3 - Debilidad y Inseguridad

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Isabela trató de calmar a Saúl en ese tema que tanto lo preocupaba.

_ No te preocupes papá. Lograrás solucionar esto con tío Rafael. A pesar de su carácter imprevisible, su amistad es muy sólida, tiene más edad que yo – Isabela sonrió alegre – y él sabe lo mucho que amas a ese bufete porque fue construido sobre la base de la amistad.

_ ¿Ves? Puede te digan "loquita" o lo que quieran, pero siempre sabes lo que dices. Gracias, mi Isabelita. – dijo abrazándola. – Vamos, vamos a cenar.

Así se retiraron abrazados al comedor. Cenaban tranquilos, pero Isabela parecía preocupada por esa noticia. Eso se le hizo extraño a Saúl, pues a ella no le afectaba directamente ni había algo tan trágico en la noticia.

_ ¿Por qué mi pequeña princesa está tan pensativa? Como dijiste, lo de la oficina no es tan grave. Puede haber algunos cambios, más trabajo, pero nada tan grave. No creo que un nuevo socio pueda cambiar tanto nuestra rutina.

_ Me quedé pensando en lo que te dije de tío Rafael.

_ ¿En cuál de las cosas que me dijiste?

_ Que era cosa de mujer. Que él podía querer casarse o ir a viver con alguna mujer...

_ Ah, ¿y la vida amorosa de mi amigo es un problema para ti? – bromeó Saúl.

_ No, la suya no... ¡La tuya! – Concretó lo que la preocupaba.

_ ¿Y qué passa con mi vida amorosa? No pasa nada com ella, literalmente nada de verdade. – dijo sonriendo.

_ Lo sé. Ya hace tantos años que se murió mi mamá, tantos que prácticamente no la recuerdo, has tenido muy pocas novias. Apenas me acuerdo de una que trajiste a la casa.

_ Mi vida siempre ha sido, tú y tu hermano. Eso no va a cambiar, hija.

_ Lo sé y me gusta, me gusta tenerte solo para nosotros, eres mi papá adorado. Sé que es injusto, pero me gusta. Mi tía Natalie me dijo un par de cosas...

_ Tu tía Natalie siempre dice "cosas" y de la manera más negativa posible, trata de evitar que su opinión influya en ti, hija. – Dijo Saúl ya que conocía muy bien a su hermana. – ¿Qué cosas te dijo?

_ Que no amabas a mi mamá y por eso ella se suicidó. – Habló un poco triste. – ¿Es cierto? ¿No la amabas?

_ Tu madre me dio las cosas más bellas de mi vida que son tú y tu hermano. – Saúl comenzó por el lado más conveniente, pero estaba decidido a ser siempre honesto con sus hijos – Pero no te puedo mentir y decirte que nuestro matrimonio fue bueno porque no lo fue. Y no creas que no me atormenta pensar que yo pude tener algo que ver con la decisión tan extrema que tomó tu mamá.

_ Lo siento papá, no quería hacerte sentir mal – se mostró apenada con el tema que tocó – Pero ya sabes, es la historia de mi mamá, me da curiosidad conocerla aunque no todas sus páginas sean bonitas. Sé que no fue tu culpa, eres una buena persona y nunca le harías daño.

_ Consuelo era una mujer enferma, hija. Desde muy joven hizo tratamientos con varios psiquiatras y estaba en medio de uno, cuando cometió esa locura, pasaba por una profunda depresión. Ni todos los médicos, medicinas y ni siquiera su familia fueron capaces de detenerla y no sabes cuanto lamento que tú y tu hermano hayan tenido que crecer sin ella.

_ Yo también – Isabela se puso muy triste, sus ojos se llenaron de lágrimas – No hay nada que yo he deseado con más fuerza en mi vida que la oportunidad de haber crecido con mi madre. – Junto con la última palabra dos lágrimas pesadas corrieron por su rostro.

_ No te pongas así, mi princesa. – Se puso de pie y la abrazó – No es lo mismo, pero tienes a tu padre. Siempre tendrás a tu papá.

_ No es lo mismo, pero es mucho. Ya sabes lo mucho que te quiero.

_ Y yo te amo demasiado hija mía.

Saúl también se conmovió. El sufrimiento de sus hijos por la ausencia de su madre siempre lo conmovia, sobre todo el de Isabela. Era de esas cosas que no se poden cambiar, pero le daban ganas, muchas ganas.

***

La conversación entre Altagracia y Daniel seguía llena de sorpresas.

_ Sí, por supuesto que los conozco! Saúl era mi novio cuando fui a la cárcel. Antes de eso, Consuelo y él habían tenido una relación. Ella tenía un hijo que Saúl quería como si fuera suyo. Por este niño siempre se han mantenido en contacto o... bueno, esto fue lo que él quiso que yo creyera.

Daniel tragó en seco sus palabras. Sabía que en ellas contenían celos por Saúl. Pero no la interrumpió por lo que Altagracia siguió.

_ Ella estuvo todo el tiempo tratando de hacer un infierno nuestra relación ayudada por Natalie, la hermana de Saúl. Lo que me estás contando ¡no puede ser, Daniel! – decía Altagracia incrédula – No puedo creer que estos dos hayan creado a mi Elena. Que los dos puedan ser los responsables de su desaparición y que hayan podido seguir haciendome daño aún después de que supuestamente saliron de mi vida y yo no me haya dado cuenta de nada. – Altagracia trató de pensar en todo lo que significaba esa información.

_ Estoy sorprendido, Altagracia. Nunca me dijiste nada. – Daniel también trató de organizar esa información. – Me dijiste que Rafael era un amigo de tu novio, pero cuando hablamos de la gente que formaba parte de sus conocidos que podríamos investigar nunca lo mencionaste a él.

_ ¡Porque yo no lo había visto en casi dos años! Ni a él y ni a su mujer. El día que fui arrestada, Saúl fue a verme. Terminó nuestra relación, dijo que estaba decepcionado, no creía en mi inocencia y dijo que quisiera nunca haberme conocido. - Aún le dolía recordárselo. - Terminé por tomar la misma actitud, aunque me dolió mucho su abandono y la falta de confianza. Consuelo fue a verme un par de días más tarde diciendome que se iban a casar. Ni siquiera se han tomado tiempo. Dijo en tono de burla, de triunfo. "¡Finalmente te gané! estás completamente fuera de nuestras vidas, Altagracia." Se pasaron dos años antes que Elena desapareciera. Nunca les volví a ver. ¿Cómo iba a imaginar que mi hija, que desapareció dos años después, podría haber sido adoptada por ellos? ¡No lo puedo creer!

_ Lo que te puedo decir es que esta investigación no se termina aquí. Vamos a seguir averiguándolo todo, Altagracia. Porque todavía hay muchas preguntas sin respuesta en este caso. Y hay un agravante.

_ ¿Agravante? - Le preguntó aturdida

_ Consuelo Aguirre está muerta.

_ ¿Muerta? - Ella se sorprendió

_ Sí, tu hija vive con los que ella cree que es su familia: Diego, el hijo mayor de Consuelo, Natalie, la hermana de Saúl, y Saúl que ella cree que es su padre.

_ Natalie... - Repitió Altagracia. - Que ironía que todos los que un día me han hecho daño de alguna manera regresen a mi vida. ¡Pero eso sí, que estén preparados, Daniel! - Afirmó. - Yo también estoy de regreso a sus vidas y solo saldré de ellas con lo que me pertenece. ¡Solo saldré de sus vidas cuando tenga de regreso a mi hija! Esto es un juramento.

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La SociaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora