Obligatorio leer escuchando la canción. Es una de mis favoritas.
Ya le había avisado a Mackenzie que en esos días iría a supervisar el proyecto de la galería ecológica, pero al parecer se le olvidó comunicárselo a papá, porque el lunes temprano vi su inconfundible camioneta estacionada al frente. Al entrar al edificio, comprendí que las fotos y los reportes que me habían mandado no le hacían justicia a lo que estaba ante mis ojos; prácticamente ya estaba listo. Habían instalado todos los servicios, terminaban de pintar y colocaban la vidriería y las luminarias. Era una belleza. Antes de la inauguración oficial, llegarían las pinturas y esculturas que le darían personalidad al lugar. Con razón Rick y Joshua estaban anunciando por todos los medios la apertura en dos semanas.
Con menos trabajadores rondando por ahí, se escuchaba la fuerte voz de mando de papá haciendo eco desde la planta superior. Subí a toda prisa por las elegantes escaleras hasta que nos encontramos. En cuanto me vio, despachó con un gesto de la mano a los dos hombres que lo rodeaban y me abrió sus fuertes brazos.
—Linda, ¿Qué haces aquí?
—Más bien, ¿tú qué haces aquí? Este es mi proyecto, no lo olvides.
—Lo sé, pero estás por graduarte. Deberías estar haciendo cosas de graduados.
—Te prometo que usaré esa excusa pronto, pero por el momento, déjame terminar esto, ¿sí?
—Está bien.
Me miró con tanta alegría y orgullo que de inmediato sentí una punzada desgarradora por todas las cosas que le había estado ocultando. Él era como mi mejor amigo y siempre había sido completamente honesto conmigo; lo menos que merecía era esa misma honestidad de mi parte, aunque por dentro yo estuviera ardiendo en nervios. «Ya es hora, Ales».
—Oye, papá, aprovechando que estás aquí... debo decirte algo que no merecía ser contado por celular —le dije, intentando ocultar el temblor en mi voz.
—Dime, hija. —Oh, no. Esos brillantes ojos azules se iluminaron llenos de ilusión. Me dolió tanto saber que iba a lastimarlo. Me sentí una completa cobarde, como si no pudiera soportarlo.
—Antes que nada, prométeme que, escuches lo que escuches, no te vas a enojar conmigo.
—¿Tan grave es? —preguntó con una sonrisita, como si se tratara de una broma. Casi nunca le daba malas noticias, así que su reacción era natural.
—No es grave, ni malo; solo es diferente.
Mi rostro aterrado empezó a contagiarle la seriedad del asunto. Poco a poco, la diversión abandonó sus facciones al darse cuenta de que iba en serio.
—De acuerdo, lo prometo —cedió con una pizca de sospecha.
—Bien. Tal vez ya te has dado cuenta de que he estado ahorrando. Nunca he sido de las que gastan mucho, y mi sueldo mensual lo guardo casi íntegro. La verdad es que quería comprarme un departamento en la ciudad al terminar la escuela, en vez de volver a vivir a tu casa.
—Pero si te encanta ir, y a nosotros nos fascina que nos visites —respondió, casi ofendido.
—Exacto, de visita... Cuando es por poco tiempo, nadie dice que no, pero establecerme permanentemente ahí sería raro para mí. En serio quiero iniciar mi camino en mi propio espacio.
Lo pensó un momento y, con una tenue sonrisa, terminó por darme la razón.
—¿Y ya viste alguno que te guste?
—Sí, pero con lo de la sociedad con Morrison mi presupuesto se vio bastante afectado, así que la compra de un inmueble tendrá que esperar un tiempo.
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Todo lo que buscaba
Romance¿Te ha pasado que la vida perfecta solo funciona bien en tu mente? Yo era experta en coleccionar desilusiones de ese tipo. Pensaba que el futuro de ensueño que me esperaba después de la graduación -ese que mi familia había diseñado minuciosamente pa...
