Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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Isaza, Martín, & Vanessa Relata Vanessa:
Estaba encantada con toda la información que Martín me estaba dando. Aunque todavía no pasaba nada concreto —Villa no me había besado—, cada vez lo notaba más interesado en mí, más pendiente de mis movimientos.
—Me encantó salir con usted anoche, Vane —me dijo Villa mientras guardábamos los libros al terminar la clase.
—A mí también, me lo pasé muy bien —le sonreí, sintiendo ese calorcito en la cara.
—¿No se había fijado que cuando sonríe se le hace un pequeño hoyuelo en la mejilla derecha? —dijo él, observándome con una fijeza que me puso a temblar —. Se le ve muy lindo. Ambos nos quedamos mirando, atrapados en una sonrisa silenciosa, hasta que él bajó la mirada mordiéndose los labios.
—Bueno... la veo más tarde. Hasta mañana —se despidió con un beso en la mejilla que me dejó estupefacta. Sentí un corrientazo por todo el cuerpo. Tenía que contárselo a Martín, así que nos citamos en el Club apenas terminaron las clases.
—Entonces me dijo: "Lindo día, Vanessa", ¡y me besó la mejilla! —le contaba a Martín, casi sin aliento, celebrando cada pequeño avance.
—Wow, suena muy bien, Vane. Pero no es eso lo que necesitamos realmente —me soltó Martín, poniéndose en modo analítico—. He estado pensando mucho en su manera de mirar.
—¿Y qué tiene mi mirada, si se puede saber? —le pregunté, entrecerrando los ojos, ya sintiéndome juzgada.
—No tiene nada malo, es solo que... debe ser un poco más misteriosa. Ya sabe, algo que diga que usted es... ¡Un momento! —Me interrumpió cuando su celular empezó a vibrar—. ¡Ey, qué hubo, bro! Sí, justo ahora estoy un poco ocupado aquí en el Club. Ahm... no, no estoy con Vanessa, ¿qué le importa, we? —Martín me miró riendo—. Listo, si llega en veinte minutos, aquí lo veo. De una.
—¿Muy solicitado? —le pregunté con ironía.
—Era Isaza. Vamos a ir a comprar unos boletos para un concierto urbano —me explicó. Yo de inmediato empecé a guardar mi celular en el bolso.
—Gracias por avisarme que viene ese tipo; así me voy lo antes posible —le dije, pero Martín me detuvo con una mirada curiosa. —¿En qué momento pasó esto, Vane? —preguntó frunciendo el ceño.
—¿De qué habla? —le pregunté, fingiendo demencia.
—De usted y de Isaza. Es que la última vez que yo recuerdo, ustedes bebían agua del mismo vaso, comían de la misma cuchara, jugaban fútbol juntos... ¡hasta le peinaba usted el cabello! Eran los amigos más inseparables que yo hubiera conocido en mi vida —decía Martín, y sentí que una punzada de nostalgia me atravesaba el pecho—. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué los llevó a odiarse así? —Yo no odio a Juan Pablo —le contesté con cara de palo, tratando de mantener la compostura.