Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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"Aitana, & Vanessa" Relata Vanessa
Después del día de la boda me invitaron a convivir Angela y Susi, marica yo amaba a esas niñas pero sólo verles el gesto me saban ganas de llorar esas chinas eran la cara de su hermano. Llegue a la casa, aún seguía Alejó en casa.
—Pase Vane, pase.—me pidió Angela que traía un delantal.—Susi está terminando de cocinar algo. Entre y mi primera impresión fue escanear la sala, ni un rastro de él.
—Doña Elena sigue en Cartagena?.—Le pregunté pues según haya se fue de luna de miel. Ella asintio y entre a la cocina donde estaba Susi apurada. La salude con un beso en la mejilla.
—En un momento sirvo.—Dijo ella.—Invité a Marto, pero va a salir con mi hermano.—solto ella y senti un nudo en el estómago ni el más berraco.
—Van con Jirafita?.—preguntó Angela muy tranquila y yo apreté la mandíbula.
—Uy marica no se, de pronto se va a reconciliar con la bandida de Camila.—dijo riendo y fingi una risa que me dolió más que una extracción de cordales.
—Creen que su hermano y esa Eiza...?.—Pregunté como no queriendo y entre ellas se miraron como dudosas.
—Yo espero que si.—solto Angela.
—Yo tambien pero de pronto ayer lo senti raro.—dijo Susi.
—Como raro?.—pregunté.
—Es verdad.—solto Angela.—Como con tusa.
—Juan Pablo con tusa?.—pregunté algo preocupada recordando lo cruel que seguro sone en la boda.—¿Será por ella?, ¿Por esa Eiza?.—Pregunte y ellas se pusieron rojas y me abrieron grandes los ojos.—Que?.—pregunte sin entender y al voltear, jueputa el estsba detras marica queria que la puta tierra me tragara ya.
—Ya se va?.—Ls preguntó Susi a Juan Pablo.
—Si.—dijo él tomando unas llaves, ni me saludo y yo ni siquiera lo mire, me sentia muy estupida. Hacía varias semanas ya que habíamos vuelto a clases e intenté poner todo de mi parte para no desmoronarme. Se podía decir que las cosas "habían vuelto a la normalidad". Isaza y yo habíamos vuelto a ser los mismos de siempre de casi devorarnos a besos y pedir con la mirada la presencia del otro, pasamos a la indiferencia de vernos afuera de nuestras casas y simplemente optar por mirar a otro lado. Muy dentro de mí algo había cambiado, algo se había roto por completo. Me juré a mí misma entender que ese hombre nunca iba a ser para mí, que nunca me iba a ver en serio y que yo no era más que un juguete para él. Pero, siendo honesta, en estas tres semanas lo único que mi corazón me había estado pidiendo era que me volteara a ver una vez más.