Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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"Simón, & Vanessa" Relata Vanessa
Llegué a la oficina y acomodé un chocolate en el escritorio de Nath y uno en el de Simón, esperando demostrarles cuán importantes eran para mí. Escuché la puerta abrirse y Nath me miró con ojos curiosos; yo no pude evitar reír.
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— ¡No mames, Vane! Neta que no he podido pegar el ojo en todo el fin de semana. ¡Cuenta detalles, por favor! ¡Cielos! Habla, habla ya —me exigió ella alterada. Del puro nervio no me salía la voz—. ¡Oh, por Dios! Tus ojos lo dicen todo, galla —exclamó levantando los brazos en símbolo de victoria.
— ¡Cállate! —le dije riendo de la pena. Ella comenzó a hacer un bailecito ridículo.
— Nena, te lo digo: ya lo dejaste atado de por vida. Ese momento se tiene que volver a repetir unas setecientas treinta veces por año, mínimo.
— ¿Dos veces al día? —pregunté asustada.
— ¡O tres! —escupió riendo—. ¿Y cómo estuvo? —me preguntó con mirada pícara. Yo asentí mordiéndome el labio—. Aww, mira, Simón me dejó un chocolatito. Mi vida, ese niño es genial.
— Ahm, realmente ese chocolate lo pu... —De pronto, se abrió la puerta de manera brusca. Era Simón, y traía un semblante de amargura que daba miedo.
— ¿Está bien? —preguntó Nath asustada. Simón me clavó unos ojos de pistola. Se acercó y arrojó una revista a mi escritorio. Era un artículo con fotos mías e Isaza saliendo del hotel.
— ¿Entonces no tiene nada con él? —me preguntó furioso. Yo estaba temblando.
— Simón, ya bájale, ¿no? —le pidió Nath.
— ¡Usted cállese, Nathalia, que este no es su problema! ¡Vea, no se meta! —le gritó él.
— ¡Pero por qué le grita! —me molesté—. Simón, ¿qué pasa con usted? ¡Cuando le dije que no salía con él era verdad! Pero ahora sí somos novios. Él apretó los nudillos y pateó su silla con rabia.