Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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Villa, Tini & Vanessa Relata: Vanessa
Me sentía sumamente arrepentida por lo que le había dicho a Villa. Sé que lo que me contó me dolió en el alma, pero debo reconocer que sobreactué de una forma espantosa. Él solo quería tener un detalle bonito con alguien que la estaba pasando mal y yo simplemente exploté. Martín tenía toda la razón cuando dijo que él no era compatible conmigo; pero es que ya empiezo a creer que nadie lo es. El problema no son los demás, el problema soy yo y esta personalidad tan difícil que me mando. Sé perfectamente que tengo un problema de temperamento. Es herencia: los Cueller siempre hemos tenido la sangre caliente, y eso casi se tira el matrimonio de mis padres. Yo no quiero terminar como mi papá, ahuyentando a todo el mundo por mi "carácter de mierda", como bien dijo Isaza. Tenía que hablar con Villa y pedirle perdón por el espectáculo que le di. Llegué a la facultad decidida a buscarlo. Para mi suerte, lo encontré junto a su casillero. Me acerqué con el corazón en la mano y lo saludé con los nervios a flor de piel.
—Hola, Villa... ¿cómo le va? —le dije con la voz toda titubeante.
—Vanessa, hola —me contestó, dejando a un lado su celular para ponerme atención.
—Villa, yo... yo solo quería disculparme por lo del otro día. Me puse muy mal, le grité cosas espantosas y de verdad no sabe cuánto lo lamento. No fue la forma —le dije, apretando las manos para que no se me notara el temblor.
—Tranquila, no estoy enojado con usted. Solo me dejó muy confundido; de un momento a otro cambió por completo y no supe ni por qué —me dijo con ese tono de preocupación que me desarma. Exhalé hondo. Las rodillas me flaqueaban. ¿Sería este el momento de confesarle que lo que siento por él me quita el sueño? ¿Y si me rechazaba? Ahí estaba de nuevo la niña insegura, saboteándome desde adentro.
—¡Ey! ¡Hola, pequeñito! —soltó Tini apareciendo de la nada. Se paró detrás de mí y saludó a Villa con un beso en la mejilla, muy "fresa" como siempre.
—¡Hola, Tini! ¿Cómo sigue? —le contestó él, todo eufórico. De inmediato se pusieron a conversar como si yo fuera un fantasma. Sentí que la rabia empezaba a burbujearme de nuevo en el estómago, pero esta vez hice un esfuerzo sobrehumano por controlarme.
—Espere, Tini, regáleme un segundo que Vanessa me estaba contando algo importante —exclamó Villa, volviendo a mirarme. Tini también giró la cabeza, observándome con esa cara de palo que no dice nada.
—¿Sabe una cosa? —le contesté con un tono golpeado. Estaba a punto de soltarle cuatro verdades, pero me detuve en seco. ¿De qué me servía armar otro escándalo? Alcé la mirada, vi a Villa atento y a la argentina esa esperando mi reacción. Respiré profundo y forcé una sonrisa—. Mejor luego seguimos conversando, Villa. No se preocupe. Me di la vuelta y los dejé ahí. No puedo negar que me sentí orgullosa por haberme controlado por primera vez en la vida, pero el susto que me daba esa amistad de ellos dos no me lo quitaba nadie. Fui a mi casillero a sacar los libros cuando sentí ese escalofrío de nuevo. ¡Por el amor de Dios! Otra vez Simón Vargas observándome desde la distancia. No tengo nada en contra de él, de hecho, me parece un tipo muy pacífico, pero esas miradas suyas me ponen los pelos de punta. Me giré y le regalé una sonrisa ligera, casi por compromiso. Simón abrió los ojos de par en par, todo asustado, esquivó mi mirada y salió casi trotando con sus libros bajo el brazo.