Esta es una chica que es fan de la literatura, naturaleza, y de el agua natural, suele cuidar mucho su peso, le encanta el ejercicio y es muy pesimista.
Ella estudia la universidad, es la tercera mejor de su clase, a su derecha vive Simón su vecino...
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✨Tini✨ Relata Vanessa:
Pasaron los días y Juan Pablo Isaza seguía en las mismas: sacando excusas baratas para no reunirse con nosotros. Que tenía ensayo, que tenía un compromiso familiar, que no le alcanzaba el tiempo... siempre con un "pero" en la boca. A mí me estaba dando un ataque de nervios; ya no lo toleraba. Villa, con esa paciencia de santo que se manda, intentaba calmarme.
—Vane, por favor, no se me altere. Dele el beneficio de la duda, de pronto sí está muy ocupado —me decía con voz pausada.
—¡Ay, Villamil, por Dios! —le respondí cruzándome de brazos—. Usted no lo conoce. Él lo hace a propósito para sacarme la piedra. Sabe perfectamente que yo detesto la procrastinación; me choca la gente que deja todo para última hora y él se aprovecha de eso para mortificarme. Me quedé mirando al vacío y, por un segundo, un recuerdo de secundaria me golpeó con fuerza. Estábamos en octavo grado.
Flashback: Estábamos en mi cuarto, yo tenía las boletas del concierto de nuestra banda favorita en la mano, lista para salir, pero Isaza estaba sentado en el piso con cara de tragedia.
—¡No sea tan descarado, Juan Pablo! —le grité furiosa—. ¿Cómo se le ocurre que no ha terminado el taller de sociales? ¡Su mamá no lo va a dejar salir así!
—¡Ay, Vane, no me regañe más que ya tengo suficiente con el genio de mi vieja! Se me olvidó, ¿qué quiere que haga? —me contestó él, rascándose la cabeza con angustia. Hice un coraje monumental, tiré las boletas sobre la cama y, aunque quería ahorcarlo, terminé sentándome a su lado.
—¡Corra para allá! Présteme ese cuaderno. Usted hace los mapas y yo le redacto las conclusiones, pero muévase porque si no, perdemos el transporte. Esa noche, después de entregar todo, estábamos en el concierto. Juan Pablo me abrazó por el cuello, gritando para que lo oyera sobre la música.
—¡Oiga, Cueller, usted es mucha vieja! ¡Es una tesa! De verdad que yo sin usted estaría perdiendo el año. ¡La quiero mucho, enana! Yo le sonreí, sintiendo que, a pesar de su desorden, no podía estar enojada con él por mucho tiempo.
Fin del flashback En el salón, Villa y yo nos acercamos al pupitre de Isaza para definir de una vez por todas el día de la reunión. Juan Pablo nos miró con una desfachatez impresionante.
—No, este fin de semana me queda imposible. Voy a estar full ocupado —soltó sin un gramo de vergüenza. Ahí fue cuando perdí los estribos. Sentí un calor que me subió por todo el cuello y me lancé hacia él.
—¡Usted sí es mucho conchudo, Isaza! —le grité, mientras sentía que el apellido me vibraba en la boca—. ¡Es un gorrero y un atendido! ¿Se cree muy importante o qué? ¡Trabaje, deje de ser tan vago, so chicanero! Iba a decirle un par de verdades más, pero Villamil reaccionó rápido y me tomó firmemente por la cintura para retenerme. Sentí sus manos fuertes y su aliento cerca de mi oído intentando calmar mi rabia.