***
_ Isabela tienes que entender que... – dijo Altagracia tratando de acercarse a ella.
_ Altagracia, por favor... yo no puedo entender nada ahora. – Dijo Isabela alejándose. – Ahora sólo quiero estar sola.
_ Ven Altagracia, vamos. – Saúl la convenció. – Es bueno que ella esté sola, fueron demasiadas confesiones.
Altagracia tuvo dificultad en moverse, pero lo hizo sin dejar de mirar hacia atrás. Cuando salieron de la habitación, Isabela cayó boca abajo en su cama y lloró. Lloró mucho, sintiéndose perdida, disipada, engañada. Todo lo que ella creía, su mundo se vino abajo, su vida era una mentira, no podía manejar la situación.
Del otro lado de la puerta, Altagracia cayó en un profundo llanto. Saúl no podía verla de esa manera, la abrazó. Ella correspondió al abrazo, se sentía tan segura en sus brazos, sólo en sus brazos se sentía así. Lloró durante algún tiempo abrazada a él que también se conmovió, pero más contenido.
_ No me aceptará, Saúl, no lo hará. – Fue lo que dijo cuando por fin consiguió hablar.
_ ¡Por supuesto que te aceptará! – Dijo Saúl acariciándole el pelo. – Isabela es una buena muchacha. Está perdida, confundida, todo su mundo se derrumbó, necesitas entenderla.
_ Yo la entiendo, pero no puedo dejar de sentir miedo. Además, ella está sufriendo adentro de esa habitación, me gustaría ofrecerle todo mi cariño para que ella logre sentirse mejor. Ella es todo lo que yo estaba buscando, es mi razón de viver no tengo nada más, qué haré ¿si no me acepta? ¿Qué voy a hacer si me veo otra vez sola? – Dije mirándolo con el rostro lleno de lágrimas como si buscara seguridad en él.
Saúl estaba muy perturbado. Haber hablado de eso con Isabela, oírla decir que lo amaba, que no había sido solo un juego de intereses y ella tan frágil allí frente a él con ojos suplicantes, llenos de dolor y mostrándose así sola sin nada más en el mundo.
_ No sabes cómo me duele verte sufrir Altagracia. – Dijo volviendo a acariciar su cabello.
Miró su boca y creyó que se perdía. Imprudentemente tuvo ganas de besarla de nuevo, no lograría resistirse a ella tan frágil y tan cerca de él. Estaba tan hermosa, su boca era tan apetecible y estaban tantas emociones. Empezó a acercar su rostro hacia ella cuando su celular hizo una señal desde dentro de su bolso. Ella se alejó, miró el teléfono y dijo:
_ Tengo que irme a mi casa. – Dijo Altagracia recordando lo que habían hablado en la biblioteca.
_ ¿Trajiste tu coche? No lo vi aquí. – Saúl quiso ser gentil.
_ Se descompuso, vine en taxi.
_ Yo te llevo a tu casa. – Se ofreció Saúl.
_ Gracias, pero no es necesario, Daniel está afuera, esperándome. – Eso era lo último que Saúl quería oír.
_ ¿Daniel? No Altagracia, ¡no te iras con Daniel! – Dijo Saúl demostrando irritación.
Altagracia lo miró con una expresión de interrogación. Su rostro todavía tenía marcas del dolor de confesarse con Isabela. Cuestionó la actitud de Saúl:
_ ¿Y por qué no Saúl? ¿Por qué no puedo irme con Daniel?
Saúl no pudo ocultar los celos que todavía sentía de Daniel. Aún podía recordar la primera vez que lo vio, entrando a su oficina con la mano en la espalda de Altagracia. ¿Por qué tenía que tocarla? ¿Por qué Altagracia se lo permitía? Todo a su alrededor parecía desaparecer al ver tal acto, que tal vez solo era una cortesía de un caballero o tal vez era el sentimiento de temor de que el amor de Altagracia le fuera arrebatado, Altagracia era suya, solo suya y nadie puede tocarla.
Su posesividad hacia ella era incontrolable. Pero en esa situación era él quien se sentía en una encrucijada, ¿cómo justificar que no quería que él la llevara? Quería gritarle que su deseo era que se quedara, que durmiera de nuevo a su lado, que calmara su ansia de volver a sentir su cuerpo en sus brazos, de anidarla mientras dormía, de sentir su respiración junto a la suya. Sin embargo todavía estaba el resentimiento, ese sentimiento de traición por sus razones de acercarse a él. No sabía qué decir, pero tenía que impedir que se fuera con Daniel.
_ No me parece adecuado que te vayas con Daniel. – Fue lo primero que se le ocurrió a Saúl.
_ ¿Por qué no Saúl? Qué tontería. No me digas que estás celoso. – Dijo con una media sonrisa en su rostro. Disfrutaba de sus celos, disfrutaba el poder que tenía sobre él, aunque fuera en esa situación.
_ No es eso... – trató de ocultarlo, pero ¿qué decirle si era la pura verdad? Se moría de celos de Daniel. Le causaba desespero pensar que él estaba enamorado de Altagracia y estaría cerca de ella, sola con ella en el coche hacia su casa.
_ ¿Entonces qué es? – Le preguntó sin poder dejar de sonreír, aunque las lágrimas no se habían secado en su cara.
_ Altagracia, tú sabes que Daniel está interesado en ti, no es apropiado que le des esperanzas.
_ Oh, ¿ahora te preocupas por los sentimientos de Daniel? – Le preguntó con ironía.
_ Me preocupo por los tuyos. No quiero que te lastimes. Pese lo sucedido entre nosotros, quiero que estés bien. – Dijo sincero.
_ No te preocupes. Daniel no me hará daño, nos conocimos desde hace diecisiete años y él siempre fue muy cuidadoso con mis sentimientos, no hará nada que me lastime si eso es lo que te preocupa.
Estas palabras, que en teoría, serían para tranquilizar a Saúl, lo que le provocaron fue una inmensa intranquilidad. Sintió que Daniel tenía con ella una complicidad que él nunca había tenido y probablemente nunca la poseería. Ella se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia las escaleras y Saúl corrió tras ella sujetándola fuertemente por el brazo lo que la hizo mirarlo inquisitivamente, incluso podría decir que, casi desafiante.
_ ¡No! ¡No te vas a ir con él, Altagracia! – Dijo Saúl con firmeza.
***
ESTÁS LEYENDO
La Socia
FanfictionAltagracia y Saúl se vuelven a ver después de 20 años. Este encuentro fue planeado y calculado por Altagracia. Él es el dueño de un prestigioso bufete de abogados, ella la dueña de una joyería muy reconocida que ahora sorprendentemente se quiere hac...
