¿Les gustaría saber como se conocieron todos los chicos?
Este capítulo les encantará.
Disfruten
...
Después de ir otra vez al teatro a aventarle decenas de flores al señor "Jacob Darcy", nos fuimos a celebrar a nuestro restaurante de siempre.
Por petición especial de Kenzo, llevaron a nuestra mesa una enorme bandeja de brochetas de carne. Al verlas deliciosas y humeantes, nos emocionamos; lo que no sabíamos era que venían con trampa. Tanto él como Michel nos habían preparado una ruda emboscada emocional.
—Para poder obtener su deliciosa brocheta con lo que parecen ser enormes y jugosos cubos de carne Kobe —anunció Michel, torciendo una ceja con malicia—, tienen que decir lo mejor y lo peor que les pasó durante toda su estadía en Yale. ¿Quién empieza?
Y es que, aunque todos ya conocíamos nuestras historias, repetirlas y burlarnos de nosotros mismos era una especie de humillación masoquista que nos encantaba. Nos miramos unos a otros buscando al primer valiente. Aunque siempre aparentábamos ser puro espíritu de fiesta, los asuntos personales nos ponían de lo más sensibles. Sin olvidar que Michel era un experto en escarbar en nuestras debilidades.
Kenzo, tan decidido como siempre, se aclaró la garganta para llamar la atención.
—Lo mejor que me pasó en Yale fue encontrar un refugio tranquilo donde pudiera escapar del huracán que siempre hubo en mi casa. Una parte de mi corazón se la lleva el equipo de futbol, y la otra gran parte... pertenece a todos estos perezosos que tengo por amigos —frunció el ceño, mirándonos como si fuéramos un caso perdido por no acompañarlo jamás a hacer ejercicio. Era evidente que intentaba mantener el tono divertido para que no empezáramos a llorar desde la primera ronda.
—¿Y lo peor? —preguntó Cece con una dulce voz, completamente absorta en el rostro de su novio.
—Bueno, me han pasado muchas cosas malas: perder campeonatos, reprobar exámenes, las pesadas bromas del equipo... Pero la peor de todas, definitivamente, fue no haberte conocido desde el primer día.
Se le veía tan enamorado de Cece, y ella de él, que era obvio cómo se habían cambiado la vida mutuamente. Michel, con una sonrisa de satisfacción, le entregó su jugosa brocheta.
—¿Quién sigue?
—Yo —dijo Cece, usando un tono inusualmente bajo—. Lo mejor y lo peor que me pasó estuvo relacionado con mi padre. Como saben, nunca fui una alumna estrella, y cuando le ofrecieron al futuro gobernador la oportunidad de ingresar a su única hija a la facultad de medicina, no dudó ni un segundo en presionarme en vez de dejarme elegir. Al principio pareció que nuestra relación mejoraba, pero luego empeoró porque yo no tenía ni idea de qué estaba haciendo allí. Él quería que me involucrara al cien por ciento en la política estudiantil y yo solo pensaba en las fiestas. Nunca imaginé que la que organizamos en la segunda semana se saldría tanto de control como para que casi me expulsaran...
Todos nos reímos con complicidad. Aquella megafiesta había terminado con paramédicos y dos chicos cubiertos únicamente con crema batida; además, había sido el escenario donde todos nos conocimos. Cece suspiró aliviada y torció una sonrisa traviesa.
—Jamás olvidaré cómo amanecimos más de cincuenta personas en la azotea de la biblioteca.
—Nadie lo olvidará, guapa. Apareció en varios periódicos —apuntó Michel.
—¡Exacto! —Cece contuvo la respiración, poniéndose roja, hasta que finalmente liberó un grito que hizo eco en el lugar—: ¡Yo soy Cece Williams y nunca voy a cambiar!
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Todo lo que buscaba
Roman d'amour¿Te ha pasado que la vida perfecta solo funciona bien en tu mente? Yo era experta en coleccionar desilusiones de ese tipo. Pensaba que el futuro de ensueño que me esperaba después de la graduación -ese que mi familia había diseñado minuciosamente pa...
