Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
"Isaza, & Vanessa" Relata Vanessa
Miraba por la ventana de mi habitación hacia la suya, preguntándome si realmente ese chico sentía algo por mí. Me estaba torturando con las palabras de Pablo Campos, el más idiota de la universidad, pero el que me había sembrado la duda más grande del mundo.
— ¡Vanessa, el señor del taxi la está esperando afuera! ¡No sea grosera y apúrese! —exclamó mi madre tronándome los dedos. Corrí, tomé mi maleta y me subí al taxi de inmediato. Tenía que archivar mis pensamientos porque este déficit de atención me iba a costar la carrera. Llegué a clase y acomodé mis cosas, pero el asiento de Isaza seguía vacío. La preocupación me empezó a carcomer. Cuando terminó la clase, no aguanté más.
— Oye, ¿sabes por qué no vino Juan Pablo? —le pregunté a Aitana, tratando de sonar casual aunque el corazón me iba a mil. No quería que su mano vendada fuera por algo grave.
— Mira, honestamente no lo sé, tía. Quien debe saberlo es Tini, pero me da que no anda muy de buenas hoy —exclamó Aitana señalando al fondo del salón—. Venga, vente a almorzar con nosotras, no seas así, ¡porfa! En un suspiro asentí. Total, si Isaza no estaba, no había peligro de que mis ojos me delataran frente a él.
— ¿Nos vamos, che? —preguntó Tini, muy seria, tomando sus libros. Parecía que algo la estaba carcomiendo por dentro. Llegamos al restaurante. Yo solo quería soltar la pregunta, pero me daba miedo que notaran ese brillo delator en mis ojos.
— ¿Villa no vendrá? —les pregunté curiosa. Vi que se miraron de forma sospechosa.
— Creo que tenía otro plan —respondió Tini intentando sonreír, pero no le salía.
— Ahm... ¿y Juan Pablo? —pregunté agachando la mirada. Tini suspiró con fastidio.
— ¡Ay, ni me lo recordés! —dijo tallándose las sienes.
— ¿Por qué? ¿Pasó algo? —pregunté asustada.
— Sí, que el bobo decidió irse a México y no graduarse —exclamó Tini. Abrí los ojos de par en par. Ahora entendía por qué su padrastro le gritaba tanto esa tarde.
— Pero... ¿por qué tomó esa decisión? Me había prometido no irse hasta graduarse —solté sin pensar. Tini arqueó una ceja y yo sentí el calor en la cara—. O sea... nos prometió a Martín y a mí.
— Pues fue Martín quien le habló. Le dijo que necesitaban urgente un pianista para abrir un concierto en marzo y ya sabés cómo es él —dijo dejándose caer en la silla, frustrada.
— Debería esperar a la graduación, ¡jolines! ¿Qué le cuesta? —exclamó Aitana. Yo sentía que me llevaba el diablo. Me imaginaba la cara de Isaza y me daban ganas de darle un buen golpe por impulsivo.
— ¿Y cuándo piensa irse? —pregunté molesta. Tini soltó una carcajada amarga.
— Ay, muñeca, ahora mismo debe estar empacando. ¿Por qué creés que no vino? Sentí una corriente eléctrica cruzarme todo el cuerpo. El pánico se instaló en mi pecho.