Ya se, Ya se; puede que la historia vaya algo lenta y aun no se perciba quien cambiara la vida de Alessa, pero créanme, ustedes ya lo conocen, y todo, TODO, tiene un por que.
Gracias por no desistir de esta historia...
Y... GRACIAS POR SEGUIR AQUÍ.
—Pi-pi-pi-pi...
Maldita alarma. Hoy entraba tarde a clase... ¿Acaso no lo había mencionado?
Traté de hundir la cabeza en la almohada para conciliar el sueño otra vez, pero una vez que mi mente se activaba, me resultaba una misión imposible. Me incorporé despacio para evaluar el estado de mis huéspedes. Cece dormía como una auténtica roca; me alivió constatar que el pitido del reloj no la había perturbado, porque de lo contrario habría estado de un humor insoportable durante el resto de la jornada.
Jacob se había acomodado originalmente al lado de Kenzo sobre las mantas de la alfombra, pero supongo que en algún punto de la madrugada imaginó que descansaba en su propia cama king size; se había girado por completo y terminado en el suelo. Lo positivo era que la superficie estaba bien acolchada. No pude resistir la tentación de sacar mi teléfono de la mesita de noche y tomarles una fotografía. Ese tipo de evidencias valdrían oro puro en el futuro.
Sabiendo con absoluta certeza que despertarían con una resaca monumental, me tomé el tiempo de colocar una botella de agua mineral y un par de aspirinas al alcance de cada uno para cuando decidieran volver al mundo de los vivos.
Aún era sumamente temprano, pero mi cuerpo ya exigía movimiento. En completo silencio, saqué del armario una sudadera térmica de Yale de mi talla y unos leggings deportivos. Me cambié en el baño a toda prisa y salí al pasillo exterior, sintiéndome enérgica y lista para saludar al nuevo día.
Los acordes de Sweet Child O' Mine comenzaron a sonar en mis auriculares, armonizando mi trayecto hacia la pista de atletismo. Siempre me había parecido un ejercicio sociológico fascinante descubrir con qué tipo de personas te cruzabas al correr al amanecer. Tras un par de vueltas de calentamiento, decidí abandonar los senderos habituales del campus y desviarme hacia el distrito histórico de New Haven. A esa hora, la ciudad lucía un aspecto sublime. Observar los primeros destellos dorados del sol filtrarse a través de las ramas desnudas e invernales de los árboles era una experiencia visual que merecía ser capturada.
Me sentía completamente renovada, inundada por una felicidad tan ligera que me descubrí saludando con una sonrisa a cualquier desconocido que se cruzaba en mi ruta. Sin planearlo conscientemente, mis pasos me condujeron directo a la fachada de la cafetería donde había estado la noche anterior con Milo Danes.
Naturalmente, bajo el amparo de la luna el lugar proyectaba una atmósfera mucho más íntima y romántica; sin embargo, a la luz del día se apreciaba con mayor nitidez la exquisita arquitectura clásica del establecimiento. Sin vacilar, empujé la puerta de cristal.
—Buen día, señorita —me saludó con calidez la misma mujer madura que nos había atendido el día anterior.
—Hola, muy buen día. Debo confesar que me dejé arrastrar por un aroma increíble desde una manzana atrás —admití, y no exageraba en lo absoluto; el ambiente estaba impregnado de un delicioso perfume a mantequilla tostada, nuez moscada, canela y otros matices dulces que no lograba identificar con precisión. De solo respirar el aire del lugar, sentía que ya estaba salivando.
—Seguramente son nuestros roles de canela especiales —comentó ella, señalando con un gesto de la cabeza hacia la puerta batiente de madera que conducía a la cocina—. En escasos cinco minutos saldrán de los hornos, ¿Gusta esperar?
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Todo lo que buscaba
Roman d'amour¿Te ha pasado que la vida perfecta solo funciona bien en tu mente? Yo era experta en coleccionar desilusiones de ese tipo. Pensaba que el futuro de ensueño que me esperaba después de la graduación -ese que mi familia había diseñado minuciosamente pa...
