Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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"Simón, & Vanessa" Relata Vanessa
Me sentía casi todo el tiempo de mal humor, como si cargara una nube negra encima de la cabeza. Me daban fuertes punzadas en la planta de los pies, mis lentes de contacto me molestaban tanto que tuve que volver a usar mis gafas viejas, esas que no sacaba desde los 17. Era como tener un guayabo eterno, una resaca de la que no se despierta. Tenía pesadillas constantes en las que tenía a ese bebé en mis manos; era tan pequeñito que cabía en la palma de mi mano, pero de pronto comenzaba a crecer, a crecer tanto que me intentaba aplastar. Recuerdo que corría pidiendo ayuda y de lejos podía ver a Isaza parado; le gritaba, le suplicaba que me ayudara, pero él solo me miraba y se reía de manera burlona con dos súper modelos de cada lado. Despertar así era horrible, me sentía agitada y asustada. Yo jamás me había visualizado como madre; siempre me imaginé siendo esposa, pero la maternidad era una vaina que no estaba en mis planes.
— ¿Estás lista? —me preguntó Nath mientras sostenía el sobre del laboratorio. Yo respiré profundo y le apreté la mano con todas mis fuerzas—. Muy bien, aquí dice... —Nath leyó en silencio y se quedó tiesa. Esa pausa me provocó una ansiedad, una verdadera angustia en el pecho—. Ok, aquí va. Su prueba de embarazo dio resultado... positivo. Con mes y medio de gestación. Soltó un suspiro atorado y yo me dejé caer de rodillas. Sentí que el piso desaparecía. No era posible, no quería creerlo.
— ¡Wey, amiga! ¡Amiga, no mames! —me decía Nath sentándose en el suelo para abrazarme.
— ¡Uy, no! ¡Qué vaina, marica! Trunqué mi vida, Nath... ¡la trunqué de por vida! —le decía desecha, sintiendo que el mundo se me venía encima.
— No digas eso, neta, no lo digas. Tu vida no está arruinada, tienes mucha vida por delante, galla.
— ¿Vida? ¿Cuál vida? Ya no tengo nada, Nathalia. Ahora viviré atada a una criatura que no pidió venir al mundo, con una pésima mujer como madre y sin un maldito padre —le decía mientras me arrastraba por el suelo, sintiéndome la más miserable—. Mis padres me van a matar, ¡maldita sea! Yo era el orgullo de mi madre, ella confió en mí para que saliera adelante, no para que resultara con esto.
— Amiga, neta que aún eres su orgullo. Y qué mejor que con un nieto, los padres aman ser abuelos, no seas así.
— ¡Qué idioteces dice, Nathalia! ¡Claro, como no es usted, no entiende la magnitud del problema tan berraco en el que estoy! —le grité rabiosa.
— ¡Bueno, ya, cálmate! ¿Y qué piensas hacer? ¿Neta no lo quieres tener? —me preguntó preocupada. De repente, un silencio sepulcral me invadió—. ¿Quieres detener el embarazo? Porque si así lo deseas, adelante, está bien, yo te apoyo. Sentí como si los oídos me zumbaran. Me quedé helada.
— Necesito descansar —le dije levantándome como pude. Me encerré en mi habitación, me tiré en la cama y me puse la almohada sobre la cara. Estaba asustada, enojada y con la piedra afuera por la noticia, pero cuando escuché la palabra "detener", sentí un nudo en el corazón que me dolió más que cualquier punzada. ¿Tendría el valor de hacer algo así? Sé que para mucha gente esto era como cortarse el cabello, pero yo jamás lo había visto de esa forma. Aunque una parte de mí, esa parte insegura y llena de miedo, me decía que no tenía otra salida. ¿Qué hace una chica de veintitrés años con una criatura no planeada? Sola, mientras el hombre que cooperó en esto está por allá sufriendo por un despecho que yo misma provoqué. ¿Debería decirle a Juan Pablo? ¿Pero qué le voy a decir? ¿"Hola, vamos a ser papás"? ¿Y si esa es su excusa perfecta para alejarse de mí del todo? Nunca había visto a Isaza de manera paternal y de pronto mi intuición no me fallaba. No quería arruinarle la vida a él encajándole una responsabilidad que no pidió, pero tampoco sabía cómo seguir con la mía. Pasé el resto del día en la oficina, más pensativa y ausente que nunca. ¡Qué jartera de vida!