52. Secretos Expuestos

63 7 3
                                        


Durante la semana fue fácil evitar a mi familia. Le dije a papá que pasaría más tiempo en la galería ecológica terminando los últimos detalles para su inauguración el próximo fin de semana, y que con la mudanza al nuevo departamento siempre había cosas que hacer.

Él también me mencionó que la oficina a un lado de la suya estaba impaciente por ser ocupada; sin embargo, le respondí que prefería esperar hasta sacar con éxito mi primer proyecto importante, antes de mi ingreso oficial a Edevane Company. Me dio el espacio necesario y me aseguró que con más calma hablaríamos el viernes en casa de la abuela.

Si supiera que fue ella quien me había amenazado, colocándome entre la espada y la pared al obligarme a elegir entre mi futuro profesional o mi relación con Charles, seguro no tomaría con tanta calma los días que faltaban.

La abuela solo me envió un escueto mensaje recordándome llegar puntual y sola; al parecer, proteger su apariencia frente a sus "amistades" era lo único que le importaba. 

No había el menor rastro de compasión por mí o por mi futuro. Así que, en lo que encontraba una grieta en su armadura, tracé un plan: le diría que daría casi por terminado lo mío con Charles, mientras le demostraba lo discreta que podía llegar a ser nuestra relación sin estar en el ojo público.

Asimismo, le daría a Charles el tiempo suficiente para ir abriéndose camino como abogado independiente y consolidar una excelente reputación en el mundo empresarial. Cuando él estuviera de nuevo en la cima, volvería a replantear lo nuestro con ella. Solo así todos saldríamos ganando. O eso esperaba...

El inevitable viernes por la noche llegó acompañado de unos nervios asfixiantes.

Yo ya le había contado a Charles un poco sobre la hostilidad de mi abuela. Aunque no era fanático de seguir ocultando nuestra relación, me dejó manejar las cosas como mejor creyera, recordándome firmemente que si algo se complicaba, él intervendría. No quería que yo me perdiera la grandiosa experiencia de iniciar mi carrera laboral por su culpa. 

Era esto o nada.

Me arreglé como siempre, llegué como siempre y me estacioné en el mismo lugar de siempre. Toqué el timbre como tantas veces lo había hecho y, al abrirse la puerta, me recibió animadamente un grupo de no más de treinta señoras y señores elegantes, exclamando «¡sorpresa!» al unísono.

Traté de seguirles el juego y unirme al ambiente festivo; pero, como de costumbre, para la abuela nunca era suficiente; como siempre. 

Me mentalizaba repitiéndome una y otra vez: «Dale gusto a la abuela y podrás salirte con la tuya».

Me paseaba con una de mis mejores sonrisas entre esas personas bien perfumadas que seguro me criticarían a las espaldas dos minutos después. Di saludos de mano, recibí abrazos, obsequios y un sinfín de buenos deseos corporativos. En resumen, disfracé a la verdadera Alessa con la máscara de la chica perfecta. Solo que esta vez me costó mucho más trabajo de lo usual; me sentía casi inhumana, como una muñeca de porcelana sin alma.

A la mitad de la ronda de charlas casuales, me refugié en la cocina para respirar, descansar los pómulos y comer algo. Me zampé un canapé de langostinos y salí por el pasillo de la entrada principal para verme en el espejo del gran recibidor. Necesitaba verificar que no tuviera comida atorada en los dientes; esa noche debía sonreír complaciente hasta que se me entumecieran las mejillas.

Giré para volver al comedor cuando el timbre resonó en toda la casa. Me acerqué por inercia a abrir la puerta y lo que menos esperé ver del otro lado fue a Charles.

Habría sido más creíble ver llegar a un repartidor de pizza que a mi imponente Charles, guapísimo, vistiendo un traje impecable.

Me quedé muda, mirándolo mientras intentaba procesar mil preguntas a la vez. Él también se veía tenso; mantenía su porte firme, pero sus ojos delataban la tormenta interna. Cuando abrió la boca para decirme algo, una voz gélida y arrogante cortó el aire a mis espaldas:

Todo lo que buscaba Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora