Las semanas se nos escurrieron entre los dedos y, casi sin darnos cuenta, el fin de año se nos echó encima a una velocidad ridícula. El ambiente estaba que ardía y todos andábamos con el agua al cuello.
Nuestras habituales escapadas nocturnas mutaron de golpe en caóticas sesiones de estudio encerrados en los dormitorios. Como nuestro cuarto era el más amplio y cómodo, los chicos se aprovecharon vilmente de la situación y lo convirtieron en el centro oficial de operaciones. Jacob, con el descaro que lo caracterizaba, se instaló en una esquina con todo y su restirador de arquitectura, además de un arsenal de mudas de ropa por si la madrugada lo atrapaba a mitad de un plano. Por su parte, mi papá también sumó su granito de arena a la presión general: se había hecho cargo del proyecto de Rick y Joshua durante unas semanas para darles el empujón final, aunque, afortunadamente, el trabajo ya estaba prácticamente listo.
Para ser sincera, el único momento de desconexión real en mi semana era ir a trabajar a la cafetería. Sí, había tardes de auténtica locura y clientes insoportables, pero cada vez que doblaba mi mandil antes de salir, me invadía una sensación de utilidad y autosuficiencia tan gratificante que hacía que todo el cansancio valiera la pena.
En casa, sin embargo, el aire se cortaba con cuchillo debido a los últimos movimientos financieros de nuestra empresa. A la abuela le seguía pareciendo una audacia imperdonable —por no decir una locura de adolescente— lo que había hecho con mi fideicomiso para salvar el barco. Y aunque mi papá saltaba de inmediato a defenderme, recordándole que gracias a eso no habíamos perdido el doble, sabía perfectamente que la etiqueta de «niña imprudente e impulsiva» tardaría una eternidad en borrarse de la mente de la matriarca. Menos mal que mi papá no le había soltado ni una palabra sobre mis sospechas respecto a su adorado sobrino Hugh; de lo contrario, ya podría ir despidiéndome de este mundo.
Aun así, el humor de la abuela mejoraba drásticamente gracias a los preparativos de la gala anual que organizaba a nombre de Edevane Construction Company. Si algo se le daba de maravilla a esa mujer, era armar fiestas esplendorosas y derrochar elegancia.
Era jueves por la noche. Luca y yo devorábamos los últimos trozos de carne del plato cuando la abuela rompió el silencio del comedor:
—Por cierto, nieta, necesito que me pases ya la lista con los nombres y direcciones de tus invitados. Tengo que mandar las invitaciones impresas esta semana y mandar a hacer las tarjetas personalizadas para el tarjetero de los asientos.
—Serán los mismos de siempre, abuela. Incluida la familia de Jacob, los Rinaldi.
—Por supuesto, los italianos ya están anotados. Y los padres de Cecilia Williams también, faltaba más —añadió, rodando los ojos con ese ademán aristocrático que daba a entender que era obvio que el gobernador y su esposa tenían asiento reservado—. ¿Entonces serían ellos, el chico asiático y el francés?
—Kenzo y Michel, abuela —corregí con una sonrisa contenida.
—Bueno, ellos. ¿Quieren que los acomode a todos en la misma mesa?
—Sí, por favor. No sabemos qué rumbo tomará cada quien después de la graduación, así que estar juntos haría que la noche fuera todavía más especial.
—Como tú digas. El problema es que las mesas son para ocho comensales y ustedes son un grupo de cinco. ¿Con quiénes vamos a llenar los tres lugares vacíos? —preguntó con los ojos entrecerrados y una chispa de picardía. Yo ya sabía perfectamente hacia dónde iba.
—Bueno... Cece y Kenzo irán juntos. Supongo que Jacob llevará a alguien, Michel también y yo... —De pronto sentí que me temblaba la voz y que el ojo me daba un tic. Hablar de Charles en esa casa, frente a mi papá, me ponía los nervios de punta. Sentía que si lo pensaba demasiado, la abuela me leería la mente. «Solo suéltalo, Alessa», me ordené internamente—. Y yo también iré acompañada.
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Todo lo que buscaba
Romance¿Te ha pasado que la vida perfecta solo funciona bien en tu mente? Yo era experta en coleccionar desilusiones de ese tipo. Pensaba que el futuro de ensueño que me esperaba después de la graduación -ese que mi familia había diseñado minuciosamente pa...
