Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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"Aitana, & Vanessa" Relata Vanessa
Hacía varias semanas ya que habíamos vuelto a clases e intenté poner todo de mi parte para no desmoronarme. Se podía decir que las cosas "habían vuelto a la normalidad". Isaza y yo habíamos vuelto a ser los mismos de siempre: de casi devorarnos a besos y pedir con la mirada la presencia del otro, pasamos a la indiferencia de vernos afuera de nuestras casas y simplemente optar por mirar a otro lado. Muy dentro de mí algo había cambiado, algo se había roto por completo. Me juré a mí misma entender que ese hombre nunca iba a ser para mí, que nunca me iba a ver en serio y que yo no era más que un juguete para él. Pero, siendo honesta, en estas tres semanas lo único que mi corazón me había estado pidiendo era que me volteara a ver una vez más. Ahora él había llegado a clases con la mano vendada; yo sabía que eso era una mala señal tras el golpe en la boda, ¿pero qué podía hacer si me había prometido cortar cualquier lazo con él?
—¡Estoy verdaderamente muy sorprendida! —exclamó la profesora con nuestras últimas notas en la mano—. En todos mis años como pedagoga, jamás, pero jamás, había sentido tanta ansiedad. La profe pasaba por cada pupitre entregando las calificaciones.
—Llegué a pensar que no tendría más remedio que reprobar por primera vez a alguien. De verdad que estaba preocupada por muchos de ustedes, pero creo que el cambio de pupitres les ayudó mucho —dijo ella, entregándole por último su calificación a Isaza.
—¿Ocho? —dijo él, asombrado, mirando el papel como si fuera un milagro.
—Felicidades, joven Isaza —exclamó la maestra. Lo vi de reojo celebrar con Simón. Podía decir mil veces que odiaba a Juan Pablo Isaza Piñeros, pero verlo feliz me reconfortaba el corazón, aunque fuera un corazón que él mismo había pisoteado. Terminó la clase y, como de costumbre, me levanté para ir por mi almuerzo.
—¡Oye, tía! No sabes lo agradecida que estoy contigo, de verdad —me expresó Aitana, enseñándome sus notas con una sonrisa de oreja a oreja.
—No agradezcas, Aitana, tú en verdad te esforzaste —le dije, intentando que se sintiera mejor. Estábamos muy cerca de terminar la universidad y la nostalgia me golpeaba. Recordé que al empezar el bachillerato me prometí conseguir una mejor amiga y no pasó. Al entrar aquí, pensé que sería el momento y tampoco ocurrió. Pero debía admitir que en estos meses, Aitana me había enseñado que las personas no siempre son lo que uno cree al principio.
—¿Almorzamos juntas, maja? —me preguntó ella. Tini se quedó cerca, esperando mi respuesta. Negué amablemente. Sabía que Isaza estaría en esa mesa y, hasta que no lograra sacarlo completamente de mi sistema, no quería ni respirar el mismo aire que él.
—Ay, che, desde que llegamos no has querido salir con nosotros. ¿Es que te hicimos algo, o qué onda? —preguntó Tini, un poco triste.