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Saúl se asustó, sería una mentira si dijera que no tenía miedo en ese momento. Altagracia y sus hijos observaban la escena desesperados e impotentes. Para Saúl era difícil hacer frente a una situación como esa en frente de las tres personas que más amaba en la vida, a las que se sentía obligado a proteger. Rafael tenía un aire de burla en su cara. El cinismo era parte de su personalidad retorcida y disfrutaba viendo la cara de terror de Saúl y su familia, sobre todo a él.
La envidia hacia Saúl ocupó la mayor parte de su vida, desde que lo conoció. Incluso antes de que Saúl iniciara su romance con Altagracia, Rafael ya sentía esa molestia por la persona que era y del efecto que su presencia provocaba en la gente. Siempre se sintió delegado inferior por Saúl. Lo que había dicho Saúl era correcto: siempre vivió bajo su sombra. Siempre quiso ser como él, tener lo que él poseía, o incluso, quería ser mejor que él.
Sin embargo, el despecho de Rafael creció aún más cuando Altagracia llegó a la vida de Saúl, desde el momento en que el la vio, se enamoró de ella, la deseaba, pero él sabía que ella estaba enamorada de él. La chispa, que salía de la bella mirada de ella al ver a Saúl, su imponente presencia, pensó que con dinero podía comprarla, pero se equivocó con ella se dio cuenta que hay cosas que el dinero no puede darte, por eso él la tomó a la fuerza, para saciar su ego.
Ver a Saúl en su casa, sacando tantas verdades en su cara, consciente de su mezquindad lo hicieron tomar esa actitud extrema de apuntar el arma hacia Saúl en ese momento. Fue la única forma que encontró, para sentirse por una vez en su triste vida, superior a Saúl.
_ Baja el arma, Rafael. – Dijo Saúl moviendo las manos delante de él.
_ Ahora no soy "nada", ¿verdad? – Exclamó Rafael con una leve sonrisa cínica en su rostro.
_ Tío, ¿estás loco? ¡No vas a hacer eso! – Diego se replicó desesperado.
_ Por favor, tío, baja el arma. – Isabela dijo señalando y acercándose a ellos.
_ ¡No lo hagas! – Rafael gritó. – ¡Isabela quédate quieta no te muevas, no te metas en esto! – Dijo con cierta preocupación en la voz.
_ Rafael, baja el arma, ¿Qué más quieres? – Preguntó Altagracia siempre altiva cuando se trataba de ese hombre.
_ Saúl entró a mi casa, casi a las 4 de la madrugada, haciendo acusaciones imprudentes y falsas, Altagracia y qué curioso... – bromeó – ¡tienen que ver contigo! Estoy en mi casa, defendiéndome de un invasor que me gritó calumnias en la cara y además me pegó más de una vez. Tenemos en esta sala tres abogados y los tres sabemos que no va a ser difícil caracterizar como ¡legítima defensa!
_ Tío ¡estás loco! ¿Qué estás diciendo? ¿Quieres matarle a mi papá? – Diego se preocupó al escuchar sus palabras.
_ ¡Fue él quien habló de matarme! ¡Fue él quien me dijo que yo no era nada, me difamó, diciendo varias calumnias sobre mí!
_ Rafael no te dije ninguna calumnia! ¡Eres un cobarde un miserable! ¡Pon fin de una vez a este circo y baja esa arma! – Dijo Saúl, dando dos pasos cortos.
_ Yo no seguiría avanzando si fuera tú. – Gritó Rafael moviendo el arma interrumpiendo el movimiento de Saúl. – ¡Quédate quieto ahí si tienes alguna intención de seguir vivo!
_ No, Rafael, ¡no! No lo hagas – Altagracia rogó y no pudo evitar llorar.
_ ¿Así que, lo amas? ¿Sufrirías mucho si yo disparara esta arma ahora, Altagracia? ¿Esas lágrimas son de temor de perder a Saúl?
_ ¡Por favor Rafael! ¡No lo hagas! – Suplicó Altagracia de nuevo con desesperación.
_ ¿Qué me lo impediría? Ambos jugaron con mi vida. Pensaron que yo no era más que un idiota, siempre pensaron eso de mí, todos estos años. Esta es la oportunidad que tengo de terminar todo y demostrar que yo soy un ganador. Dispararte ahora mismo ¡es lo mínimo que te mereces por todo lo que has hecho en mi contra, Saúl!
_ No tío, ¡no! – Isabela ya no soportaba la presión y corrió frente a Saúl aferrándose a él.
_ Hija, ¡aléjate! – Pidió Saúl extremadamente preocupado por el bienestar de ella.
_ Isabela ¡no! – gritó Altagracia.
_ Isabela te dije que no ¡te metieras! ¡Este es un asunto de hombres! – Gritó Rafael trastornado girando unos segundos el arma.
Diego aprovechó la breve distracción de Rafael y corrió hacia él agarrándolo por detrás. Saúl se soltó de Isabela y corrió a ayudarlo y los tres comenzaron una gran y tensa pelea corporal. Diego y Saúl trataron de arrebatarle el arma de las manos a Rafael mientras él luchaba por la posesión de ella. Esta lucha duró unos pocos segundos pero con mucha tensión, Altagracia y Isabela gritaban y trataban de lidiar con la angustia de ese momento hasta que Rafael le dio un fuerte golpe en la pierna a Diego derribándolo y impacto hizo que Saúl también se alejara un poco de Rafael. Saúl trató de correr nuevamente hacia él para quitarle el arma, pero Rafael fue más rápido y para impedir que se aproximara, disparó.
Una fuerte tensión se formó en la sala durante una fracción de segundo en que la bala salió de la pistola hasta que encontró su objetivo. En las expresiones de todos, se reflejaba la tensión de ese momento. De las manos de Rafael, el arma había sido disparada. Su objetivo era Saúl. Todos hicieron un extraño silencio con el impacto de una persona que se cayó al suelo. Altagracia gritó desesperada y corrió hacia su hija.
_ Isabela! Isabela! Hija ¡Mi pequeña! – Altagracia gritaba tratando de reanimar a Isabela.
Rafael no podía creer lo que había hecho. Isabela estaba tendida en el suelo inconsciente. El disparo efectuado por él le había impactado.
_ ¡No tenía que ser así! ¡No era para ella! – Gritaba Rafael trastornado mientras caminaba en círculos con las manos en la cabeza.
La preocupación tomó a Rafael al ver a Isabela lastimada y por su culpa. Tal vez... tal vez pude haberla matado. "¿Estará muerta?" Se preguntó Rafael. Él siempre había sentido un gran afecto por ella desde que era una bebé, Saúl y Diego no entendían por qué.
Cuando dijo que le daría a Isabela parte de sus acciones fue una gran sorpresa para todos ya que en su actitud de tacaño y mezquino jamás dio nada a nadie y menos sin algo a cambio. Estaba perturbado por lo que había hecho. Quería lastimar a Saúl, no a Isabela, que le disparará fue un grave accidente.
Saúl y Diego se despreocuparon de Rafael al ver a Isabela tendida en el suelo, corrieron hacia ella muy afligidos.
_ ¡Está respirando! – Saúl indicó tranquilizando a todos en la habitación.
Diego sacó su celular y llamó a una ambulancia.
_ ¡Dios mío, Dios mío, Dios mío! Isabela por favor abre los ojos, Isa. – Era todo lo que podía decir Altagracia.
La extremada preocupación de Altagracia por la joven sorprendió a Saúl. Él sabía que ella tenía un gran afecto por sus hijos, pero al verla tan angustiada por Isabela era algo extraño para él. Él no la cuestionó en ese momento por su actitud, él también estaba muy preocupado por lo que le estaba pasando a Isabela. Fueron casi cinco minutos después que ellos reaccionaron y se dieron cuenta que Rafael no estaba en la sala.
_ ¿Dónde está Rafael? – Diego fue el primero en darse cuenta.
_ ¿Él no está aquí? – Se sorprendió Saúl.
_ ¿Se habrá escapado? – Se preguntaba Diego.
_ Es probable. – Dijo Saúl. – Llama a la policía, hijo.
_ Por supuesto. – Diego inmediatamente lo hizo.
La ambulancia y la policía llegaron casi juntas. Saúl y Altagracia acompañaron a Isabela en la ambulancia y Diego se quedó en el lugar para hablar con la policía y explicar lo que sucedió, para ayudar a atender los hechos. La policía buscó a Rafael en la casa, pero no encontró ni rastro de él. Durante la distracción de todos con Isabela herida, él se aprovechó para tomar algo y escaparse por la parte de atrás de la casa. Seguía suelto y representaba un peligro para la familia porque su odio y envidia eran aún mayores ahora.
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La Socia
FanfictionAltagracia y Saúl se vuelven a ver después de 20 años. Este encuentro fue planeado y calculado por Altagracia. Él es el dueño de un prestigioso bufete de abogados, ella la dueña de una joyería muy reconocida que ahora sorprendentemente se quiere hac...
