Cuando comenzaron a instalar las grandes parrillas para las hamburguesas y a disponer los largos troncos de leña en un círculo perfecto, comprendimos al fin por qué nos habían estado presionando tanto para recoger temprano las herramientas de la construcción. La comunidad del pueblo nos había organizado una sorpresa: una noche de fogata, bengalas y baile tradicional.
El plan sonaba sumamente tentador, pero yo ya tenía una cita agendada con Charles. Al llamarle a mediodía para ponerlo al tanto de los planes locales, él insistió caballerosamente en que me quedara a disfrutar con mis compañeros de la facultad; sin embargo, recordaba lo sensible que había estado el día anterior y no quería avivar sus inseguridades. Además, cuando planeamos este viaje, ambos guardábamos la ilusión de compartir tiempo a solas y, hasta el momento, las cosas no habían salido del todo bien. Me contó que el jardín trasero de su hotel disponía de una zona de fogatas privada, así que preferimos encender nuestro propio fuego. Además, me moría de ganas de que él y Stella conocieran oficialmente a Cinna.
Mientras las chicas de mi camper se esmeraban en vestirse con las mejores prendas de sus maletas para salir a coquetear un rato, yo opté por la comodidad: me enfundé en unos pants cómodos y un suéter largo de estambre ideal para resguardarme de la brisa nocturna en nuestra fogata especial. Aproveché que la mayoría de los autos aún no bloqueaban la salida para encender el mío y partir de inmediato al encuentro con Charles.
Antes de ir al hotel, pasé a recoger a Cinna a la estética canina. La estilista que lo atendió me reveló un par de detalles entrañables; me contó que sus anteriores dueños solían llevarlo con ella y que su verdadero nombre era «Cinnamon», haciendo honor a su precioso pelaje color canela. También me explicó que, tras la devastadora inundación, la familia se vio obligada a mudarse a Texas; la habían llamado desesperados para que lo buscara y lo trasladara a un refugio de mascotas, pero la búsqueda en su momento no rindió frutos.
Al enterarse de que yo lo adoptaría formalmente, la mujer se emocionó tanto que le obsequió una placa nueva grabada con mis datos de contacto, una camita acolchada y un precioso pañuelo para el cuello. Ahora que Cinna tenía de nuevo un hogar y alguien a quien pertenecer, su mirada lucía radiante de felicidad. Solo esperaba que mi padre y Blake reaccionaran con la misma alegría cuando se lo llevara a casa para que le hiciera compañía al travieso de Luca.
Al llegar al hotel, pregunté en la recepción por la ubicación del jardín trasero y una joven camarera me indicó el camino. En realidad, no era un jardín convencional, sino un espacio despejado con el perímetro perfectamente empastado y ambientado con enormes maceteros iluminados. En el centro se abría un pequeño anfiteatro circular de dos niveles que descendía hacia una fosa de fuego. Entre el primer y el segundo escalón se habían dispuesto mullidos cojines con los colores institucionales del hotel.
Antes de empujar la puerta de cristal que daba al exterior, llamé a Charles por teléfono. Desde mi posición, escondida tras un pequeño muro para evitar que me descubriera, lo vi concentrado acomodando los elementos para que todo luciera impecable.
—Hola, Alessa. ¿Ya llegaste? —preguntó de inmediato, con una impaciencia encantadora y la sonrisa más ilusionada del mundo flotando en su voz.
—Ya casi —respondí, mordiéndome el labio para contener la risa.
—Perfecto, porque te tengo una sorpresa preparada.
—¿En serio? Yo también te tengo una. Solo espero que no sea una sorpresa demasiado íntima, porque esta noche vengo acompañada... —Apenas terminé la frase, tapé la bocina con la mano para ahogar una carcajada. En cuanto Charles escuchó la palabra «acompañada», dio un respingo, tomó a toda prisa la botella de vino espumoso que tenía lista y buscó desesperadamente un escondite; ante el limitado espacio, optó por envolverla apresuradamente con una manta.
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Todo lo que buscaba
Romance¿Te ha pasado que la vida perfecta solo funciona bien en tu mente? Yo era experta en coleccionar desilusiones de ese tipo. Pensaba que el futuro de ensueño que me esperaba después de la graduación -ese que mi familia había diseñado minuciosamente pa...
