... y... estoy nerviosa porque no encuentro mi teléfono... – respondió divagando poco convincente.
_ ¿Es realmente solo esto, hija?
_ No me llame así, por favor. – Pidió la joven exaltada.
_ Lo siento. – Altagracia tragó saliva – Sólo fue un decir.
_ ¡Está bien! – Isabela fue firme tratando de no extender el tema que la desagradaba. – No me gusta, me molesta. Usted solo es mi madrastra, no mí madre.
Estas palabras hirieron profundamente a Altagracia que anhelaba desesperadamente una oportunidad de actuar como lo que era, la madre de Isabela. Sus palabras rompieron toda oportunidad que ella creía tener, después de abrazo la y verla tan desprotegida.
_ Entiendo. – Dijo Altagracia tratando de contener su emoción. – No fue mi intención. Pero ¿estás segura de que nada te pasa? No necesitas ayuda, ¿cualquier cosa?
_ No te preocupes, no pasó nada y yo me sé defender muy bien sola. – Retomó su actitud defensiva dándose la vuelta para tomar el camino de las escaleras.
Altagracia impulsivamente le agarró la mano, sorprendiéndola.
_ Pero si lo necesitas... Si hay algo en lo que creas que no puedes manejar sola y que tu hermano o tu papá no puedan ayudarte por ser hombres... Por favor... Por favor, no dudes en decírmelo. Independientemente de lo que sea, puedes contar conmigo, Isabela, no lo olvides.
_ Gracias! – agradeció Isabela.
Las palabras de Altagracia le hicieron sentir bien por razones que ella no podía entender pero la confundían. Isabela sintió seguridad de poder confiar en alguien como Altagracia sin comprender porque la sentía como parte de su familia. Subió a su habitación, un poco más aliviada después del abrazo y de las palabras de Altagracia. Corrió al baño y tomó una ducha larga. No quiso un baño de bañera, por que pensaba que con el agua de la ducha podía llevarse cualquier rastro de asco que ella hubiera sentido ese día. Mientras que Altagracia también se fue a su habitación y tranquilizó Saúl con la noticia de que su hija ya estaba en casa.
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Isabela llegó a la joyería Sandoval a media mañana como había acordado con Altagracia. La empresaria le dio la bienvenida animada y llamó a su gerente Marcia.
_ Marcia, esta es Isabela, mi... – se detuvo y respiró - mi hijastra. Ella es estudiante de joyería y nos ayudará a preparar el evento de esta noche. Quiero que tú la coordines y le explique el proceso de preparación del evento paso a paso como siempre lo haces con los jóvenes que realizan algún tipo de prácticas aquí en la joyería o en el sector manufacturero.
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La Socia
Fiksi PenggemarAltagracia y Saúl se vuelven a ver después de 20 años. Este encuentro fue planeado y calculado por Altagracia. Él es el dueño de un prestigioso bufete de abogados, ella la dueña de una joyería muy reconocida que ahora sorprendentemente se quiere hac...
