Vanessa Cueller Bonilla

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✨Vanessa Cueller✨

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Vanessa Cueller


"¡Hola! Qué gusto saludarlos. Me presento: mi nombre es Vanessa, tengo 21 años y actualmente curso mis estudios universitarios. Les voy a confesar algo que me genera cierta... desazón, pues no quisiera parecer una mujer superficial. ¡En absoluto! Aunque, para serles franca, me gusta proyectar una imagen impecable.
Verán, algunos chicos insinúan que soy, ¿cómo decirlo?, atractiva. O bueno, eso es lo que me han comentado. Sin embargo, no logro descifrar cuál es el inconveniente conmigo; apenas empezamos a tratarnos, simplemente se alejan. Es como si cargara conmigo un repelente de pretendientes.
Quizá se deba a que tiendo a abrumar a las personas o a corregirlas constantemente, pero es que me resulta inevitable... hay tanta gente con una ortografía terrible o una falta de intelecto que... en fin, me estoy desviando del tema. Siempre he sido algo reservada. Tengo dos hermanos mayores que ya no viven con nosotros, así que, técnicamente, sigo siendo 'la pequeña' de la casa.
Ay, regálenme un segundo, por favor. Estoy empapada porque acabo de terminar mi rutina de ejercicio. Voy a buscar un atuendo lindo para ir a la facultad y me daré una ducha rápida. ¡No me demoro nada!"
🔸🕖⌛
¡Hola! Ya estoy de vuelta. Me tomo mi tiempo secándome el cabello porque, si no queda impecable, siento que el día no empieza bien. Como les venía diciendo... a ver, yo me considero un gran ser humano; una mujer interesante, culta y, francamente, muy superior a cualquier niña engreída de por ahí. ¿De verdad no entiendo por qué los hombres salen despavoridos? Pero en fin... —suspiré con resignación—, yo no vivo del qué dirán.
Ahora bajaré a desayunar, pero antes, lo sagrado: regar las plantas de mi ventana. Las cuido como si fueran mis hijos. Al lado de mi casa vive la familia Isaza Piñeros; somos vecinos de toda la vida y, por cosas del destino, mi ventana queda justo frente a la de Juan Pablo.
Les cuento: a Juan Pablo lo conozco desde los cinco años. Estuvimos juntos en el jardín y, pues, al ser vecinos, la amistad fue inevitable. Fuimos inseparables por años; incluso fue él quien me dio mi primer beso a los nueve. ¡Pero aclaro! Jamás fuimos nada serio, solo un par de chiquillos haciendo bobadas. Pensé que seríamos amigos por la eternidad, pero antes de entrar a bachillerato, los caminos se bifurcaron. Nos fuimos distanciando tanto que, al final, solo nos quedamos en sonrisas de cortesía.

—¡Vanessa, se le enfría el desayuno, mi vida! —el grito de mi madre interrumpió mis pensamientos.
Bajé al comedor. Hoy desayuné cereal de avena, jugo natural, agua y unos huevos con tofu; me fascina cuidarme, la disciplina es salud. Al terminar, salí a esperar un taxi y, justo en ese instante, aparecieron mis vecinos del otro lado. Simón es el mayor, tiene mi edad y está en mi clase junto con Isaza. Es un cerebrito total; es de los pocos con los que puedo mantener una conversación decente, aunque a veces se pone huraño y se queda en un silencio sepulcral. Junto a él venía Martín, su hermano menor. Un chico guapísimo, la verdad; se le notaba el porte desde que era un niño.

—¡Hola, Vanessa! ¿Cómo va? —me saludó Martín, rebosante de energía, mientras pasaba por mi lado.

—Hola, Martín. ¡Qué milagro! —le devolví el saludo con la misma efusividad. Martín es de esas personas que te dan ganas de invitar a correr o a hacer cualquier actividad física; es pura chispa.
—...Simón —le dije, bajando un poco el tono.
Él solo me dedicó una sonrisa forzada, casi imperceptible. No es un mal tipo, solo que es... particular.

—¡Isazaaa! —gritó Martín con ese tono cantadito tan suyo. Siempre hace lo mismo cuando Juan Pablo sale de su casa. Yo los miraba a los tres con mi mejor cara de cortesía.

—¡Cueller! —exclamó Isaza al verme.

—¡Isaza! —le respondí.
Nos saludamos con ese respeto distante. Después de haber sido tan cercanos, se siente extraño no poder ser más efusivos, pero así son las cosas. De repente, el chillido de las llantas de un deportivo rompió la calma de la mañana. Era Tini.
Tini es, supuestamente, la más inteligente de la facultad, pero no se queda ahí: es guapísima, tiene un estilo envidiable y, para rematar, su papá está forrado en dólares. Es la mejor amiga de Isaza desde la preparatoria. Supongo que encajan bien; Isaza se volvió un bohemio soñador desde que se enamoró de Melissa Lares, y el papá de Tini es un magnate de la industria musical. El lugar perfecto para él.
Los chicos se subieron al auto de Tini entre risas. Yo, por mi parte, mantuve la frente en alto, detuve mi taxi y me subí decidida a conquistar la universidad con la mejor actitud.

"𝑷𝒐𝒓𝒇𝒂 𝒏𝒐 𝒕𝒆 𝒗𝒂𝒚𝒂𝒔" Donde viven las historias. Descúbrelo ahora