Quienes veían pasar al profesor Charles Richmond observaban a un hombre más seguro, relajado y, me atrevo a decir, al hombre más feliz del mundo. Los rumores de que salía con alguien no tardaron en circular por el campus, y el absoluto anonimato de la "afortunada" los hacía aún más inquietantes. Era verdad que andaban muchos corazones rotos por ahí, y otros tantos desesperados; aun así, nunca antes había sentido el placer de tener algo tan valioso como ser la dueña del corazón de Charles.
Se acercaban las vacaciones de primavera y, mientras el resto de la escuela planeaba visitar a sus familias o asistir a impresionantes eventos sociales, mi grupo de arquitectura y yo planeábamos un viaje a un poblado cerca de la ciudad de Baltimore. El plan no incluía pasar el día entero viajando en bote o asolearse en la playa: nos esperaban casi dos semanas de intenso trabajo de construcción. Qué emocionante, ¿verdad?
Milo Danes nos dio más detalles sobre el viaje durante su clase. Fue agradable percibir de su parte una vibra estrictamente profesional. Resultaba tranquilizador saber que la pequeña chispa que pudimos haber avivado en el pasado nunca encendió, y que su entusiasmo por el proyecto le levantaba el ánimo. De cualquier forma, le di el número de Mackenzie para que se pusiera de acuerdo con ella sobre todos los detalles de la logística; prefería evitar a toda costa pasar tiempo a solas con él.
El día que fui a trabajar a la cafetería, les advertí a Maggie y a Bill que verían al profesor más seguido por su negocio. No se molestaron en absoluto, como yo temía de alguna manera. Su excelente actitud me albergó la esperanza de que, tal vez, mi familia tampoco reaccionaría tan mal cuando supieran la noticia. O, al menos, eso era lo que quería creer.
El jueves hubo cena en casa de la abuela y, en general, me fue bastante bien, sobre todo porque le enseñé las fotos de la fiesta. A pesar de que la temática le pareció algo exagerada, no dejaba de repetirme lo bien que me veía con el atuendo que me había confeccionado Blake, elogiando cómo mantuvo la modestia y el buen gusto para mi imagen como heredera de los Edevane. Luca se disgustó un poco conmigo por no haberlo invitado, pero le aseguré que era un evento exclusivo para adultos y le prometí llevarlo de viaje a la India más adelante, para comprobar en persona lo majestuosa y colorida que es su cultura. Realmente ansiaba la oportunidad de viajar lejos, y más ahora que mi novio conocía prácticamente todo el mundo.
[...]
Cuando vas siempre acelerada y corriendo contra el reloj, no percibes los pequeños regalos que la vida te da. Detalles como la impresionante escala de colores cálidos que pinta un amanecer, el aroma a hierba fresca en el camino, las peculiares facciones de los pájaros que cantan frente a la ventana o las sonrisas bobas que, de manera involuntaria, empezaban a hacerse comunes en mi cara con tan solo pensar en él.
Manejaba de camino a la construcción de la galería ecológica, como casi todos los sábados por la mañana, para supervisar la evolución del proyecto. Al llegar, me sorprendió lo corto que se me había hecho el trayecto del día de hoy; de hecho, era aún más sorprendente haber llegado sana y salva a mi destino, ya que, aunque mantenía los ojos en el camino, mi mente estaba en otro lugar completamente distinto. Usualmente aprovechaba estas pequeñas fugas de tiempo para repasar mi agenda, crear nuevos diseños o recordar momentos valiosos. Ahora, solo pensaba en qué cosas podía hacer con él. Se me ocurría ir a escalar en roca, asistir a más clases de cocina —para mí, obviamente— y la idea de experimentar un viaje largo a su lado era la que me emocionaba más; tanto que hasta se me erizaba la piel.
Cuando entré al recinto, vi la camioneta de la compañía estacionada al frente, la cual era de uso exclusivo de papá. Traté de recordar si la noche en casa de la abuela me había mencionado que vendría, pero no había comentado nada. Quería sentirme tan emocionada como antes, aunque sabía perfectamente que me costaría hablar con él sin ser completamente honesta. Hice un par de respiraciones profundas antes de cruzar la puerta. Debía concentrarme y actuar natural. Solo sé tú misma, me repetía.
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Todo lo que buscaba
Romance¿Te ha pasado que la vida perfecta solo funciona bien en tu mente? Yo era experta en coleccionar desilusiones de ese tipo. Pensaba que el futuro de ensueño que me esperaba después de la graduación -ese que mi familia había diseñado minuciosamente pa...
