14 - La causante del dolor de mi madre

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***

Regina atendió la puerta con su tranquilidad y buen humor característicos.

_ Altagracia, dime que ha pasado para que vengas a mi casa a las cuatro de la tarde. Desde que te conozco, aunque ocurriera un huracán en esta ciudad no sales de la joyería antes del anochecer.

_ Sucedió algo. – Respondió con nerviosismo – Algo que yo no podía asimilar sola en esa oficina. Me sentía encerrada, con falta de oxígeno.

_ ¡Dios! qué dramática manera de decir las cosas. Como si sucediera una tragedia griega. ¿Que pasó? Ve al grano por favor, y dime que es eso que te dejó tan atormentada.

_ Fue la visita de Saúl... – Altagracia estaba tan angustiada que no le importaba las bromas de Regina, por el contrario, incluso le hacían bien.

_ Así que él regesó a la joyería. Ven, voy a servir vino para las dos porque el nivel de tensión que estoy viendo, lo amerita.

_ Está bien. – Ella aceptó sin decir más, mientras comenzó a narrar los hechos a Regina. – Desde ayer me di cuenta que él todavía se sentía atraído por mí, y ya sabes lo que tengo que hacer para estar cerca de Isabela y lograr recuperarla.

_ Y ya sabes que no estoy de acuerdo en eso, me temo que te lastimes, pero ¡ya! Creo que hemos superado esa parte.

Altagracia sonrió agradecida mientras se sentaba en la silla frente a la barra.

_ ¿Qué ha pasado en esta visita, Altagracia? Te diste cuenta que él se sentía atraído por ti, decidiste utilizar tus encantos para conseguir reactivar la historia que los dos tuvieron en el pasado, ¿y?

_ Eso fue exactamente lo que hice. Sin embargo, tuve mucho menos trabajo que supuse tendría. Me insinué para él con la mirada...

_ Me imagino su desesperación, con esos hermosos ojos verdes mirándolo maliciosamente. – Dijo Regina con una carcajada.

_ Me acerqué, contesté a un comentario suyo con picardía provocándole y sin que yo tuviera que hacer nada más, él me besó. – Le confesó Altagracia con los ojos abiertos como platos, todavía no se había recuperado de la impresión.

_ ¿¡Beso!? – Regina desencajó los ojos con la sorpresa que le ha traído la frase. – ¿Él te besó la segunda vez que se vieron después de que se encontraron? ¿Y qué tipo de beso fue? ¡No me ocultes ningún detalle!– Ella dijo ajustando su cuerpo en la silla poniendo mucha atención a lo que tendría que decirle Altagracia.

_ No lo haré Regina. Si estoy en tu casa es porque necesitaba hablar con alguien acerca de eso o me volvería loca. Fue un beso apasionado y lleno de deseo. No pude resistir, a ti no te puedo mentir. También lo besé con la misma intensidad, después de todo, fue un beso que yo misma provoqué, pero...

_ Altagracia, si no puedes mentirme a mí, no lo hagas a ti misma.– Le rogó Regina. – Si le besaste con la misma pasión y la misma entrega no es porque lo provocaste, sino porque...

_ No lo digas Regina. Estoy muy segura de lo que quiero hacer, pero hoy, más que nunca me di cuenta de que no sólo este sentimiento sigue vivo entre nosotros sino también mucho dolor y resentimiento de mi parte porque él me dejó, me abandonó, no creyó en mi y pronto se casó con otra.– El fuego rel resentimiento apareció en su mirada mientras profería esas palabras.

_ Pero eso fue hace 20 años. ¿No te das cuenta de que dolor y resentimientos no deberían ser sentimientos que permanezcan vivos durante tanto tiempo, ¿y mucho menos dentro de una persona como tú? - Altagracia levantó la mirada confundida con las palabras de Regina. – El único sentimiento que debería durar para siempre es el amor, Altagracia.

_ Regina yo no soy una persona mejor o pior que nadie. Soy solo una mujer que ha soportado demasiados golpes de la vida. Y te garantizo que no puedo y no quiero pensar en el amor. Mucho menos con Saúl. Tú eres la que no se da cuenta de que esto es imposible. No sólo estamos hablando del hombre que me abandonó, no creyó en mi, no hizo nada para sacarme de la cárcel siendo él abogado y además se casó con otra mujer. Estamos hablando del hombre que creó a mi hija como suya. ¿Cómo puedo pensar en el amor de Saúl si ni siquiera sé hasta qué punto él tiene que ver la desaparición de mi hija, mi mayor sufrimiento, esto sería imperdonable.

_ Sí, no lo había pensado.– Confesó Regina.

_ Si tuviera alguna clase de sentimiento por este hombre, lo ahogaría sin pensarlo, él es uno de los sospechosos en el secuestro de Elena. Si él me quitó a mi hija o fue cómplice de quien lo hizo, haré todo lo que lo pueda para mandarlo a la cárcel. Y no tengas ninguna duda, Regina, cuando digo todo, es ¡TODO!

_ Sinceramente me preocupas demasiado. Vas a sufrir en este juego, Altagracia, ya estás sufriendo.

_ No hay necesidad de preocuparte por mí, Regina. Lo único que necesito es que siempre seas mi amiga y estés aquí para escucharme.– Dijo extiendendole la mano.

_ Aunque nunca escuches nada de lo que digo, y no te culpo de no hacerlo. Ningún ser humano en su sano juicio haría caso a las cosas que digo – Regina sonrió en un intento de animarla mientras cogía su mano con ternura.

Altagracia también sonrió y la abrazó. Después Regina le sostuvo la mano y le dirigió una mirada sincera, diciendo:

_ Siempre estaré para ti.

_ Gracias. – Altagracia agradeció con una sonrisa.

***

Al llegar a la casa, Saúl encontró a Diego en la puerta de entrada.

_ Te saliste temprano de la oficina y ¿hasta ahora llegas, papá?– El joven se extrañó del comportamiento distinto de su padre.

_ Sí, fui a comprar el regalo de tu hermana.– Saúl conto media verdad.

_ Mmm, el regalo de mi loquita hermana. También tengo que comprarle algo. Ella está tan entusiasmada con la fiesta.

_ Tengo la sospecha de que Isabela nació dentro de una fiesta, porque toda su existencia ha sido a este ritmo. - Dijo sonriendo.

_ Vamos a la sala, papá. Quiero hablar contigo de algo.

_ Claro.

Cuando se sentaron le preguntó:

_ ¿De que quieres hablarme, hijo?

_ De lo que dijiste ayer, de haber encontrado una antigua novia. Te veías muy emocionado por este encuentro.

_ Sí, se los dije. Nos encontramos de casualidad en su joyería donde compré el regalo de Isabela.

_ A partir de lo que dijiste ayer, me di cuenta de que esta mujer es la misma que estuvo siempre en tu mente durante tu matrimonio con mi mamá...– El joven se veía preocupado.

_ Sí, ella es. La mujer que siempre ha estado en mi corazón y en mis pensamientos. Nadie elige sentir o dejar de hacerlo algo por alguien por veinte años, Diego. Pensar en una historia que no sucedió, que no se concluyó, que no fue como queríamos . Si de mi dependera, me habría enamorado de tu madre para ser feliz con ella, pero hay cosas que no podemos controlar en la vida.

_ Lo sé. No te voy a mentir que no me pone triste pensar que tu matrimonio con mi madre fue tan malo, más que eso, sabes que algo lo presencié... Yo era muy chiquito, pero recuerdo cómo sufrió y como me ha dolido su muerte. No recuerdo haber visto jamás a mi madre feliz. La imagen que tengo de ella es siempre la de una mujer atormentada y triste, y eso es una cosa muy dolorosa. Tampoco puedo evitar que me duela recordar lo mucho que mi madre fue infeliz, papá.

_ Lo siento.– Saúl bajó la mirada culplable.

_ Pero es precisamente por lo que te digo que quiero que seas feliz. Es muy triste que mi mamá no haya logrado la felicidad, pero tú, tú todavía tienes la oportunidad de ser feliz. Agarrála, papá. Quiero que seas feliz, pero... me dolería mucho que esa mujer, esa mujer que tanto ha hecho sufrir a mi madre como lo vi y como me contó mi tía Natalie... Me dolería mucho verte feliz con la más grande causante del dolor de mi mamá. Ella todavía te gusta, ¿verdad? ¿Pretendes seguir viéndote con ella?

***
Para el próximo capítulo
Daniel le cuenta a Altagracia que Rafael está súper valorando sus acciones y se niega a venderlas por el justo valor.

La SociaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora