4. Encuentro Explosivo

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Advertencia:
Quizás odien a alguien...

—Pi-Pi-Pi-Pi...

—Me dijiste que le cambiarías el maldito sonidito —gruñó Cece desde las profundidades de las sábanas, sepultándose de mala gana la cabeza bajo una de sus muchas almohadas.

—Cállate y vuelve a dormir —le respondí mientras me incorporaba de un salto.

Antes de avanzar al baño, me agaché para recoger su muñeco de peluche, que en algún momento de la noche había naufragado en el suelo, y se lo arrojé directo al bulto de cobijas.

Mi parte favorita del día siempre era la ducha caliente. No sé qué efecto exacto producía el vapor en mi cuerpo, pero al cruzar la puerta del baño sentía que entraba como una uva pasa y salía transformada en una uva fresca y reluciente. El aroma a rosas del acondicionador que Blake me traía de París cada vez que cubría las pasarelas de moda me envolvía por completo, garantizando que saliera de la ducha de excelente humor. Con la bata de toalla bien ceñida a la cintura, caminé hacia la ventana para descorrer las cortinas, permitiendo que la tibia luz del sol inundara cada rincón de la habitación.

Estaba a nada de recitarle un discurso motivacional a Cece sobre cómo levantarse temprano modificaba positivamente tu perspectiva de la vida, cuando los acordes de "City of Blinding Lights" de U2 hicieron vibrar mi teléfono. Esa melodía en específico solo significaba una cosa.

Deslicé la pantalla para contestar y pegué el auricular a mi oído.

—Buenos días. ¿Me comunica con una preciosa chica que me tiene completamente abandonado, por favor? —articuló la voz masculina, rasposa y madura del otro lado de la línea.

Al escucharlo, mi corazón dio un vuelco de pura emoción.

—¡Hola, papá! —le saludé con una sonrisa vibrando en mi voz—. Sabes perfectamente que no te abandono, simplemente te concedo el privilegio de tener tu propio espacio.

—¿Así que ahora se le llama "espacio"? —replicó con un tono de fingida melancolía.

—Ya, dramático. Tú fuiste el que se marchó a un viaje de negocios transatlántico y me dejó sola en Nueva York para Año Nuevo. Pero bueno... mejor dime cómo estás tú, Blake y mi hermano.

—Todos de maravilla, linda. Oye, te llamo rápido porque tengo la agenda apretada. Hoy tengo una comida de negocios muy importante en la ciudad, a las dos de la tarde. ¿Quieres acompañarme? Si te apetece, podemos quedarnos a charlar los dos solos después del postre... ¿Crees poder hacer un espacio en tu calendario?

—Amm... no lo sé, tendría que revisar mi agenda del día, tengo demasiados pendientes... —bromeé.

Una risita cómplice se filtró por el auricular. Él sabía de sobra que me fascinaba escoltarlo a esas reuniones. Aprender el arte de la negociación directa, observar cómo leía los hilos del mercado y descubrir lo que el cliente realmente deseaba, representaban oportunidades de oro para una futura heredera como yo. Algún día tendría que ponerme al frente de Edevane Construction Company yo sola, así que aprovechaba cada oportunidad para absorber su experiencia.

Mi padre captó de inmediato el "sí" implícito en mi tono.

—Muy bien, señorita Edevane. En un momento te envío la ubicación exacta. Linda, debo colgar, los inversionistas me esperan; pero te dejo un concepto en mente para que vayas saboreándolo: "Centro artístico sustentable" —susurró con evidente entusiasmo—. Nos vemos por la tarde. Te quiero.

Todo lo que buscaba Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora