33. Mr Jacob Darcy

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Dato curioso: Es mi película favorita... Disfruten.

Estábamos en el dormitorio probándonos nuestros mejores atuendos para la actuación de Jacob en el teatro de Yale. Cece se medía uno de mis pocos vestidos cortos; se examinaba en el espejo debatiéndose si debía usar medias o dejar las piernas al descubierto. Más allá del clima primaveral, su verdadera duda era si Kenzo la dejaría salir así el resto de la noche sin enviarla de vuelta a cambiarse por puro instinto protector.

Yo me terminaba de retocar el maquillaje cuando tocaron a la puerta. Como Cece se retorcía intentando subir el cierre de su espalda, fui yo quien se apresuró a abrir. Lo que nunca esperé encontrar del otro lado fue a nuestra confiable y adorable asistente de la compañía, Mackenzie.

—Hola, Alessa, buenas tardes. ¿No interrumpo? —saludó muy animada.

—Para nada, pasa. Me da mucho gusto verle. ¿Vienes por lo de la propuesta de la remodelación de la cocina? Pensé que lo arreglaríamos por teléfono para ahorrarle todo el viaje.

—Sí, Alessa, pero la verdad es que tu papá planeaba trabajar hasta tarde en la oficina y tenía miedo de que me escuchara o viera algo sospechoso. Preferí venir en persona; además, vi en tu agenda que estarías ocupada hasta tarde en el campus.

Le señalé la sala y ella entró con toda la familiaridad del mundo, dedicándole una mirada curiosa a cada rincón del lugar.

—Perdona que te pida que todo esto sea estrictamente confidencial. La verdad es que fue un accidente y no quisiera que papá me bombardee con un interrogatorio —le confesé, un tanto apenada mientras caminaba tras ella.

Al sentarse en nuestro sillón repleto de cojines de colores, comenzó a abrir su bolso, el cual estaba impresionantemente ordenado; el auténtico sueño de cualquier mujer ejecutiva.

—Se aprobó sin ningún problema el proyecto —me dijo, sacando su laptop de una funda protectora—. Cuando le comenté al departamento de remodelación que era una solicitud urgente de tu parte, no pudieron negarse. Estas son algunas muestras en 3D que adaptaron a las medidas aproximadas que me hiciste llegar. —Cargó los archivos desde una memoria externa para mostrármelos—. Solo es cuestión de que elijan una opción y se realice el primer pago para los materiales.

—Perfecto. Son hermosas. Y respecto al pago, cúbrelo por completo con mi sueldo de este mes —le pedí, mientras recorría con la vista las proyecciones en la pantalla. Como le había dibujado la estructura original de la cocina de Charles, el diseñador pudo adaptar a la perfección las dimensiones modernas que solíamos ofrecerle a nuestros clientes de alta gama.

—¿Estás segura? Puede que haga falta un poco más —advirtió Mackenzie—. Recuerda que van a realizar un trabajo muy elegante en tiempo récord, lo que implica pagar horas extras.

—Entonces tómalo de mis comisiones pasadas, están casi intactas. Si preguntan en contabilidad la razón del gasto, diles que yo ocasioné el daño y debo compensarlo. Además, con una buena caja de chocolates o de nueces puedes comprar el silencio del contador. Por favor, procura que la identidad del cliente se mantenga en absoluto secreto. Ni una sola palabra a mi padre.

—Como desees, Alessa. Me encargaré en persona de que los obreros comiencen la próxima semana.

—Muchísimas gracias, Mackenzie. Te debo una gigante.

—En realidad ya me debes varias... así que lo sumaré a la lista —bromeó.

Le tomé la mano en señal de profundo agradecimiento. Ella era, sin duda, una de las personas en las que más confiaba dentro de la empresa.

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