Tenias razón, Alex

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Manejo a toda velocidad con las lágrimas nublando mi vista y los sollozos robado mi respiración.

Escuho mi móvil sonar y mi corazón parece hundirse cuando leo su nombre en la pantalla. Silencio el movil y continuo manejando. Llego a casa y de inmediato me hundo en las sábanas mientras lo saco todo. Esto se siente peor que el comienzo, antes sentía haber perdido una parte de mi, ahora estoy perdida completamente.

Mi garganta harde, mi cabeza punsa, mis ojos duelen, sigo sollozando en la oscuridad, pero ya no hay más lágrimas por derramar. La soledad me baña por completo y siento un vacío en mí.

Tal vez Alex es mucho para mi, probablemente él nunca fue el del problema sino yo. Siempre ha hecho lo mejor para mi, cuando piensa en algo, estoy yo primero, y luego, mucho después, está él, y si yo no tengo la capacidad de amarlo así, no quiero ser quien le impida encontrar a alguien que si lo ame con la intensidad que el merece.

Me levanto de la cama y voy de un lado a otro sin saber que hacer. A veces siento ser yo una carga para él, algo que no le deja seguir, alguien que le sigue recordando el pasado, y no quiero esto para ti Alex. Me adentro en la ducha y cuando salgo observo en el espejo epañado una pequeña foto de nosotros dos, la tomo entre mis dedos y limpio de inmediato las lágrimas.

-Te amo Alex, pero se que te estoy jodiendo.- voy a la habitación y saco mis maletas las observo una y otra vez intentando convencerme de que esto no es lo mejor, pero no quiero quitarle más a Alex. Las hago de manera apresurada y luego de vestirme las cierro. Tomo una hoja y una pluma e inicío a escribir. Dejo la tinta deslizarse por el papel mientras me detengo continuas veces para limpiar las lágrimas que no me dejan ver. Tomo la carta y las maletas y me dirijo a la puerta, guardo en el bolsillo de mi chamarra la foto con Alex y dejo la carta en el lugar donde van las llaves, sobo mi anillo de compromiso y lo deslizo por mi dedo hasta tenerlo en la palma de mi mano, lo dejo arriba de la carta y salgo.

Alex

-Maldición.- Vuelvo a donde Jen, quien me observa preocupada.

-¿Estás todo bien?.- niego mientras busco el contacto de Bailey.- ¿puedo ayudar en algo?

Le marco y no escucho nada más que mi corazón latiendo con velocidad. Siento sudor frío correr por mi espalda y una nauseas incomprensibles me atacan. 

Inicio a escribirle mensajes de texto con la desesperación a flor de piel, pero ni siquiera me aparecen como recibidos. Tomo con fuerza el teléfono entre mis maos e intento respirar. 

-Vamonos.- de inmediato ensiendo la motocicleta y ella sube en la parte trasera. Sé lo que debe estar pensando Bailey, y  no, nadie, nunca podrá tener su lugar o uno parecido. Le pertenezco a ella tanto como ese puesto.

Acelero y siento como Jen se tensa a mis espaldas. Ella y Bailey son las únicas personas de mi vida juvenil que aún prevalecen e mi vida, ¿la diferencia?, que Bailey no tiene una TOC, y no estuvo en el mismo centro de rehabilitación que yo cuando joven. 

-Alex, tranquilizate por favor.- la esucho suplicar a mis espaldas y lo inteto, pero es imposible tratandose de Bailey.- Alex si sigues así alguien puede salir dañado.

-¿Por qué quieres hacer esto?- cuestiona el médico.

-Amo a alguien, pero temo.

-¿Qué temes?

-A mis impulsos, a la intensidad del sentimiento, temo joderla, o hacerle daño.

Freno de inmediato al recordar esa cita con el médico e intento tranquilizarme.

-Lo jodi todo Jen.- trago el nud en mi garganta.- siempre temí hacerle daño y por muchos años la jodi, por mucho tiempo fuí yo el motivo de sus desvelos, de s llanto, de su desmotivación.

El suplicio de BaileyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora