Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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Vanessa, & Villa Relata Vanessa:
Había pasado una noche increíble. Sé que al principio todo pintaba para el desastre —entre la novia de Isaza que parecía salida de un video de bajo presupuesto y Tini intentando marcar territorio con Villa—, pero al final salí ganando. Arreglé las cosas con el que fue mi mejor amigo y, para cerrar con broche de oro, tuve el baile más perfecto con Villa. Me sentía radiante, nivel Blanca Nieves cantando con pajaritos en el hombro. Me bañé en mi Coco Chanel y salí de casa lista para comerme el mundo.
—¡¿Por qué tan feliz, Cueller?! —me gritó Isaza desde su puerta. Estaba ahí parado, esperando como siempre a que Tini llegara en su deportivo por él y los Vargas. Al verlo, no pude evitar notar que su sonrisa volvía a ser la de antes, la que no tenía veneno.
—¡Hoy es mi día, Isaza! —le contesté con una sonrisa de oreja a oreja. Él soltó una carcajada suave, de esas que te calientan el ánimo.
—¡Vane! —Martín llegó trotando para unirse al grupo y, sin previo aviso, me plantó un beso enorme en la mejilla. Me quedé petrificada, otra vez procesando el gesto mientras él se reía de mi cara de ponqué. Simón pasó por mi lado en ese momento. Le sonreí ligeramente, pero el tipo, fiel a su estilo, solo me clavó la mirada y no dijo ni "mu". Ya me estaba hartando; de chinos éramos del mismo parche, pero desde el último semestre de bachillerato se volvió un enigma indescifrable. Decidí ignorarlo.
—No contesta —gruñó Isaza, mirando la pantalla de su celular con el ceño fruncido. Justo venía un taxi y le hice la parada, pero se me hizo rarísimo no ver el carro de Tini por ningún lado.
—Oiga... ¿y si nos vamos con ella? —escuché a Martín. Me detuve antes de subir al taxi y los miré confundida.
—¿Todo bien? —les pregunté. Se miraron entre ellos y murmuraron algo que no alcancé a oír. Reviré los ojos y me subí.
—¡Espere, Vane! —Martín se acercó a la ventana—. Es que Tini se retrasó, lo cual es un milagro porque ella es re puntual, ¿viste? No contesta el cel y... pues, ¿será que nos comparte el taxi? —me dijo pelando los dientes.
—Hágale, no hay problema —resoplé con una sonrisa. Se subieron los tres atrás y yo me quedé adelante con el chofer. Me divertía pensar que, al menos, el transporte me saldría más barato hoy.
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