Le invertí tanto a los siguientes capítulos que siento que la abuela Edevane también me dio una invitación.
Espero también los disfruten y se dejen llevar...
Tal como la abuela lo había exigido, llegué puntual a la recepción del hotel en compañía de Cece y un par de maletas pequeñas.
Cada año, la Gala Edevane se celebraba en el mismo recinto: un majestuoso hotel de fachada colonial e interiores desbordantes de lujo. Su salón de eventos era único en todo el estado, célebre por una arquitectura imponente que integraba con maestría áreas verdes y fuentes de piedra. Tras un almuerzo ligero en el que la tensión ya se respiraba en el aire, nos dirigimos al gran vestíbulo para ensayar la pomposa entrada familiar, como si formáramos parte de la realeza europea.
Cece se burlaba cada año de los exagerados protocolos de mi abuela. Al fin y al cabo, ella había sido espectadora desde que teníamos cinco años de cómo nos hacían practicar una y otra vez la célebre «bajada de las escaleras». Esta noche, mi hermanito Luca haría su debut oficial ante la prensa y los círculos más selectos de la alta sociedad; solo esperaba que, con las mil subidas y bajadas que nos obligaron a repetir, se sintiera un poco más seguro. Yo no logré dominar el miedo a ese descenso sino hasta los doce años, y justo cuando creía tenerlo todo bajo control, los tacones altos llamaron a mi puerta y tuve que aprender a caminar de nuevo.
Acompañando a la abuela y al estricto organizador del evento, supervisamos la sala adjunta donde se exhibirían las piezas de la subasta silenciosa. Luego inspeccionamos la meticulosa disposición de las mesas, la altura de los floreros e incluso el nivel de adherencia del suelo; la abuela nos obligó a bailar con dos meseros por toda la pista de mármol negro solo para comprobar qué tan resbaladiza estaba y prevenir cualquier tropiezo que empañara el prestigio familiar.
A las cuatro de la tarde prometimos subir a las habitaciones para comenzar a arreglarnos, pero fue justo en ese momento cuando Michael Bublé llegó al complejo y no pudimos resistir la tentación de abordarlo para tomarnos unas fotos. Lamentablemente, no logramos convencerlo de hacer poses divertidas porque su representante nos cortó el paso de inmediato, argumentando que debía iniciar su prueba de sonido. Era la segunda vez que engalanaba nuestro evento; en galas anteriores habíamos contado con la presencia de Celine Dion, John Legend, Mariah Carey y Adele. Definitivamente, la familia Edevane tiraba la casa por la ventana en sus galas.
Una vez instaladas en la suite, nos sumergimos en un baño relajante y aguardamos la llegada del equipo de estilistas.
—Yo quiero el cabello completamente lacio. A papá le encanta verme así, hoy no toleraré ni una sola trenza —decretó Cece, mirándose con severidad en el reflejo.
—Amiga, las trenzas te quedan preciosas... Podrías pedir una muy elegante.
—Lo sé, pero hoy no.
—¿Prefiere entonces que deshaga las pequeñas trenzas que ya trae, señorita? —preguntó su peinadora, batallando para deslizar el peine entre los mechones enredados.
—¡No, Cece! ¡Si ya les habías puesto nombre a esos nudos! —protesté.
—Lo siento, se tienen que ir; o tu abuela volverá a recriminarme que soy una pésima influencia para ti.
Todas nos echamos a reír, incluyendo a las estilistas.
—¿También desea que alaciemos su melena, señorita Edevane? Su abuela nos dejó instrucciones de...
—Mi abuela ya ha decidido demasiado por mí —la interrumpí con suavidad pero con firmeza—. Hace poco, alguien me hizo comprender que debo abrazar todo lo que heredé de mi madre, y eso incluye esta indomable cabellera.
ESTÁS LEYENDO
Todo lo que buscaba
Romance¿Te ha pasado que la vida perfecta solo funciona bien en tu mente? Yo era experta en coleccionar desilusiones de ese tipo. Pensaba que el futuro de ensueño que me esperaba después de la graduación -ese que mi familia había diseñado minuciosamente pa...
