41 - Piezas de un rompecabezas

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Diego abrió los ojos como platos. creía haber escuchado algo de que Altagracia pudiera haber sido arrestada, pero no sabía mucho sobre esto. Sin embargo, no tardó en cumplir el encargo de Saúl. Diego era un joven muy aplicado a su trabajo y quería que Saúl tuviera orgullo de él, le encantaba seguir sus pasos. No fue sencillo encontrar al proceso por haber ocurrido hace tanto tiempo, pero al día seguiente ya tenía algo que contarle a Saúl. Se acercaba a la hora del almuerzo cuándo llegó a la oficina de Saúl con el documento que él le había pedido. 

_ Aquí tienes lo que me pediste. Me han informado que todos los procesos de esa fecha fueron digitalizados y alguna información se puede haber perdido, pero lo más importante está ahí.

_ Gracias  hijo. ¿Crees que he encargado lo mismo que has hecho hace más de un més y  nadie me trajo nada?

_ ¿A quién has encargado? – Indagó Diego.

_ A Rafael. Pero no sé por qué creó una y otra excusa para que yo tuviera este proceso en manos.

_ Creo que sé la razón. – Dijo Diego haciendo que Saúl le mirara inquisitivamente. – Mira el nombre del abogado de la rea.

Saúl era un abogado muy perspicaz. Por su profesión, había aprendido que cuando alguién tiene algo que ocultar, actúa como actuó Rafael cuando él le pedió que se le traera el proceso de Altagracia. Su amistad le había nublado la visión, pero lo que le dijo Altagracia la noche de bodas, le trajo de regreso su perspicacia. Ya sospechaba lo que estaba en ese proceso, el documento que Diego le trajo, apenas le confirmó. Repitió en voz alta sin creer mucho lo que leía:

_ ¡Rafael Cabral!

Conversaron unos minutos más antes de que Diego se fuera. Al joven sí le dio curiosidad de saber que haría Saúl con la información que acababa de encontrar, pero Saúl no quiso decirle. La verdad es que necesitaba pensar. Altagracia nunca le contó eso. ¿Por qué? Pero ¿por qué se sorprendía? ¿Cuantas cosas más no sabía de Altagracia? Él había tratado siempre de ser comprensivo con ella por sentirse culpable, sin embargo, esa descubierta le hizo sentir que tal vez le diera más a Altagracia de que le daba ella.

Decidió buscar a Rafael para saber porque le había ocultado esto aunque estaba casi seguro que le volvería a mentir. Saliendo de su oficina, pasó por la oficina que le habían designado a Daniel y se dio cuenta que la puerta estaba entreabierta. Llamas no pasaba muchas horas en el bufete y más despues que él y Altagracia habían puesto fecha para su boda. Sin embargo ese día él no solo estaba en el bufete, sino hablaba con alguién. Saúl se acercó y los vio, era Altagracia. Tenían tan pocos días de casados y en otro momento, él no le haría esto, pero ese día estaba molesto. Se detuvo a oír su conversación.

_ No Altagracía, no abandoné ese trabajo desde hoy estaré todos los días en el bufete, solamente necesité tomar unos días para mí. – Le dijo Daniel.

_ Yo te entiendo, Daniel. Solo se me hizo extraño, en tantos años que hemos trabajado juntos jamás dejaste de presentarte cuando te llamo o solucionar los encargos que te pongo.

_ Tú conoces mis motivos. – Él dijo algo molesto.

_ Por favor, no hablemos de eso y menos aquí. – Altagracia le pidió.

_ Aunque no hablemos yo no puedo dejar de sentirlo, está en mi corazón Altagracia. Te quiero y me duele que te hayas casado...

Saúl ya no pudo más con los celos y adentró a la oficina tomado de odio.

_ ¿Cómo te atreves a hablarle así a mí esposa, Daniel? – Le gritó. – ¿Qué te pasa?

Altagracia abrió los ojos como platos cuando lo vio. Saúl tenía la cara roja, las venas saltadas, era como si fuera movido a odio. Ella sabía que no podía jugar con sus celos y nunca quiso dejarlo así y menos con tan pocos días de casados.

_ Tranquilizate, Saúl. Daniel no debió decirme esas cosas... él ya se va. – Altagracia trataba de calmarlo y temía que ella y Daniel pudieran haber hablado algo que Saúl no debía saber.

_ Perdón. – Dijo Daniel por entre los dientes.

Le pidió perdón, pero por dentro el ódio lo conducía, si Altagracia no estuviera ahí, jamás le pediría perdón a Saúl por hablarle a Altagracia de sus sentimientos, después de todo, él había estado en su vida por diecisiete años, mientras Saúl la había abandonado.

_ Es muy fácil pedirme perdón después de que te veo coqueteando a mi esposa. – Saúl dijo esas palabras acercándose peligrosamente a Daniel.

Altagracia se puso entre ellos, preocupada.

_ Vete Daniel. Yo hablo con Saúl.

_ Te voy a dar un aviso, Daniel. ¡Que te quede claro que Altagracia ya no está sola!¡No se le vuelvas a acercar!

Daniel no dijo nada y también no lo encaró. Por Altagracia. Él sabía que ella no le perdonaría si él echaba a perder sus planes. Tanto había hecho para entrar a la casa de Saúl y apenas lo había logrado, no podía hacer nada que ella le reclamaría. Recogió sus cosas y se fue. Saúl se quedó mirando a Altagracia con una nube que ella jamás había visto en sus ojos.

_ Daniel no debío de haberme dicho eso y menos en tu bufete. No quiero que tengas celos, no significó nada para mí.

_ Me imagino que sí.– Dijo Saúl muy sério. – Yo estaba seguro que Daniel estaba enamorado de ti. Ahora, ya no me queda ninguna duda.

_ Así es. Confesó Altagracia. Pero siempre hemos sido solo amigos. – Explicó Altagracia.

_ ¿Y te parece que sigas siendo amiga de un hombre que está enamorado de ti? Por lo que pasó aquí hoy, no le importa que estés casada o no. No me gusta para nada esa cercanía Altagracia y creo que me merezco que me trates con respeto.

_ Estoy muy molesta con Daniel, voy hablar con él y poner las cosas en claro, una vez más.– Le prometió Altagracia. – Sé que no fue correcto lo que pasó, pero entiéndeme Saúl, no es tan sencillo dejar de ser su amiga despues de tantos años. Además, a Daniel le tengo una gran gratitud.

_ No te puedo mentir que no me molesto. Nos casamos y yo te di todo. Sabes que no me gusta Daniel y lo mantienes cerca...

_ ¿No confías en mí?

_ No es nada de eso, Altagracia, pero creo que por mí, por lo menos podrías alejarte un poco de Daniel.

_ Está bien. Tienes razón. – Altagracia se puso de acuerdo. – Estamos empezando una nueva vida y no es justo que se construya sobre mentiras y inseguridades. No tienes porque preocuparte de Daniel, trataré de tener muy poco que hablar con él. – Era algo que le dolía, pero lo haría.

Altagracia se acercó y le besó, pero él aún se mostró resistente.

_ ¿Qué te pasa? ¿Sigues molesto por lo de Daniel?

_ No es un secreto para ti que tengo celos de Daniel. Pero gracias. Me dices que te alejarás de Daniel y, como dijiste, estamos empezando una nueva vida que me está haciendo muy feliz y confío en ti. – Ella lo besó y esta vez, él aceptó.

Saúl no podia controlar sus celos, pero no quería perder a Altagracia.

_ Te amo Altagracia. Te amo, pero tienes que confiar en mí. – Sostuvo su cara entre sus manos cuando le dijo eso.

_ Yo confío en ti, Saúl.

_ Entonces ¿por qué nunca me dijiste que Rafael fue tu abogado cuando estuviste en la carcel? ¿De qué hablaban ese día en la biblioteca? ¿Él te amenazó?

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La SociaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora