Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
RELATA VANESSA:
Esa mañana salí de mi casa regia, lista para tomar el taxi que me recoge todas las benditas mañanas. Pero es que, de verdad, qué puta cruz saber que al lado iban a estar parados los Vargas y Juan Pablo, hablando de tanta tontería y media. Qué mamera. Yo de inmediato saqué mi celular para fingir que estaba superocupada y no tener que verles las caras, pero es que llegó un punto en el que me fue inevitable no voltear los ojos del fastidio.
—Buenos días, Vane —soltó Martín Vargas desde el frente de la casa de Juan Pablo, con esa simpatía suya tan fingida y tan de bandido que se gasta. Yo apreté los labios, sosteniéndole una sonrisa plana de pura cortesía —porque ante todo la educación y la clase—, y de una vez miré a Juan Pablo.
—Cuellér —dijo él, así seco.
—Isaza —le contesté de la misma forma. Volteé los ojos con toda la pereza del mundo y volví mi vista a la pantalla, entrando y saliendo de la misma aplicación como una boba, fingiendo que estaba viendo algo importantísimo. En esas, por fin pasó la boba de Tini en su deportivo haciendo un ruido inmundo, ellos se subieron y arrancaron. Santo remedio. Justo después llegó mi taxi, me subí y por fin pude respirar en paz. Marica, hoy era miércoles de química, una de las clases que más me apasionan en toda la puta vida. Pero obvio, el mundo no puede ser perfecto. Lo único que me dañaba el genio por completo era mi compañera de laboratorio. Sí, adivinen: la boba de Tini. Y a ver, no es porque la vieja no supiera lo que hacía, las cosas como son, sino porque las dos chocamos demasiado. Ella siempre quiere mandar y disponer de todo, y yo... bueno, yo nací para liderar, no para seguir órdenes de aparecidas. De verdad que esa tipa solo me saca la piedra, ¡pero ni la más berraca! No me la soporto.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—Vea, una vez más —me dijo Tini intentando sonreírme. Yo apreté los labios correspondiendo a esa sonrisa de plástico—. ¿Le parece si esta vez intentamos hacerlo a mi manera? —me preguntó. Debo admitir que sentí como si me abofeteara. A mí no me gusta que nadie me diga qué tengo que hacer, jamás.