Dicen que las decisiones más valiosas son aquellas que se toman con el corazón expuesto y las manos temblando. Apenas habían pasado unos días desde aquella noche en que el motor del auto de Charles me alejó definitivamente de la mansión Edevane; unos días desde que di un portazo a las jaulas de oro, a mi apellido y a la traición de mi padre, que todavía se sentía como un corte limpio y frío en el pecho. Dejar atrás la sumisión de veintidós años me había costado el futuro seguro y perfecto que me esperaba tras la graduación, pero a cambio había ganado algo invaluable: mi libertad.
Ahora, a mitad de semana, mi realidad era otra. El fin de semana posterior a la huida había sido un torbellino de emociones, sentados en el suelo de un departamento ruidoso, compartiendo pizzas grasosas mientras ayudaba a los chicos a desempacar sus propias cajas para esta nueva etapa. Ese caos cálido, lleno de risas de Cece, Jacob, Kenzo y Michel, había sustituido de golpe la tensión de las cenas elegantes que soportaba semana tras semana. Aunque extrañaba a los perros —que de momento seguían bajo el cuidado de Charles en su casa mientras terminábamos de asentarnos—, sentirme tan cobijada me daba fuerzas.
Bajo mi piel seguía latiendo un miedo sordo a un futuro que ya no estaba rígidamente estructurado en mi libreta de apuntes. Sin embargo, a pesar de las cicatrices y del dolor punzante por el rechazo que mi familia le había mostrado a Charles, el entusiasmo comenzaba a ganarle la batalla a la incertidumbre. Íbamos a iniciar desde cero, sí, pero también nos esperaba un océano de distancia. Con el medallón de mi madre colgado al cuello, una mezcla de nervios y profunda expectación me recorría el cuerpo al pensar en nuestro viaje inminente a Europa, donde por fin vería las raíces de mi pasado y miraría a mi familia materna a los ojos por primera vez.
—Charles, cielo... —rompí el silencio del camino en auto, bajándome un poco los lentes oscuros al ver cómo las señalizaciones de la carretera anunciaban que la gran ciudad estaba cada vez más cerca—. Además de ir a tu junta de negocios en el partido de béisbol, ¿Qué más vamos a hacer en Nueva York?
—Es una sorpresa —dijo reprimiendo una gran sonrisa. Se le marcaban unas interesantes arrugas en los ojos por la presión de contenerse... ¿Qué ocultaba?
—Anda, dime...
—¿Y para qué quieres saberlo?
—Para organizarme o ir planeando algo...
—Oh linda, a partir de hoy quiero que dejes de tener controlado el futuro y disfrutes del momento.
—Charles, no sé si pueda... He vivido planeando cada minuto de mi vida, y ahora ni sé qué voy a hacer o a qué me voy a dedicar.
—Bueno, entonces yo voy a planear y tú vas a disfrutar, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, cielo...
Lo cierto es que el camino a Nueva York no era extremadamente bello, y cuando el sol apenas se está poniendo pintaba el cielo de un tono violeta grisáceo nada agradable. No obstante, la compañía de Charles era suficiente y sobraba para hacerme sentir la chica más afortunada de todas. Obviamente aún tenía abierta una herida considerable que dejaría cicatriz, sin embargo, Charles se estaba encargando de curarla poco a poco, haciéndome sentir que no estaba sola.
El resto del camino me entretuve mostrándole mis canciones favoritas, mi inexistente talento de llegar a notas altas al cantar, mi gran habilidad de hacer bombas con la goma de mascar y pasé haciendo una lista de los posibles lugares a donde podríamos ir. Él solo escuchaba paciente y se reía de todo lo que hacía; y antes de enloquecerlo, llegamos a la ciudad. Desayunamos en un restaurante de deliciosos expresos y croissants; y llegamos al imponente estadio de los Yankees de Nueva York.
En la tienda me compró una camisa holgada del equipo, una gorra que le combinaba y un guante de piel clara por si las dudas; él solo se puso la gorra negra del equipo de Baltimore que le quedaba de maravilla. Había días que de verdad se veía tan joven y atractivo como hoy, lo más probable que por su junta de negocios se haya arreglado un poco más de lo normal.
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Todo lo que buscaba
Romance¿Te ha pasado que la vida perfecta solo funciona bien en tu mente? Yo era experta en coleccionar desilusiones de ese tipo. Pensaba que el futuro de ensueño que me esperaba después de la graduación -ese que mi familia había diseñado minuciosamente pa...
