Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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"Nath, & Vanessa" Relata Vanessa
No podía engañar a nadie con mi semblante; estaba muy triste por la distancia y por esos detalles amargos que pasaban cada vez que Juan Pablo y yo intentábamos conectarnos. El corazón se me sentía arrugado, como si me faltara el aire.
— ¿Y esa carita, wey? ¿A poco no te fue bien con Villa? —me preguntó Nath. La volteé a ver con una cara de choque total y ella soltó una carcajada—. ¡Huy, perdón! —exclamó poniendo sus cosas sobre el escritorio. En ese momento, se abrió la puerta y apareció Simón.
— ¡Muy buenos días! —saludó acomodando su mochila. De verdad me gustaría compartir esa alegría, pero era inevitable sentirme así—. Oiga, Vane, recordé que usted cumple en marzo, ¿cierto? —asentí en silencio—. A ver si ese día salimos los tres a festejar, le tengo una sorpresa preparada —dijo él con una sonrisa que le iluminaba la cara. Yo le agradecí con un gesto suave y él volvió a salir de la oficina. Nath se quedó mirándome, cruzó los brazos y apretó un poco los labios. Sus ojos se entrecerraron y soltó un suspiro que sonó más a queja que a aire.
— Uy, no mames... aquí hay amor, neta —soltó con una voz sospechosa, tratando de sonar burlona pero con un tono filoso que no pude descifrar.
— ¿De qué hablas? —le pregunté confundida.
— ¿Pues de qué voy a hablar, Vanessa? Simón te está preparando una sorpresa, ¿eso qué significa? O sea, ¿qué onda? —me preguntó, moviendo la pierna con nerviosismo—. Ay, no te hagas la que no sabe, se nota a leguas que el güey se muere por ti, está súper cañón.
— ¿Qué? Pero qué dices, Nath. Simón no se muere por mí, él solo es atento, parece que no lo has notado —le contesté intentando que entrara en razón.
— ¡Ay, por favor! Neta debes estar muy ciega para no darte cuenta —dijo ella, y noté que evitaba mirarme a los ojos, concentrándose en acomodar sus plumas de forma obsesiva—. Nota cómo te mira, wey. Todo lo que le pides lo hace sin chistar... el pobre babea por ti, qué oso que no lo veas.
— ¡Ya basta, Nathalia! —arrojé mi libreta al escritorio, molesta—. Ya te dije que no es así, carajo. Simón y yo apenas nos llevamos bien ahora, no está enamorado de mí. Y por si tienes dudas, yo no estoy enamorada de él —dejé el punto claro, esperando que se callara. Nath dio un pequeño salto en su silla, me miró fijamente y su voz bajó de volumen, volviéndose más suave, casi ansiosa.
— ¿En serio? ¿Neta no te interesa ni tantito? —me preguntó con una curiosidad que me pareció exagerada. Le clavé los ojos de pistola y ella levantó las manos—. Ok, ok, ya entendí. Es que, no sé, se me hace un hombre muy agradable, muy distinguido... creí que te gustaba, pero pues si dices que no, equis.
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