15. Semana de Prueba

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"Oh, you look so beautiful tonight
In the city of blinding lights"

Al escuchar los primeros acordes de la inconfundible canción de U2 retumbando en el silencio del aula, sentí que las mejillas me ardían. Todo el salón giró a verme al unísono, interrumpiendo el flujo de la sesión. Recogí mis cosas a toda prisa y salí prácticamente corriendo de la clase del profesor Charles Richmond para contestar. Papá no solía marcarme en horario escolar, así que mi mente de inmediato se activó con una señal de alerta; debía de ser algo verdaderamente importante.

—¿Hola? ¿Papi? —contesté al cruzar el umbral del pasillo. 

Hola, cariño... ¿Cómo estás? No interrumpo nada crucial, ¿verdad? —preguntó papá, bajando la voz hasta un susurro conspirativo. 

—No, papi, para nada. Bueno, estaba a mitad de una clase, pero salí al pasillo. ¿Está todo bien en casa? ¿Pasó algo? 

Sí, sí, todo está perfecto, no te preocupes. Lamento haberte sacado del aula —se disculpó, soltando un suspiro de alivio—. Solo quería llamarte rápido para preguntarte algo. He estado dando vueltas al asunto y no sé qué podría obsequiarle a Jacob como un gesto de agradecimiento por su increíble trabajo con el proyecto del contrato. 

—Mmm, la verdad es que es difícil, papá —admití, apoyando la espalda contra los casilleros metálicos—. Recuerda que Jacob es el hijo consentido de su padre, y su familia es bastante holgada; lo más probable es que ya tenga prácticamente todo lo que desea o necesita. 

Lo sé, precisamente por eso me estoy quebrando la cabeza. Se me hace sumamente difícil encontrar algo que de verdad lo impacte. 

—Espera un segundo... —le interrumpí, mientras una bombilla se encendía en mi mente al recordar que ni siquiera los chicos más afortunados lo tenían todo—. Sé perfectamente qué lo hace inmensamente feliz: el teatro. Le fascina. Regálale boletos de primera fila para alguna obra importante. De hecho, creo que este fin de semana hay un estreno espectacular en el Lincoln Center. Él moría por ir, pero se le complicaba demasiado el traslado a Nueva York por la carga de la facultad. 

Perfecto, de eso me encargo yo mismo —afirmó papá, y pude notar el entusiasmo regresando a su voz—. Tú solo asegúrate de que no agende ningún compromiso para este fin de semana y yo me encargo de armar el resto de la logística, ¿de acuerdo? 

—¡Hecho! Cuenta con ello.

Al colgar y deslizar el teléfono en mi bolso, respiré hondo y regresé al salón de clases. En cuanto crucé la puerta, noté que la dinámica había cambiado: mis compañeros tenían trozos de papel recortados entre las manos, leyéndolos con expresiones que iban de la intriga a la preocupación.

—Bien, chicos, ya que tenemos los temas distribuidos —anunció el profesor Richmond, apoyando las palmas de las manos sobre su escritorio de madera con una postura impecable—, su tarea será investigar a fondo los derechos y obligaciones según el rol legal que les haya tocado en el papel. El viernes llevaremos a cabo nuestro debate formal en el estrado; recuerden que el equipo que resulte ganador se llevará créditos extra directos para la calificación final. Pueden retirarse por hoy.

Me acerqué a la mesa de Jacob para averiguar qué me había perdido durante mi ausencia, pero él ya estaba guardando su computadora a toda velocidad.

—Alessa, lo siento, pídele tu papel al profesor —me dijo de prisa, dedicándome una sonrisa disculpándose—. Tengo una junta crucial en exactamente cinco minutos con el club de teatro de la universidad y voy tardísimo.

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