Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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"Álvaro, & Vanessa" Relata Vanessa
— Descuide, escuché toditico esa noche —me confesó Nath cuando estábamos en la oficina arremedando mi acento rolo. Le venía contando sobre la pelotera que tuve con mi mamá y lo mal que me hicieron sentir sus palabras—. La verdad, sí se pasó doña Noelia —argumentó ella riendo y yo reviré los ojos.
— Le soy sincera, Nath, yo no pienso que mi hija necesite de una figura paterna para poder crecer bien —argumenté acomodando unos papeles en sus folders, y ella bufó.
— Tu mami, sin ofender, tiene su mentalidad un poco anticuada, wey. Lo que pasa es que te quiere ver feliz y te voy a decir algo: yo no pienso que necesites amarrarte a alguien, pero neta sí deberías darte la oportunidad de conocer a más chicos. Eres bella, joven y muy inteligente; no te cierres a pensar que debes quedarte sola. Claro, si quieres algo duradero, busca a alguien estable, responsable y que quiera tener familia, pero si no... ¡no mames! Te puedo presentar a unos muñecotes que conocí en el bar la otra noche, pero no le digas a Simón que te dije esto —exclamó ella relamiéndose los labios y yo reviré los ojos, ya irritada.
— ¡Ay, ya! No me diga más, porfa —le pedí y ella se encogió de hombros abriendo una barra de chocolate.
— ¿Se puede? —escuchamos la puerta abrirse y, para mi desgracia, se trataba de Álvaro Soler.
— Hola, Álvaro —dijo Nath mirándome de reojo con una voz toda tonta y una risita entre los labios.
— Hola, Nathalia, qué gusto verla —le contestó él, caminando con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y acercándose a mí con esa sonrisa de dientes amplios—. Bonjour, jeune demoiselle —exclamó haciéndome una reverencia de frente y yo bufé mirando a un lado—. ¿Sabía que el francés es el idioma del amor? —me preguntó Álvaro con la mirada fija en mí. Era buenísimo con la labia, una labia que en mí no funcionaba después de haber conocido a Martín Vargas. Miré de reojo a Nath y estaba completamente colorada; le iba a dar un patatús de la risa.
— ¡Con permiso! —exclamó ella tapándose la boca y saliendo de la oficina. Lo que me faltaba, que me dejara sola con este personaje.
— Estoy un poco ocupada, como puede ver, Álvaro —le señalé el escritorio y él sonrió como si se hubiera ganado el Baloto.
— Lo sé, es usted una mujer increíblemente ocupada y muy trabajadora. Yo solo quería decirle a esta bella dama: ¿cuándo tendré la oportunidad de que me conceda una noche para cenar a la luz de la caleña luna que nos deslumbra y vuelve loco al más cuerdo? —me preguntó con un tono sacado de una novela de época y yo reviré los ojos.
— No lo sé, Álvaro, yo le aviso —le dije volviendo mi mirada al computador, y él asintió apretando los labios.
— La esperaré todo el tiempo que sea necesario —añadió por último, tomándome la mano para plantar un beso en ella antes de retirarse. Lo vi marcharse y ni yo podía creer cómo alguien podía ser tan payaso. Cuando salimos de la oficina, pasamos Nath, Simón y yo a un restaurante de paso. Ordenamos algo para llevar y nos sentamos a esperar en el auto.