"Primera fila" 🛫

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"Isaza, Simón, & Vanessa"Relata Vanessa

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"Isaza, Simón, & Vanessa"
Relata Vanessa

Miraba por la ventanilla del avión pensando en que en un par de horas estaría por fin a su lado. Sentir sus manos, escuchar su voz, su corazón; quería embriagarme con su perfume y sentir sus labios sobre los míos. No podía esperar más, quería trasladarme en este momento a donde estaba él. Es que era increíble que desde noviembre no había podido estar a su lado; casi cinco meses lejos se me hacían eternos. Sé que cuando regrese a Bogotá me va a doler tanto, porque ya me está doliendo la despedida sin haberme ido.

 Sé que cuando regrese a Bogotá me va a doler tanto, porque ya me está doliendo la despedida sin haberme ido

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— Qué incómodo es ir a los baños de un avión, marica —exclamó Simón volviendo a su lugar.
Simón se había tomado muy en serio aquello de acompañarme. Yo quise tomarlo por el lado de que hacía medio año que no veía a su hermano menor y por eso su insistencia. Al mismo tiempo retumbaban en mi cabeza las palabras de Nath sobre que Simón estaba enamorado de mí, pero para ser honesta, yo no lo veía así. Yo veía a un chico esforzándose por hacer amistad; y qué bien, porque aunque lo conozco de toda la vida, la mayor parte de ella la pasó evadiéndome e ignorándome. No lo culpo, tengo un carácter muy fuerte y es normal que las personas huyan de mí; Simón no era la excepción.
Cuando bajamos del avión y pasamos por el equipaje, sentía que mi corazón bombeaba con una fuerza descomunal. Tenía las manos sudando y los hombros pesados. Tomé mi celular para marcarle, cuando de pronto...

— ¡Bienvenida! —fue un susurro casi imperceptible, pegado a mi oído.
Era la voz de Isaza. Sentí una vibración eléctrica que me recorrió toda la columna vertebral, erizándome hasta el último vello de la piel. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente; sentí un calor súbito en el pecho y las piernas me temblaron. Volteé rápido y lo tenía frente a mí. Ahí parado, con su jersey marrón y su sombrero irremplazable. Él me sonreía con esos ojos que parecen guardarlo todo y yo avancé unos pasos a su encuentro.
Lo abracé con tanta fuerza que sentí cómo me cargaba. Mis piernas flotaron en el aire cuando me dio una vuelta, haciéndome sentir que el mundo exterior dejaba de existir. Acomodé mi cara en su hombro, todavía suspendida, y respiré hondo el aroma de su cuello: esa mezcla de su perfume con el olor a viaje que tanto extrañaba. Sentí mis lágrimas traicionándome, saliendo sin permiso por la descarga de adrenalina.

"𝑷𝒐𝒓𝒇𝒂 𝒏𝒐 𝒕𝒆 𝒗𝒂𝒚𝒂𝒔" Donde viven las historias. Descúbrelo ahora