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2017,
Horas en el atentado,
El sonido de los puños encontrando y deshaciendo la piel de la chica, seguía resonando en los oídos de Dan, el que llevaba a la víctima de la cintura camino al baño de aquella casa abandonada en la ya había corrompido y usado una gran parte del cuerpo y alma de la joven.
Con el hecho de solo estar llevándola así, incómoda y apresuradamente, sabía que el dolor en ella aumentaba cada vez que sus pies impactaban contra el suelo, le dolía estar de pie, le dolía incluso si él la llevaba. No supo si estaba tratando de no quejarse para que así no la golpearan por el ruido, o si lo hacía por la fuerza que tenía, la que le quedaba, pero durante el trayecto hasta el baño, mientras más la veía, más parecía como si mordiera su propia voz antes de que esta saliera.
Dando notó algo más, cómo en la forma y tiempo en la que se alejaban del resto, la chica no dejó de ver hacia hacia donde Trevor estaba con sus puños apretados, chorreando de sangre; sus labios rotos por la fuerza de cada bofetada que este le dio, y la forma en la que la lastimó con el alambre de hierro o con el propio vidrio y los cigarrillos. Todo se leía en sus manos, tanto como lo que se leía en ojos de esta. Lo que aquella sentía por el Trevor, era verdad.
Una chica cuyo amor, permitiría que Trevor hiciera y deshiciera todo lo que quisiera con ella. Cada golpe sería un beso, cada bofetada sería un abrazo, cada patada sería una forma nueva de respirar.
El dolor en su interior era más grande que el de su cuerpo, pues ella estaba enamorada.
Vaya que lo estaba.
¿Qué fue lo que hizo para acabar aquí? En esta situación donde a diestra y siniestra, se había defendido de forma sorda, ciega e insistente, sin lograr nada. Yves la había descrito de otra forma, pero era evidente que ella no llenaba nada de esa exposición.
No la conocía, pero sí que había notado cómo Trevor la tocaba con sus solas pupilas.
Y de cómo Trevor la tocaba con delicadeza con tan solo tres segundos de su mirada sobre ella, sin nunca acercarse, sin nunca tocarla en verdad, no, hasta hoy, no hasta que la colocó sobre la mesa de la bodega abandonada, contra la pared donde ayudó a acorralarla, con el vidrio de las botellas que quebraron, con los cigarros que el resto le extendió, con estrellar sus costillas contra las escaleras, mientras la subía, la arrastraba y la torturaba al centro de los ojos de todos.
Los gritos de la chica fueron fuertes al principio y conforme el dolor aumentó, estos disminuyeron, podría jurar cada uno de sus gritos estaban hechos para los oídos del resto, mientras que las suplicas de que parara, le pertenecían solo a Trevor. Aquellos ahogados suspiros, eran solo por Trevor.
El hedor y la humedad del lugar se concentraban con mayor fuerza ahí, donde estaban ahora, solos, donde la dejó en la tina, donde pensaba dejarla debajo del agua, sola, pero justo cuando empezó a inclinarse, el grito de esta retumbó en su oído izquierdo. Su torso había crujido. No, sus costillas, algo cerca de sus pulmones, y muy abajo, cerca de su cadera.
Dan la vio mejor cuando la terminó de colocar dentro de la tina.
Uno de los ojos de chica, estaba prácticamente cerrado por los golpes que había recibido en esa área, estaba inflamado, sucio, morado y rojo; sus labios, sobre todo el inferior, tenía tres mordidas, varios cortes y resultados de las bofetadas que ocurrieron una detrás de la otra, la boca no dejaba de sangrarle, por dentro y por fuera; tenía golpes en ambos pómulos; la frente le sangraba, ahí también tenía varios cortes de vidrio y hierro, más abajo, por su cuello, la marca de las manos de Trevor al ahorcarla y las mordidas de Grey cuando la violó la primera vez, quedaron ahí, por debajo de los cortes. Todo el resto de su cuerpo escondido por su arruinada ropa, ondeaba y ensuciaba el agua.
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Seis
Misteri / ThrillerX, J, G, D, Y, T. Las iniciales de las seis personas que le hicieron lo imperdonable. Los nombres de las personas que deben pagar por lo que le han hecho. Nadie los culpó, porque nunca nadie se enteró del crimen que cometieron contra Layi BerryCl...
