"Destapando"💔

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Isaza, y VanessaRelata Vanessa:

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Isaza, y Vanessa
Relata Vanessa:

Me sentía un poco más tranquila después de haber desahogado todo ese nudo de sensaciones de las últimas semanas. Salí de mi casa para tomar el taxi y ahí estaban: Martín, Isaza y Simón, parados frente a la casa de Juan Pablo. Era la estampa de todas las mañanas, esperando a que Tini apareciera en su deportivo.

—¿Cómo amaneció, Vane? —preguntó Martín, acercándose para darme un beso en la mejilla. El gesto me tomó por sorpresa y sentí que la cara se me ponía de mil colores.

—Bien, Martín, gracias —le dije, recomponiendo mi postura de "niña bien" de inmediato.
El claxon del carro de Tini retumbó en la calle y ella llegó volando, como siempre. Martín se despidió y se subió. No puedo negar que estas semanas me he sentido muy cerca de él, pero me aterra pensar que ahora sabe cosas de mí que yo misma me esforzaba por olvidar.
Cuando llegué al salón, los chicos ya estaban instalados. Villa parecía un miembro más del parche, lo cual me generaba una mezcla de orgullo y una pizca de celos. Me senté en mi lugar y él no tardó ni dos segundos en estar a mi lado.

—Vanessa, ¿cómo le va? —me preguntó, clavándome esos ojotes que me desarman.

—Un poco cansada, la verdad. Me ha estado doliendo todo el cue...

—¡Ey, Villa! ¡Vení rápido que te quiero mostrar algo! —le gritó Tini desde el otro extremo del salón, con ese acento que parece que siempre está mandando.
—Deme un momento, Vane —me dijo él, dejándome con la palabra en la boca.
Sentí un vacío amargo. Era obvio Tini me lo estaba quitando por cuotas, con esa seguridad de mujer que no conoce el rechazo.
La profesora entró con un folder que parecía un ladrillo y el ambiente se puso tenso de inmediato.

—Resultados de los exámenes, jóvenes. Y les advierto: hoy hay examen sorpresa a las dos de la tarde —anunció, soltando la bomba.
Cuando llegó a mi puesto, me dedicó una sonrisa de aprobación.—Felicidades, señorita Cueller. Antes era buena, pero ahora es casi perfecta —me dijo, entregándome mi nota.
A Villa también lo felicitó, diciendo que había mejorado desde que se sentaba conmigo. Pero con Tini y con Isaza... la cosa fue a otro precio. A Tini le reclamó que su nota hablaba muy mal de ella, y a Juan Pablo le pegó una vaciada monumental.
—Usted, joven Isaza, me tiene decepcionada. Deje los instrumentos un momento y concéntrese; la música no le va a dar de comer, entiéndalo. Si me reprueba el examen de la tarde, queda fuera de mi clase —le sentenció la profesora con una severidad que hasta a mí me dolió.
Al terminar, la profesora me pidió que me acercara.—Señorita Cueller, usted sabe que Martina y Simón son mis amuletos en esta clase, pero hay otras decepciones —dijo mirando hacia la puerta—. ¡Joven Isaza, no se vaya! Venga acá.
Juan Pablo se acercó con esa parsimonia que me saca de quicio. La profesora fue al grano: me pidió —o mejor dicho, me ordenó— ser su mentora para el examen de la tarde. Me dijo que esto beneficiaría mi beca y me daría puntos extra. No me dejó ni decir "mu".—Tienen permiso de saltarse las próximas dos clases para estudiar. Espero al menos un ocho de usted, joven Isaza —concluyó ella y se fue, dejándonos en un silencio sepulcral.
No tuve más remedio que ir con él a los comedores. Estaba furiosa; lo último que quería era perder mis clases y mi receso lidiando con su desinterés.

"𝑷𝒐𝒓𝒇𝒂 𝒏𝒐 𝒕𝒆 𝒗𝒂𝒚𝒂𝒔" Donde viven las historias. Descúbrelo ahora