Un alguien, un ex paciente

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Los días pasaron y pasaron, sin importar que yo estuviera bien así fue.
Con ayuda de Jack y de Dani todo parece ir mejor cada vez, sin embargo el sentimiento ahí sigue. Formando un nudo en mi garganta, y una presión en mi pecho.

La alarma suena y la apago de inmediato. Hoy Dani se va y por la temor que esto me cause, así son las cosas. No puedo estar dependiendo de los demás por el resto de mi vida.

Salgo de la cama y me voy directo a la cocina a prepararle su último desayuno antes de ir al aeropuerto y verla partir. Luego de cocinar unas panquecas de plátano, con jugo de naranja y fruta, voy a su cuarto y la lavenato justo a tiempo.

-¡Levantate bruja!- grito y le caigo encima. Era obvio que no iba a hacer de su último despertar en mi casa, algo normal.

-Quítate gusano- me intenta tirar pero me engancho a ella haciéndole imposible está labor.- Bailey eres un hipopótamo bajate.

- No, estás comod...- no termino de hablar cuando Dani gira un poco y hace que ambas caigamos de la cama, ella sobre mi.- ¡Ayuda una ballena que hace hechizos me está encima de mi!.

-¿Ahora quién está cómoda?- se sienta encima de mi.

-¡Quítate cosa!- grito pero ella sólo ríe, hasta que luego de varios gritos más, al fin lo hace.- gracias al cielo ya estaba a punto de ponerme a rezar en nombre de mi muerte.

-No es para tanto- nos observamos e inevitablemente reímos. Ambas nos dirigimos a la cocina y Dani se queda estática al ver el desayuno.- ¿desde qué hora estas despierta?.

-Desde la hora que sea, ahora siéntate a desayunar- la empujó hasta llegar a la barra y ambas sentarnos ahí, una frente a la otra. El desayuno sólo se puede resumir en risas, miradas tristes pero que de inmediato se desplazaban por carcajadas, y suspiros que sólo decían una cosa: "es hora de separarnos".

Las horas pasaron como agua entre los dedos y sin así quererlo ya estoy frente a Dani mientras me despido para verla partir. No es seguro que la vuelva a ver en corto tiempo pues ambas tenemos nuestros asuntos y ella una agenda más apretada que la mía.

-¿Estarás bien?- me examina.

-Puedes estar segura de ello- la intento tranquilizar pero su seño sólo demuestra que no funciona.

-Cualquier emergencia me marcas, si te sientes sola, o mal, no dudes en llamarme, no importa la hora, por favor hazlo, y cuando estés bien también hazlo.

-Dani parece como si yo me fuese a ir.

-Lo sé, pero ya sabes... estoy preocupada por ti.

- No deberías de- le doy una sonrisa honesta.- no es la primera ni la última vez que Alex me ha hecho daño, y tampoco la primer vez que salgo adelante.

-Te quiero mucho Bailey- me abraza con fuerza y le correspondo uno de aquellos abrazos que deseas jamás terminen.

-Vuelo doce con destino a Alemania favor de abordar- anuncian.

-Es hora- musito con un nudo en mi garganta.

-Así parece ser- ambas nos observamos pero ninguna se aleja.

-Cuidate mucho Dani, y de verdad gracias por simplemente acordarte de mi y hacer el esfuerzo de venir hasta acá.

-Eres mi mejor amiga, tontuela, no lo olvides.

Vuelvo a abrazarla para luego verla partir. Me espero a que su avión salga y sólo observo como despega.
Una melancolía gigante me aborda y es de entender, pues en estos días tan difíciles la única persona que logró levantarme fue Dani, me mantenía distraída y ocupada gracias a ella, Alex parecía un tema que no dolía tanto gracias a Dani, sin embargo ahora que vuelvo a ser sólo yo y tal vez Jack en algunas de mis actividades, parece sentirse su ausencia.

Tomo un taxi regreso a casa y sólo puedo pensar en lo que haré ahora que Dani no está, Jack trabaja, y no tengo amistades en Inglaterra más que las enfermeras que seguro es tan con su familia o descansando. Estoy sola, y el nublado día parece estar de acuerdo con mi estado de ánimo.

Llegó a casa y se siente fría y sola. El viento avisando la tormenta azota mis puertas y ventanas y aprovecho para cerrarlas, estoy por cerrar las cortinas pero Dani regañandome por tanta oscuridad viene a mi mente y mejor las dejo abiertas.

Voy a la cocina y me preparo un té para ponerme comida en mi sofá y poner una de mis películas favoritas, pero aquella que me haré tantos recuerdos: La chica Danesa.

Voy a la mitad de la película cuando mi celular suena e interrumpe.

-Bailey Cooper, ¿quién habla?.

-Buenas tardes señorita Cooper, soy el doctor de Alex.

Un mal presentimiento se asienta en mi y de inmediato me siento para escuchar con atención. Mis nervios se ponen de punta y puedo escuchar mi corazón latir con fuerza.

-Buenas noches, ¿pasa algo?.

-Realmente nada malo, le mandé un correo con el comunicado pero al ver que no lo leyó preferí llamar, perdón si interrumpi algo.

-No... No hay problema- intento tragar pero mi vida está seca.- ¿Cuál es el motivo de la llamada?.

-Cierto, lo siento, sólo es para comunicarle que a partir de mañana volverá a presentarse en su horario normal, no más guardias nocturnas, no exteriores.

-¿Qué quiere decir?.

-El paciente Alex, se ha dado de alta el día de hoy hace unas horas, ya no es más cargo del hospital, ni suyo.

-¿Quiere decir que Alex no estará más en el hospital, pero si en la ciudad o cómo?.

-Respecto a la ciudad, no lo sé, por decirlo así, Alex no es más que un alguien que estuvo en algún momento en ese hospital....

El suplicio de BaileyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora